Importancia

Es imprescindible sentir que le importas a alguien. Aunque sea un poquito.
Da igual que sea algún familiar, un amigo, tu pareja, una persona en tu entorno de trabajo... Es indiferente. Lo realmente necesario es el hecho, no la persona. Es una de las mejores sensaciones que pueden tenerse, ¿no? Que vayas a cometer alguna estupidez y una voz te susurre: "¿Estás seguro? Yo que tú no lo haría."

La persona que dice: "yo no necesito a nadie", rotunda y sinceramente, está mintiendo. A los demás y a sí mismo. No voy a entrar en el análisis del comportamiento del individuo, en absoluto. Sólo pretendo resaltar que el sentimiento de afecto es una necesidad básica, tanto dado como recibido.
Por supuesto, la importancia que se le da a alguien (o a algo), puede demostrarse de mil formas: de manera explícita, implícita, simulando que le da igual, relativizando... pero siempre se nota. Te acabas dando cuenta. Siempre se dice o se hace algo que demuestra que la cosa va más allá de las palabras y se pasa a los hechos; es entonces cuando crees que no podrás compensar debidamente lo que han hecho por ti. Te llena, te hace sentir bien. Piensas: "Le importo; quizás un poco nada más, pero algo es". Y, seamos sinceros, no crees que debas devolver todo ese cariño... sino que necesitas devolverlo, hacérselo saber al otro.

El problema asoma cuando te cuestionas, a pesar del cariño que has visto reflejado, si le importas sólo eso. "Es demasiado poco, debería ser más". Pues mira, no tiene por qué. Si esa persona ha hecho algo por ti que implica que eres importante para ella -en resumen, que te aprecia y te quiere-, no suele ser por conveniencia. Es desinteresado y no espera nada a cambio.
Quizás habría que plantearse el concepto de "importancia" y sopesar si nuestras expectativas son altas... o quieres que esa persona dependa de ti. Tampoco es bueno llegar a ese extremo.
Si sabes a ciencia que eres importante, o especial, o significativo para alguien, no te lo cuestiones. Es así, y punto. Y deberías sentirte afortunado(a) de que alguien se preocupe por ti.
No todo el mundo tiene esa suerte.

L.

Que te hayan dicho que no puedes no significa que no seas capaz.
Así que levántate y lucha. Nadie dijo tampoco que fuera fácil, pero el que algo quiere algo le cuesta. Y lo que cuesta suele merecer la pena.

Feeling good

It's a new dawn
It's a new day
It's a new life
For me
And I'm feeling good



Como siempre, esta mujer clava todo lo que siento y pienso.

Adoración

"[...] ella, vagando sin cuidado por la vida, sin pensar en las sombras del camino ni en el silencioso vuelo de las horas de alas negras."

"Berenice", Edgar Allan Poe.

Norte

Creo que yo no lo he perdido nunca; y si lo he hecho, ha sido de forma transitoria e involuntaria. Parece una contradicción, pero creo que se puede vivir con cierto descontrol sin alejarte de él.

"Eso no es cierto". Sí, sí lo es. "No vives la vida igual". Cierto. ¿Y por qué? Porque mi vida es eso: mía. Única, personal, intransferible e irrepetible. No la voy a vivir igual que otra persona jamás. Ni puedo, ni quiero. Y yo decido cómo hacerlo.
Si estoy a gusto sin perder el norte, ¿qué más da lo demás?
Entro, salgo, pienso, digo y actúo con una referencia. Esa referencia puede ser mejor o peor, sí; pero es la mía y entra dentro del rango coherente (a pesar de mi forma de ser, soy una chica tranquila). En el momento en que moleste a alguien, veré lo que puedo hacer.
Pero cada uno tiene su norte, su guía, y en su mano está tenerlo presente o no. A los demás eso podrá parecerles correcto, o simplemente una locura; pero no lo pueden cambiar. ¿Lo sigues? Bien. ¿No lo sigues? Bien también... siempre que no perjudiques a otros.

Sólo es vivir según tus creencias, acordes a tus actos e inocuas para los demás.

Yo no quiero perder el norte. No ahora.
Lo que hagan los demás con el suyo a mí no me importa mientras todo vaya bien.


Strong.

"I'm not prepared to be strong."

Ante esto, sólo puedo decir que en absoluto. Hay vitalidad, hay razones para -si no ser feliz completamente-, estar muy bien. Razones humanas, materiales y también intangibles.
Los que me conocen saben que muchas veces hago intro y retrospección, y que más tarde o más temprano, a todo lo veo sentido y cosas mínimamente buenas. Si no para mí, para los que me rodean. Ésa es la magia, lo que me hace estar en armonía con el mundo: ver contenta a la gente de mi alrededor. Saber que ha servido para algo lo que se ha hecho.
Me olvido del sufrimiento y de los malos ratos si ha merecido la pena pasarlos, por alguien a quien aprecio o por mí.
Todo sea por mejorar y perfeccionarse día a día. He ahí el hecho de ser fuertes.

New age

Nuevos planes.
Nuevas ambiciones.
Antiguas rutinas sin embargo.
Todas con mis chicas, tanto las que están cerca como las que no.

Subliminal

Es algo que se escurre, se mueve entre las sombras y se acerca sin hacer ruido.. 
Se va introduciendo poco a poco en tu fuero interno y no te has dado cuenta de absolutamente nada. No ha habido cambios, no ha habido señales. Está todo igual aparentemente.
Pero no.

El día que quieres darte cuenta ya es tarde. Te controla; intentas expulsarlo, eliminarlo, mandarlo lejos, pero ya no puedes. Domina tu mente en contra de tu voluntad.
Ahora, ¿qué haces?

No se sabe aún de qué manera ni cuándo, pero si quieres (sobre)vivir serás fuerte; es sólo cuestión de interés.

Adelante.

J or K?

Da igual la respuesta a esta pregunta.

El hecho es que aunque estés lejos seguimos juntas. Y hubiera dado igual que no existieran las redes sociales, porque te seguiría sintiendo cerca.

¡Qué bien te sienta cumplir años!

En diciembre hará cinco largos años que nos conocemos (y dicho sea de paso, que yo te estoy dando la tabarra), y lo hicimos precisamente en un sitio que a ti ya te es familiar y simbólico: un aeropuerto. En estos cinco años ha pasado de todo; bueno y malo. Y aun así no te has hartado de mí.
Fuiste mi primera paciente y la verdad, eres de las mejores a las que he cuidado. Has sido mi amiga, mi confidente, mi confesora, afín a mí en miles de cosas... ¿y sabes qué? Lo seguirás siendo, quieras o no (sí, es declaración de intenciones/amenaza; tómatelo como quieras).
Para nosotras quedan los ratos de Sing Star -porque era ese juego, ¿no? "¡¡¡Graciaaaahhh!!!"-, el Guitar Hero, los sustos paranormales de Sombra, el Gothic Day que se convirtió en nuestro emblema. Los suspiros por Evan Peters, la adoración por Lily Rabe y Jessica Lange, "Ju-On", tus dotes de brujería y adivinación en TODO. La música, ¡importantísima y variadísima desde que nos conocimos, qué te voy a contar que no sepas!, los felices 20, los 50... y los reencuentros tras volver tú aquí. Todo genial, pero sin duda los reencuentros son especiales.


Esta foto me encanta, salimos super felices de la vida :P

Lo malo que tienen es que para que haya un reencuentro tiene que haber una despedida. He tenido que despedirme más de lo que me gustaría, pero por suerte nunca ha sido un "hasta siempre", sino un "¡hasta Navidades!" o "¡hasta septiembre!". Es poco tiempo, sí, pero se me hace largo. En todo caso no importa, es por tu bien, te enriquecerás muchísimo a todos los niveles y oye, si cuela voy a visitarte :).

Tengo presente que estás conmigo en la distancia; espero que tengas en cuenta lo mismo tú también, ¿eh?
Pásalo bien en Alemania, Ana. Y procura seguir así, porque te envidio. Envidio tu determinación y tu valor. Ojalá los tuviera yo.
Nos vemos por Skype ;)

Y ahora...



Y no pueden faltar...


S.

"Somos tú y yo negándonos a olvidar que estamos vivos"

Seth Lindberg, "Veintitrés instantáneas de San Francisco"

Nurse

Sol, luz y calor.
No sé lo que me deparará este verano, pero espero que sea bueno. Por lo pronto ha comenzado muy bien, con planes y proyectos a corto y medio plazo; para todos los gustos, vaya.
Libros, canciones, conversaciones, paseos, cenas, bebidas, bailes, playa. Todo eso entra en mi verano. Y, por qué no decirlo, el estudio (e incluso el trabajo), también, pero eso es lo de menos. Hay que saber organizarse.
Con el verano ha venido también el final de una etapa preciosa de mi vida. Después de cuatro años que han pasado en un suspiro me he dado cuenta de la gente que realmente es importante siempre va a estar; de que ciertas cosas no implican para nada perder el contacto con viejas amistades.
Anoche fue una velada para recordar, de ésas que no se olvidan.
Cierro una fase pero empiezo otra; esperando que sea como mínimo tan buena como la que dejo atrás.

Parole

Luna.
Aire.
Sangre.
Calor.
Risas.
Vida.

P

No suelo escribir sobre autores en este blog (de hecho es la primera vez que lo voy a hacer), pero este hombre se merece una entrada por todo lo que significó para mí en su momento... y actualmente, con más razón todavía.
Hablo de mi escritor favorito.

Lo descubrí a una edad poco usual; a los ocho años.
Una tarde de junio, aburrida en mi balcón, vino a buscarme mi padre con un librito viejo de páginas amarillentas y lomo negro, con un gato en la portada. Me llamó la atención y le pregunté por el título. Me contestó que era un conjunto de cuentos de terror cortos y que precisamente iba a dejármelo para que leyera el primero de ellos. El nombre del autor no lo había oído en mi vida; era un tal Edgar Allan Poe"Te va a gustar", me dijo. Le pregunté si me daría mucho miedo, a lo que me respondió que no lo sabía, pero que estaba seguro de que, me asustara o no, me iba a encantar.
Efectivamente, conforme ese libro cayó en mis manos empecé con el primer cuento. El título ya atrajo mi atención. Era "El gato negro". Lo leí de un tirón y recuerdo que busqué a mi padre (sin soltar el libro en ningún momento), para decirle que daba bastante miedo, pero que me había encantado; que si no le importaba que me leyera los otros también. Me dijo sonriendo que sin ningún problema, aunque si me daba miedo no pasaba nada si lo interrumpía.
Supongo que no se esperaba que una enana de ocho años y que apenas levantaba un metro del suelo por aquel entonces sintiera tantísima fascinación por un autor así.
Esa noche y las dos siguientes las pasé sin poder pegar ojo; pero no me acobardé y en ese tiempo terminé el libro. Tres meses después presidía orgullosamente -ajado y antiguo como estaba- mi mesita de noche, y lo había leído otras dos veces más. De hecho le pedí a mi padre que por muy deteriorado que estuviera no lo tirase. Me dijo que ya no era suyo: en vista de lo mucho que me había gustado me lo regalaba.
Ese libro sigue en mis estanterías y lo guardo como oro en paño.

Catorce años después de esa tarde mi fascinación por Edgar Allan Poe no se ha estancado, sino que ha ido a más. A muchísimo más.

A los quince años volvió a caer en mis manos otra edición, mandada como lectura obligatoria trimestral de Lengua. Si ya el viejo recopilatorio de mi padre cambió mi visión de la literatura, éste lo hizo aún más. ¿Por qué? Porque en este libro está el que yo personalmente considero el mejor relato de Poe. 
A día de hoy, con él me he convertido en otra persona.
En apenas diez páginas hay concentradas cientos de sensaciones; y por más que lo he leído miles y miles de veces, me sigue impresionando igual que la primera noche que lo leí, bien entrada la madrugada. Mis padres y mi hermana dormían, eran las dos de la mañana y yo no lograba conciliar el sueño. El libro estaba ahí, en mi mesita de noche, y el señalador estaba en la página 135, a punto para empezar un nuevo relato.
Poco sospechaba yo que en cuestión de minutos ese cuento corto me iba a marcar de por vida.
Lo leí sin apenas parpadear y conteniendo la respiración. Al terminarlo estuve unos instantes boquiabierta, pensando y reflexionando sobre cómo se podía llegar a alcanzar esos extremos.

Ahora bien, este relato no es mi favorito sólo por la temática y el estilo, sino por más cosas.
Es el que le ha dado un giro a mi vida, el que me ha permitido explorar y descubrir facetas ocultas de mi ser y al que además pretendo hacerle un homenaje futuro en su más amplia extensión. Será un homenaje físico, vaya que sí.

Edgar Allan Poe se merece por mi parte todo el respeto y la admiración existentes. Quizás esta entrada tenga cierto tono obsesivo, pero es mi autor favorito indiscutiblemente y le debo muchas cosas. Me ha marcado y delimitado en dos momentos clave: me ayudó a iniciarme en los clásicos de la literatura universal siendo una cría de ocho años, y ahora con veintidós me ha hecho abrir los ojos a una nueva realidad.
Así que, en vista de ello, sólo me queda dar las gracias por todo lo que me ha supuesto descubrirlo y todo lo que está por venir.


 "Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.” "


V

Que me gusta mi vida ahora mismo, que está todo bien. Perfecto, como nunca.
Que ni me falta ni me sobra nada.
Que las lágrimas y la rabia han quedado atrás.
Que seguro que viene gente nueva (y buena) a acompañarme mientras camino.
Que he cerrado una etapa que ha durado un tiempo considerable.
Que todo son fases y de momento canto victoria.
Que sea así mucho tiempo.


N

E invece di morire ho imparato a respirare


Km

Otro de mis tantos sueños. Y éste es (al menos en teoría), asequible y posible.

Quiero recorrer de punta a punta la legendaria Route 66 a lomos de una Harley-Davidson.
Todo el que me conoce sabe que adoro las Harleys... y sabe también que una de las cosas que quiero hacer en esta vida es ésa. 
Quiero recorrer el camino que tantos otros han hecho antes que yo con la misma clase de moto. Quiero  parar y bajarme a comer en bares de carretera. Quiero avanzar cuando me lo pida el cuerpo, sea de día o sea de noche. Quiero compartir esa gran experiencia con una persona en concreto -la cual ya me ha dicho que se viene conmigo encantada y sin dudarlo-, y estoy segura de que para las dos será inolvidable; será el viaje de nuestras vidas, vaya que sí. Quiero poder contarle a mis nietos que su abuela un buen día cogió sus Ray-Ban de aviador, carretera y manta, se  montó en la vieja Harley que hay en el garaje y en la que tantas veces los ha subido y recorrió América desde Illinois hasta California. 
Quiero, en definitiva, que sea algo que marque mi vida y suponga un antes y un después.

Esa carretera es más que eso. Está hecha no sólo de asfalto, sino también de ambiciones, sueños, promesas, encuentros con uno mismo, sentimientos y confesiones. Todo eso está ahí gracias a la gente que la ha recorrido antes que yo. 

Como horizonte, kilómetros y kilómteros de carretera. Como fondo, el cielo azul, el sol, la luna y el calor.

Lo haré. Algún día, lo haré.
Y tú vendrás conmigo.





Igual

Ahí está la clave. En que me importe todo un carajo, siempre que no perjudique a los demás.
En hacer lo que me dé la soberana gana siempre que no sea negativo para nadie y no se pierda más que se gane.
Si todo está bien cuando hago lo que quiero, ahí vamos. Si no, pararé.
Porque puedo, porque sé y porque tengo capacidad de juicio suficiente (creo) para ciertas cosas.

Fluye

Que las cosas cambian. La vida y la gente también.
Fluir es evolucionar.
Aunque hay cosas que son y serán eternas cuando pensamos que sólo iban a ser flor de un día. Y al revés: cosas que creíamos infinitas resultan efímeras.
Todo pasa y todo llega.
Gente que viene, gente que va.
Opresión y libertad.
Todo fluye, que es lo normal.

Broken

Rómpeme los huesos, párteme el alma.
Deja las noches avanzar, que yo las pasaré despierta pensando en mil cosas y en ninguna al mismo tiempo.
Un buen día decidí que ya me había quebrado lo suficiente y tenía de sobra para unos años más. Desaparecieron las presiones, los miedos, las fisuras en mi mente. Se fue la niebla, con sus fantasmas y sus sombras.
Las roturas han amenazado con volver a doblegarme y se han presentado bajo las formas más diversas. A punto han estado de lograrlo no pocas veces, pero en el último momento impedí que pasara tal cosa. No las dejé progresar, no las dejé atravesarme de parte a parte.
Noches sin luz, ratos oscuros, silencios interminables.
Todo eso quedó atrás y por suerte está bien lejos.
No vuelvas nunca más.

Secretos

Todos tenemos un lado oscuro. Un secreto que no sabe nadie, que nunca saldrá a la luz. No porque sea algo horrible o inconfesable, sino por el mero hecho de guardarte algo para ti mismo. Para la parte más personal de tu vida, para darle vueltas sin que nadie te dé consejos cuando no los has pedido.
No tengo por qué revelarle a nadie toda mi vida si no quiero. Sean mis secretos de la índole que sean. Y si insisten en saber, se recurre al refranero popular: "Al que quiere saber, mentiras con él".
¿Que si tengo algo que contarte? Que yo quiera que sepas, no.

Todos mis secretos son confesables. Otra cosa es que quiera hacerlo. Y estoy en mi derecho de contarlos o callármelos.

 La confianza para los secretos y para su misterio también es importante. Muchísimo. 
Confianza ciega tengo en tres personas porque me han demostrado que puedo tenerla. Por ellas soy capaz de tirarme al vacío si me aseguran que no me va a doler. Ellas saben cosas que el resto de gente no... y a pesar de eso yo guardo mi parcela secreta, la cual no conocen. Pero lo entienden y aceptan sin reparos. Y yo hago lo mismo con ellas. En eso se basa la confianza; en callarte lo que consideres oportuno y que no se molesten por ello.

Así que resumiré en que yo tengo mi propia cara oculta de la Luna, que nadie ha visto y que nunca verá. Al que le guste, bien. Al que no, también. 


 "Tu secreto es tu sangre: si lo dejas escapar, morirás"

Sonne

De unos meses a esta parte siempre hay. Brilla aunque haya nubes, aunque yo no quiera, aunque alguien se ponga delante de mi vista y me lo esconda.
¿Por qué brilla incluso cuando no debe?
Pues ciertamente no lo sé. Supongo que porque todo va bien y porque me siento aceptada por la gente a la que aprecio y quiero. Con sólo esas dos razones siempre hay un rayito de luz, un destello, como una vela que rompe las tinieblas. Cuantos más motivos existan, más rayos de luz se abrirán camino hasta despejar los obstáculos que les impiden llegar hasta mí.
Por suerte esas razones siguen creciendo día tras día, con lo cual cada vez hay menos oscuridad, menos rincones con sombras, menos siluetas difumindas. Está todo mucho más claro y diferente. Diferente para bien.
Sigue, sigue brillando. Brilla hasta casi cegar. Eso es bueno.


"Die sonne scheint mir aus den augen"




Horizontes

Los míos se han difuminado hasta el punto de no saber siquiera si están ahí. Es lo que hacen las ganas de vivir.
No tener horizontes, no tener límites en todo lo que quiero hacer, me ayuda. Mucho además. Me hace ser ambiciosa y procurar superarme sin perder ni un ápice de buen humor.
Ya me han dejado caer alguna vez que otra que tanta felicidad es imposible, que lo mío es una fachada, que tengo seguro momentos regulares y momentos malos. Incluso me han insinuado que me estoy creando mi propio mundo donde todo es yupi y color de rosa, y que no vivo en el mundo real.
A toda esa gente: NO. 
No es mi problema que vosotros estéis amargados, ni que queráis joder al resto del personal. Y no, tampoco vivo en mi microcosmos de felicidad. Vivo en el mismo sitio que vosotros, en un mundo de mierda. La diferencia entre mis lectores asiduos, los que me conocen bien y la gente amargada que se pasa por aquí de vez en cuando es sólo una: mis lectores asiduos y la gente que me conoce bien sabe que eso es un escudo que me ayuda muchísimo y con el que intento ayudarles a ellos. La gente amargada sólo cree que me miento a mí misma. No, señores míos, no; las apariencias engañan. Parece que no me doy cuenta, pero sí. Me doy cuenta. Si no de todo, de la gran mayoría de asuntos.
Lo que me ayuda a seguir son los otros dos grupos y la capacidad que he desarrollado últimamente para llegar incluso al fin del mundo si me lo propongo. Si sale de mí. He aprendido a no ver horizontes y a luchar por lo que me proponga.

Sin horizontes todo es mejor.
Buenas noches.

Notte

Todo está bien.
Todo está muy bien.


Mi vida no ha dado mil vueltas, pero sí cien. Estoy contenta con todo el bagaje que llevo sobre mis espaldas, con toda la gente que he conocido, con lo que hecho junto a ella, con todas las cosas que me han enseñado a lo largo de estos meses, con todas las conversaciones que he mantenido, con todas las miradas que he cruzado y que esconden mil significados. Si la felicidad existe, creo que la he encontrado. Por lo menos una felicidad adecuada a mi estado actual, a mi edad y a mis ambiciones, que incluso puede ser mayor dentro de un tiempo. Tampoco sé si lo que quiero se corresponde con lo que quiere el resto de la gente, pero eso es otro tema.
Va como la seda, por lo menos para mí.
Sigo a mi ritmo, con mis amigos, mis libros, mi música, mi alegría constante y mis ganas de seguir adelante.



Noches sin angustia. Noches sin lágrimas
Noches sin tormento.

L. V.

Más libre que nunca. Con más vida que antes.
Otra gran verdad que debe aplicarse a lo cotidiano, y que una buena amiga (@a_menosdiez en Twitter), se ha encargado de recordarme. También es suya una sentencia que me encantó cuando la leí en su blog y que desde entonces siempre recuerdo.

"Cada vez que sonríes, ganas una batalla"

La recuerdo y la llevo a la práctica constantemente. Y me he dado cuenta de que si uno ambas ideas en una y las aplico simultáneamente me encuentro mejor. Me siento dueña de mí, y tengo la sensación de que puedo vencer cualquier cosa, sea cual sea.
Así que conforme voy caminando escojo mi propia senda; afronto los resaltos, badenes y curvas  peligrosas con buen humor, que es lo que falta muchas veces. No faltarán detractores de esta idea, porque de todo hay en el mundo. Pero es cosa suya y no mía. No le he dicho nunca a nadie cómo debe organizarse la vida; tampoco soy quién para hacerlo.
Cada uno que decida y sonría al mismo tiempo si así lo quiere. Al fin y al cabo, todos llegaremos al final del camino tarde o temprano, y es ahí donde descubriremos quién lo ha recorrido de una manera o de otra. Todas son igual de válidas, y ninguna es reprochable porque quien más, quien menos, habrá errado en alguna ocasión y no debe dar lecciones de vida ejemplar. Hay que ser humilde y admitir las equivocaciones propias.
Así que a llevar estas dos máximas a la práctica como mejor se sepa y se pueda, que en todo caso estará bien. Sólo es cuestión de encontrarse bien con uno mismo.

Silence

No hay más.
Vacío, silencio, soledad. Los mismos que le rompen los huesos y le parten el alma. Viento y sangre. No le queda nada más. Pero da igual. Ha estado viviendo en el silencio y el vacío todos los días de su gris, homogénea y monótona existencia. Si alguna vez se hizo daño fue por ella misma. Si en algún momento lloró lágrimas reales no fue por causa de otros, sino por su propio martirio.
El silencio irá con ella hasta el fin de los días, intangible pero constante. Como un peso invisible del que no se podrá deshacer jamás. Porque por mucho que se acompañe de ruido, de música, de sonidos discordantes producidos por la gente que la rodea cuando van a verla, siempre ha estado sola. No podía engañarse a sí misma. Estuvo, está y estará sola siempre.
Ese silencio era la prueba.
Silencio sepulcral, propio del lugar en el que la habían enterrado hacía apenas una semana.
"adv. neg. U. para negar, principalmente respondiendo a una pregunta"

Esto, tan fácil de leer, de entender y de vocalizar, es algo que cuesta mucho decir. Aunque te estés muriendo de ganas de decirlo, aunque para ti sea una necesidad negar algo a alguien y te vaya la vida en ello, cuesta muchísimo. ¿Por qué?
Supongo que porque tenemos miedo a lo que pueda pensar o decir la otra persona. Nos da miedo, mucho miedo, hacerle daño o a que piense mal de nosotros si nos negamos. Y es probable que eso ocurra, porque no podemos caerle bien a todo el mundo. Es imposible. Pero ¿qué le vamos a hacer? ¿Cómo no vamos a negarnos a hacer algo que no nos gusta sólo para que el otro nos tenga en alta estima?
Pues muchas veces pasa. Decimos "sí" cuando queremos decir "no". "Sí, quiero que sigas haciéndome daño", "sí, quiero seguir engañándote y engañándome porque me das pena", "sí, traiciono mis ideales sólo para que tú no tengas un mal concepto de mí", "sí, estoy de acuerdo contigo en todo de momento porque me conviene". Es un error, pero errar es humano.

A decir "no" se aprende a lo largo de la vida. Yo de momento me he dado cuenta de que para poder negarme me tiene que importar un carajo lo que piense la gente de mí si pongo el pie en la pared. Tengo que defender mis decisiones. Y no ha sido fácil, nada fácil, percatarme de eso. Siempre te saltan con la misma maldita pregunta, y con tono desafiante: "¿Y por qué?".

Éste es otro de los motivos por los que asentimos siempre, acongojados. Porque no queremos responder a esa pregunta. Bien porque no nos apetece dar explicaciones, bien porque sospechamos que para la otra persona el argumento es ridículo. El caso es que nunca decimos "no". 
Bien... es totalmente respetable, pero también hay que ser a veces un poco egoísta; sólo un poquito. Lo justo para estar a gusto con uno mismo y que lo tomen en serio.

El segundo paso para poder decir "no" es tener valor, no sólo las cosas claras. Hace falta valor para abrir la boca y vocalizar alto y claro, por muy decidido que estés. Hace falta valor porque en ese momento te das cuenta de dos cosas: la primera, de que no vas a poder volver atrás; y la segunda, de que esa negativa puede afectar tu vida e incluso puede redefinirte a partir de ese instante.

El tercer y último peldaño es sin duda el más complicado de los tres; más incluso que el primero, con el que comienzas a subir la escalera. Hablo del "¿y cómo se siente el otro después de haberle dicho que no?". Pues mal, ¿cómo se va a sentir? Tú lo sabes, el otro lo sabe; los dos lo sabéis, pero actuáis como si no tuvierais ni idea. Como si fuera un mecanismo de defensa que habéis tejido los dos.
Ya nada será igual, pero ambos os esforzáis para que parezca que no ha pasado nada. "No importa; me ha dicho que no, me ha hecho polvo, pero no pasa nada". Sí pasa, vaya que si pasa.
Pero me remito a lo que siempre digo, y es que "todo pasa y todo llega". Que la herida se cierra, que no te duele pasado el tiempo, pero que las cicatrices te lo recuerdan a cada momento. Las miras sólo con  los ojos de la experiencia porque vuelves a estar bien; ya no hay dolor ni tristeza. Sólo veteranía.
Y como todo, la veteranía es un grado que se adquiere con el tiempo: teniendo las ideas claras, siendo un punto egoísta, sabiendo cuándo y cómo decir "NO".

Para eso no hay que tener prisa. Se aprende despacio y mediante el método "ensayo-error". Aunque hay errores que pueden salirte caros, sí. Sólo es cuestión de fijarse, meditar, decidir bien y tener valor.


Aunque vengan días grises, se volverán claros porque has actuado según tu criterio.

Lo demás da igual.

Sensaciones

Nunca aprendes a controlarlas del todo. Nunca. Pero sí aprendes en parte a ocultarlas. A veces es imposible y tu cara, tus gestos, te traicionan, por simples que sean. Un mohín con los labios, un parpadeo, el balanceo de las piernas.
Con la experiencia y el tiempo aprendes a permanecer impasible. Los labios apenas se curvan, parpadeas lo estrictamente necesario, tu peso no oscila. Sólo estás ahí, escuchando y asintiendo con la cabeza.
O haciendo como que escuchas porque por dentro eres un tornado de sentimientos. Buenos o malos. El corazón late más rápido, empiezas a notar cosquilleos en el vientre, emanas calor desde las mejillas, se te seca la boca. Y si te delatas la otra persona se da cuenta, dando lugar a veces a un momento incómodo. Luego te despides, te alejas, y exteriorizas todo lo asimilado.
En esta ocasión sólo me refiero a las buenas noticias. Ésas que hacen que sonrías por dentro, que el corazón se te acelere hasta límites insospechados, que te tienen contenta durante días. Ésas son las que últimamente me dominan y por las que siempre estoy acorde con lo que me rodea. Como debe ser.

Dentro de esas "buenas noticias", nunca, nunca jamás, está la categoría "sufrimiento ajeno". En años pasados sí; ahora he descubierto dos cosas: la primera, que el regodearte de las desgracias ajenas, por muy en privado que lo hagas, puede revolverse y atacarte cuando menos se espera. La segunda, que aunque no pasara nada por reírte del sufrimiento de otros, no merece la pena. Y además denota que eres una persona despreciable.

Pero volviendo a las buenas noticias y a las sensaciones: deben serlo para ti y para el otro. Para los dos. No cuesta nada y las alegrías compartidas siempre son el doble de buenas.

En mi caso, toda la práctica que perdí a la hora de esconder mis emociones ha sido recuperada rápida y ventajosamente. Antes lloraba, reía o gesticulaba sin preocuparme de lo que pensase la gente. Ahora soy capaz de controlarme la mayoría de las veces, para bien o para mal. No siempre, pero muchas veces consigo disimular tanto mi enorme alegría si no conviene exteriorizarla en ese momento, como la mayor decepción o rabia que haya sentido jamás. Y eso que siempre, siempre he sido un libro abierto para todo. He logrado moderarme al fin.
En ello estoy, en un continuo aprendizaje de exhibición y ocultamiento de todo lo que pasa por mi cabeza.

"Nunca dejes que los demás sepan lo que estás pensando realmente"

Cold

El frío queda bajo llave, en el cajón más oculto de la cómoda junto con el miedo. He sellado la cerradura y lanzado las llaves al mar, donde nadie las pueda encontrar. No queda nada. No queda nadie.

Creo que incluso voy a tirar la cómoda al completo. 
Odio el frío.

H

Si algo he aprendido en estos meses es que mi felicidad no puede depender de nadie que no sea yo. Como necesite a alguien para ser feliz, mal voy. Ahora sólo me limito a estar bien por y conmigo misma. Todo lo que hago es por mí. Y si lo hago, es con el pleno convencimiento de que me va a venir bien.
Quizás todo el mundo funciona así tarde o temprano, en cuanto se dan cuenta del error que supone depositar su bienestar en alguien.
¿Y cómo se aprende eso? Fácil: dándote el batacazo. Por mucho que te lo expliquen, hasta que no te pasa no lo comprendes. Lógico y normal por otra parte.
Desde que entendí esta norma esencial me va mucho mejor en todo. De golpe y porrazo algo en mi cabeza hizo "clic" y lo vi todo mucho más claro. Dejé de preocuparme por chorradas, dejé de darle vueltas a cosas con (un posible y remotísimo) doble sentido, dejé incluso de escuchar canciones deprimentes. Ahora todo eso ha sido sustituido por un "si esto es una tontería, ¿qué más da?", y por infinidad de canciones que me levantan el ánimo, por muy alto que se encontrara en ese instante.
Por más que busco no encuentro motivos para llorar por nada. Me veo más relajada, e incluso más contenta, desde que he visto que me las basto yo sola para estar bien. No necesito nada más que a gente que me aprecie tal cual, y tengo personas que me lo han demostrado de sobra con palabras y hechos muchas veces. Por lo demás todo me va bien, muy bien.
No aspiro a más.
Sueños que se cumplen. Que se hacen realidad. 
Ésos son los mejores sueños que pueden existir. 
Los que anhelas desde que tienes uso de razón, los que rozas con la punta de los dedos. Los que, cada vez que piensas en ellos, logran provocarte un escalofrío de placer.
Yo acabo de finalizar uno de mis dos grandes sueños; por lo menos su primera parte. Me queda la segunda, la más difícil, pero la más satisfactoria. Cuando finalice esa segunda parte, seré más feliz que actualmente, que ya es difícil. Habré conseguido una de mis metas en la vida.

No veo el momento de retomar ese sueño, siendo como soy una soñadora total y absoluta. Sueño no sólo al echarme en la cama, sino también despierta, continuamente, a todas horas. Lo único que me impide conseguir ese sueño no es mi falta de ganas, sino la sobra de tiempo. Si pudiera, lo llevaba a cabo ya.
Mientras no llega, sueño con otras cosas. Hago tiempo. Como he hecho siempre.

Gente

Siempre está bien conocer gente nueva... "Hay que tener amigos hasta en el infierno", dicen. No sé si será cierto o útil, pero he de reconocer que a mí me encanta.
Y gusta todavía más si son personas afines a ti.
A lo largo de la vida puedes encontrar cualquier cosa. Gente con la que compartes mil experiencias, deseos o sueños; gente totalmente opuesta a ti y con la que sin embargo te llevas bien; gente a la que no soportas; gente con la que varía tu concepción de su ser a lo largo del tiempo, gente de la que hay ciertas cosas que no te esperabas... hay de todo.
De toda esa gente que desfila por tu vida y alrededores te llevas un recuerdo. Bueno o malo, pero te lo llevas.
En mi particular hilera de gente ha habido más sorpresas buenas que malas. De hecho, ahora que mi vida se ha centrado de nuevo y hago balance, creo que personas verdaderamente retorcidas, de las que van a hacer daño a posta, no he conocido a ninguna.
Otra cosa son las que han hecho daño, pero no intencionadamente. No pasa nada, aquí de todo se aprende. Tengo toda la vida para hacerlo. Para saber a quién acercarme y a quién no. Para notar a la legua quién quiere hacerme daño y quién no. Para saber con quién estar y con quién no.

Seguramente haya personas que no estén de acuerdo conmigo, pero me es indiferente. Se trata de mi vida, de mis opiniones y de mis valores, y he comprendido que no los debo cambiar porque no se atengan a las convenciones sociales.

Que siga desfilando gente por mi vida, pero que a la vez se queden siempre los que merecen la pena. Que sigan aumentando y conservándose mis recuerdos y mis relaciones, que será buena señal. Que siga valorando a quién debo mandar al carajo y a quién le permito quedarse conmigo.
Será signo de que observo, razono y valoro. De que sigo funcionando según mi criterio. De que sigo viviendo y no estoy muerta en vida.

Fama

Otro sitio añadido recientemente a mi lista de "lugares con los que soñar". Aunque el motivo por el cual lo he descubierto y me veo impelida a ir porque me atrae como un imán a un trozo de metal no tiene nada de agradable o tranquilo.

Este sitio en cuestión se encuentra en Italia. Concretamente en la isla de Sicilia. 
Es un pueblo muy, muy, muy conocido. Pero su fama no se debe (exclusivamente) a que sea un emplazamiento geográfico; se conoce sobre todo porque es un apellido tremendamente famoso en la Historia del cine.
Hablo de Corleone.

(Claro, ahora resulta que todos los que me estáis leyendo sabíais desde el principio a qué sitio me refería, ¿no?)


Pues sí, este pueblo me ha enamorado gracias al cine.
Por lo que he descubierto, tiene historia, ya que es de origen musulmán. Hay muchas iglesias (101 según algunas fuentes), y restos de un valor considerable. Pero sin duda, Corleone le debe su fama a la Mafia, Cosa Nostra -o cualquier otro nombre que se le quiera dar-,  en su más amplio sentido; real o ideada por un escritor, es indiferente. 
Eso sí, yo investigué a fondo y me llevé una decepción al descubrir su gran paradoja: los escenarios en los que se desarrolla la archiconocidísima saga de "El Padrino" no se encuentran allí. Las escenas de la película que tienen lugar en Corleone se grabaron en Palermo, Forza D'Agro y Savoca, sobre todo.

En cualquier caso no tengo problemas en viajar a este lugar. Así que lo apunto en la lista y mientras llega el día de visitarlo sueño despierta.





A pesar de que está en Savoca, si has visto la saga esta iglesia debe sonarte.


El cartel por lo visto es legendario. Todos los turistas se hacen fotos con él.

Tears

Para mi sorpresa, ya no lloro por nada. Llevo sin hacerlo mucho tiempo.
Eso da pie a dos opciones: o he hecho callo y he madurado, o la causa de mis lágrimas desapareció. 
O quizás ambas cosas a la vez.
Nunca se sabe.

En cualquiera de los casos agradezco no llorar como antes. Ni por motivos ni por cantidad.
Se han acabado los torrentes de lágrimas en plena madrugada, y con ellos se han ido otras muchas cosas que no echo de menos. Por ejemplo, las sensaciones de impotencia, rabia y miedo que experimentaba y que me quemaban la garganta. Que no me dejaban ni hablar ni respirar. Sólo lograban que se rompiera mi dique de contención y saliera a la luz todo lo que me asustaba en forma de llanto monumental.
También se ha largado el sentimiento de ridículo que me embargaba al darme cuenta de que no podía ni controlarme ni parar de llorar. Pensaba que estando ya en la veintena, ya en la Universidad, era increíble que aún derramase lágrimas cual niña pequeña. Luego se me ocurría que quizás lloraba así porque me sentía de igual manera. Pero eso no me consolaba en absoluto.
Agradezco haber llorado tanto, tantísimo a lo largo del tiempo. Para mí llorar no soluciona nada, pero a pesar de que lo sé, lo hacía porque me desahogaba mucho. Una vez dejaban de rodarme las lágrimas por la cara de puro cansancio me quedaba mucho más tranquila. Las ideas no estaban muy claras, pero me ayudaba a despejarme y pensarlo todo con orden.
Y ahora que ya no he vuelto a derramar ni una sola lágrima por nada, y mucho menos por nadie, no noto la diferencia entre tener la cabeza fría y no tenerla. Puedo pensar y razonar los problemas tan bien como cuando por fin dejaba de llorar y me centraba.

Llorar ya no es mi medio para desahogarme, para liberar el estrés. Ahora es escribir. Tengo más tiempo libre para mí misma, para hacer lo que quiera, y lo invierto como mejor me parece. Considero que escribir sobre lo que me pasa o lo que me inquieta es mil veces mejor que llorar por la noche cuando todo el mundo está durmiendo.
Hace unos años cometí el error de elegir llorar sola y en silencio antes que sentarme frente al teclado o una hoja en blanco con un bolígrafo. No me arrepiento por ello, pero ahora veo que era una estupidez. De todo se aprende.
Lo veo todo con más claridad; las lágrimas ya no me nublan la vista y los problemas que tenía y por los cuales lloraba durante horas ya no me asolan. Estoy bien, mejor que antes. Y me alegra sentirme fuerte.

Ok

Aquí estamos, viviendo la vida bien y a nuestra manera.
Que sí, que he dicho ya mil veces que me va todo bien y me gusta mi vida. Pero lo repito otra más.
Así debe seguir, con sus cambios lógicos, pero en esa tónica se debe continuar.
Y a quien no le guste, que le den.

Continuum

"Todo pasa y todo llega".

¡Cuánta verdad hay en esa sentencia! Todo, sea bueno o malo, tiene su principio y su final. Los inicios siempre son duros sin importar la índole. Se pasa mal, claro; pero a la larga compensa. 
Al principio de la "pasada" te ves desubicado, te falta algo, sientes un vacío que no sabes si podrás llenar. Y cuando empieza la "llegada" te preguntas cómo pudiste siquiera por un momento vacilar sobre tu fortaleza. Dices, haces y sientes cosas que nunca creías que ibas a volver a decir, hacer y sentir, renovándote y dándote el cambio de aires que pedías a media voz. Continúas, sigues adelante, que es lo que cuenta.

Hay treguas, pero siempre breves. Periodos en los que te paras, te reorganizas y prosigues tu camino con más fuerza. Tampoco van a faltar momentos oscuros, de flaqueza, como todos tenemos a veces. Estos momentos oscuros aparecen en su mayoría tras la "pasada", y cada vez va disminuyendo su número. No desaparecen, pero menguan.
Aspecto a destacar: duración entre una "pasada" y una "llegada". Pueden ser minutos, años, días, meses, trienios, horas. Sin prisa. Lo que tenga que venir, vendrá, pero a su debido tiempo. No hay que forzar nada en ningún plano. 

"Cuando dejo de buscar, encuentro".

Esto se contradice con la idea de "la vida son dos días"... Si tan poco dura, ¿por qué tomarse las cosas con calma? Sí, cierto y verdad; pero como ocurre con todo, siempre hay un contrario, un equilibrio. La parte racional y la irracional.


¿Por qué me he dedicado a escribir una sarta de chorradas en relación a esto? Pues porque simplemente yo veo las cosas así, y la experiencia me da la razón. Ha habido momentos de debilidad e inseguridad, y momentos de orgullo y triunfo. Y como he hecho -o procurado hacer- siempre, he intentado en la medida de lo posible tomar el control sobre mis sentimientos, mi estado de ánimo, mis circunstancias y mi visión del mundo para usarlo a mi favor. 
Creo que lo he conseguido, porque mis momentos brillantes superan por mucho, muchísimo, a mis momentos oscuros. Los primeros le dan mil vueltas a los segundos. Suena altivo, pero estoy muy contenta de mí misma por haberlo conseguido.

Así que volviendo al tema que me ocupa, muchas cosas me han pasado, y otras tantas han llegado o están por llegar. Me lo tomo con filosofía, sentada, haciendo tiempo con otros menesteres y no muy pendiente de recibirlas. Continúo, que no es poco.

Galaica

Después de tener un poco abandonada esta etiqueta del blog, vuelvo a la carga con ella.

El "regreso" que he preparado no es una lejana playa con palmeras y reggae de fondo, ni una ciudad cosmopolita o puntera en el mundo, ni un país oriental o nórdico. El propio título descarta cualquiera de estas opciones.

Desde pequeña he querido viajar a Galicia. Es quizás uno de los lugares más accesibles de todos los que he ido presentando (y presentaré) aquí, y nunca he hablado de él. Puedo llegar fácilmente porque está a relativamente poca distancia... "poca" si la comparamos con California o Japón, obviamente.
Me atrae tanto esta zona de mi país porque me fascina su legado a lo largo del tiempo. Y también me gusta mucho su paisaje, con bosques y con el color verde predominando. Pero sin duda lo que llama poderosamente mi atención son su música... y sus leyendas. ¿Quién no ha oído hablar alguna vez de la Santa Compaña, por ejemplo? Ésa y muchas otras son las que hacen aún más atractiva a mis ojos Galicia.

Espero que muy pronto salga un viaje hacia allá con gente especial, porque me apuntaré sin dudar. Cercano, paisajes preciosos, personas interesantes -vivido en propia piel-, leyendas increíbles...



A pesar de parecer una playa caribeña, pertenece a una de las islas que conforman el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia


Pazo de Cascaxide



Zero

"Tienes algo.
Un nosémuybienqué, que hace que cada vez que me vienes a la cabeza me brillen los ojos y me encoja de miedo.
Cuando me miras me siento única y diminuta a la vez. Y cuando me hablas me tiemblan las piernas mientras la parte más insegura de mí me susurra: "Ten cuidado".
¿Cómo lo haces? ¿Cómo consigues hacerme sentir tan rara para bien y para mal?
A pesar de todo, es imposible odiarte. No puedo aunque quiera. Tampoco puedo quererte, por lo menos ahora; no me has dado opción a ello jamás. Lo que sí puedo hacer es que desaparezcas. Que salgas de mi vida, porque una cosa no quita la otra. Me tienes enganchada aunque me lo niegue a mí misma, pero ha llegado a un punto en que no podía más. Espero que me entiendas y lo aceptes. Y más ahora que no me puedes detener."

Cuando acabé de decirle todo aquello lo miré fijamente. Sabía que no iba a contestarme, por eso no me molesté en esperar respuesta. Simplemente necesitaba confesarle todo lo que se me había pasado por la cabeza a lo largo de esos ocho años que habíamos compartido. Podría haberle dicho cientos de cosas más, pero juzgué que con eso era suficiente. No iba a hacerle sufrir más de la cuenta; además, mi monólogo resumía muy bien todo lo acontecido durante tanto tiempo.
Me devolvió la mirada sin verme. Estaba absorto, estaba callado.Sólo me atravesaba con la vista sin parpadear. Como si no se lo creyese. Por una vez no me replicaba, bien fuera con un beso o con un comentario hiriente. 
Precisamente eran esos cambios, esos giros, lo que me había llevado a tomar la decisión. No sabía si podría soportar otro día más dando palos de ciego con respecto a su carácter. No acertaba a vislumbrar al despertarme por las mañanas si iba a ser un día perfecto o un infierno terrible. Y me negaba a no tener estabilidad en ese aspecto. 
Tampoco quería arriesgarme a marcharme y que él saliera en mi busca, me encontrara de nuevo y las represalias fueran considerablemente graves. 
Sólo me quedaba una opción, por tanto. O por lo menos, la única que veía factible.

Así que tras quedarme unos minutos observándolo sentado en el sofá me eché a reír. Me eché a reír a carcajadas porque supe que desde ese día era libre.
No me temblaron ni el pulso ni la voz cuando llegó el momento, ni tampoco vacilé mientras lo llevaba a cabo. Simplemente pensé en lo mejor para mí. Me daba igual lo que pasara luego; ya no estaba bajo su influjo. Que hicieran conmigo lo que quisieran, que nada era peor que todo ese calvario que había sufrido desde que le conocí.

Me iba a marchar a otro lugar a empezar de cero. A otro país, con otras personas. Nadie jamás sabría dónde iba a estar, porque ni siquiera yo en ese momento tenía claro dónde comenzar mi nueva libertad. Y no me iba por miedo a las consecuencias. Me iba porque quería olvidar todo lo que había pasado en esa ciudad triste, fría y gris, llena de gente lóbrega e inescrutable que desconocía mi sufrimiento.
Aunque claro, ellos no tenían por qué saberlo.


La verdad que verlo así era un espectáculo grotesco: tenía la cabeza torcida, con mechones de pelo cayéndole por la cara, los ojos vidriosos fijos en mí y la boca entreabierta con un hilillo de sangre resbalando por la comisura y goteando en su camiseta. Pero me sentía perversamente satisfecha. Tanto que no pude evitar gritarle que por fin había conseguido callarle y que la última palabra la tenía yo. Ni me preocupé luego en recolocarlo y limpiar la sangre. Sólo le di la espalda, abrí la puerta del que había sido nuestro piso en otros tiempos y me fui. Serena, relajada y con un peso quitado de encima.

¿Cómo no lo hice antes? ¿Cómo no se me ocurrió? Me hubiera ahorrado mucho tiempo y mucho dolor.
Lo importante sin embargo era que ya estaba hecho y no había, por suerte, vuelta atrás. Aunque quisiera. Tenía por seguro que no me iba arrepentir de nada. Nunca lo había hecho, por lo que ésta no iba a ser la primera vez.
Sobre todo eso reflexionaba al caminar y lo único que sabía certeramente era que no me iba a volver dejar avasallar nunca más. Me iba la vida en ello.

Suspiré y continué andando. Seguiría hasta donde me llevasen los pies o mi alma.

Enseñanza


"Tienes que hacer lo que quieras en cada momento, sin miedo a arrepentirte después y sin miedo a cambiar de idea. Porque cuando cambies de idea y hagas otra cosa, lo harás porque te has convencido de que es lo mejor para ti en un determinado momento. Y todo eso será lo que te construya, para bien o para mal, pero siempre tú misma. 

Con el tiempo te irá importando cada vez menos ser distinta. O a lo mejor decides ser como los demás, y estará bien, porque lo habrás elegido tú. Lo que importa es que, hagas lo que hagas, sea lo mejor para ti y no para otra persona. Con esto no te estoy diciendo que seas egoísta, sino que no te dejes condicionar. Aprenderás que cuando le haces un favor a alguien todos los días, el día que dejas de hacérselo la mala eres tú. Por eso, da de ti a los demás, quiérelos, ayúdalos, escúchalos y valora sus opiniones, pero nunca te olvides de ti misma, nunca. Jamás te respetarán si lo haces".

Ahí estamos ;)
Hazlo sólo cuando quieras tener una referencia sobre cómo actuar, pero no lo tomes como algo rutinario; lo que te sirvió una vez puede que en la próxima ya no sea útil. ¿Por qué? 
Porque todo cambia.
Lo que hoy es blanco, mañana puede ser negro; dentro de 2 años oscurecerse aún más; cuando pasen unas cuantas décadas, tornarse blanco otra vez y finalmente ser gris marengo.
Nada es estático, constante en el tiempo. Nada en absoluto.
Ni los lugares, ni las situaciones,  ni las personas en general. Igual que hoy puedo conocer a mi alma gemela nada más cruzar el portal de mi casa para salir a la calle, quizás dentro de cinco años a esa misma persona no la pueda ver. Y viceversa.
Parece increíble, porque hay momentos en los que dices: "No puede ser que cambie, es imposible. Estoy tan a gusto y me llevo tan bien con esta gente que nada ni nadie va a poder romper todo esto". Te equivocas. De pleno.
No puedes controlarlo todo, y no puedes conseguir que todo esté a tu gusto. No eres omnipotente, no eres Dios. Eres una persona y como tal debes aceptar que muy pocas cosas dependen de ti.

Mira al pasado para no equivocarte, como he dicho antes. Pero nunca con la intención de calcarlo y aplicarlo a tu presente. Todo eso pasó ya, es un capítulo acabado en la vida, y sólo te queda mirar hacia adelante. Únicamente debes girar la cabeza hacia atrás cuando sea estrictamente preciso y las soluciones actuales no resulten. No hagas retrospección nunca como primera opción. Y por supuesto, no te recrees en la archiconocida excusa de: "cualquier tiempo pasado fue mejor". No lo sabes; la vida no es una ciencia exacta o rotunda. Quizás el futuro sea más emocionante. O incluso el instante que aquí y ahora vives.

Sólo se trata de vivir el presente como quieras, donde quieras, con quien quieras y cuanto quieras. Vive a tu gusto, punto.

"Seize the day or die regretting the time you lost"

Legend

No aspiro a ser una leyenda ni para mi profesión ni para el resto del mundo. Aspiro a ser leyenda para la gente a la que le importo.
Para que ellos no me olviden nunca.
Con eso me basta.

"La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido" 
Gabriel García Márquez

Heridas

Después de años, esta situación ha cobrado para mí una nueva dimensión.
Cuando era una niña la veía como algo que me causaba mareo y lo asociaba al dolor, a las caídas, al sufrimiento, al olor del hierro.
Ahora también, pero al crecer he aprendido que, tarde o temprano y tras todas esas sensaciones negativas que te embargan en la infancia, la sangre deja de manar y la herida desaparece. Porque o bien se cierra sola o alguien dedica tiempo y esfuerzo en ayudarte a logar ese cometido. Alguien que abre el armarito de las medicinas y saca betadine, un algodón y su mejor arsenal de abrazos, besos y mimos.
Te duele, claro que te duele. Te quejas, lloras, te da miedo verla. Pero esa persona que te va a ayudar a curarla te lo explica: "Te va a molestar cuando te toque, pero ya verás como sólo es un momento". Y tú aprietas los dientes, cierras los ojos hasta hacerte daño en los párpados y tuerces la cabeza. Ese alguien empieza a limpiar la herida con agua, luego con el betadine y es consciente de que sufres. Lo sabe porque le pasó lo mismo que a ti y por eso procura hacerlo con todo el cariño del mundo.
Cuando ya ha acabado y te lo ha tapado con una gasa, lo ves todo diferente. Mejorará y eso es lo único que  importa.



Igual que están esas heridas externas te que surcan el cuerpo y son el mapa de tu vida, están las heridas internas. Ésas que no curan a la primera ni con medios químicos. Por mucho que quieras. Inicialmente ves que no sangran demasiado y las ignoras. Pero poco a poco va brotando más sangre y eres consciente de que debes pararla porque puede pasar algo peor. Y no la puedes parar solo. Se te puede ir la vida y no puedes hacer nada por evitarlo. 
Van en tu ayuda con medios más potentes que los desinfectantes. Se acercan dispuestos a dar cualquier cosa con tal de que no te desangres a través de esa herida que te ha(n)s hecho. Dispuestos hasta a morir por ti. Y cuando los ves tan sumamente decididos algo pasa por tu cabeza que te impulsa a detener el sangrado rápidamente. Y lo logras, vaya que sí.

Esa sangre que recorría no sólo tus venas y arterias sino tus pensamientos y tus recuerdos, alimentándolos y evitando que desapareciesen, detiene su manar por esa brecha abierta. La has parado con ayuda de alguien que odia ver cómo te desangras y sufres al ver que la sangre fluye sin cesar y no puedes hacer nada.
Sangrarás por diversas causas durante toda tu vida, físicas o psicológicas. Pero hay que tener por seguro que todo cierra y cicatriza.

A lo largo de estos veintiún años he tenido diversas lesiones internas; de algunas llegué incluso a pensar nada más abrirse que iban a ser letales. Ahora que ha pasado el tiempo rebusco en mi interior, localizo con mis evocaciones las cicatrices y no puedo más que sonreír. Sonreír y pensar cómo se me pudo siquiera ocurrir que iba a morir desangrada por ellas. Tuvieron su magnitud, sólo eso. Fueron más el susto y su ubicación que la gravedad real que tenían.

Y aquí estamos mi sangre, mis heridas cerradas y yo. Dispuestas las tres a no volvernos a abrir ni a fluir libremente como un manantial. Ahora, si hay que hacerse heridas, prefiero hacérmelas yo a que me las hagan.

Exorcismo

Ya he expiado mis culpas, ya no pido perdón sin motivo. Ya no me paralizo ante un desastre.
Mis demonios han desaparecido, respiro tranquila. Fue duro, fue difícil, fue largo. Pero ha merecido la pena.

Voy a mi bola y el resto no me importa. Que mis planes quizás sean los más aburridos del mundo, pero a mí me entretienen y tampoco necesito grandes opulencias para ser feliz. Antes de este exorcismo era justo al revés: no sabía apreciar las pequeñas cosas y sufría mucho por lo que los demás dijeran o pensaran de mí.
Esta purga me ha dejado vacía en ese sentido. Me he desligado de toda la mierda que arrastraba, de todas las lágrimas, las frustraciones y los miedos que tenía con relación al resto de la gente. Me he vaciado de las apariencias, que eran mi más pesada carga. De ella derivaban todas las demás y no me dejaban ser yo misma.

"Tienes que ser así, asá, de esta manera y de esta otra. Debes hacer esto, aquello y lo de más allá porque es lo acordado según las normas sociales. Si no, no vas bien." 


No sé realmente cuándo empezó mi exorcismo particular, pero tampoco cuándo acepté (o me echaron a la espalda), llevar la cruz de la que me he deshecho. Lo que sí es cierto y verdad es que, a pesar de que me ha costado tiempo librarme de todo lo que me impedía crecer y avanzar, estoy mejor. Mucho mejor.
Los diablos me han estado azuzando meses y meses; durante años y años; lustros enteros. Pero saqué fuerzas de donde nunca creí que tuviera y a pleno pulmón les insté a marcharse. A la primera no se fueron, ni tampoco a la segunda. Hicieron falta unos cuantos intentos más, en los cuales pensé que no se iban a ir jamás. Y paulatinamente, poco a poco y en rigurosa fila india se fueron alejando de mi cuerpo y mi mente. Me llevó tiempo, mucho tiempo, y mucha inseguridad. Muchos ratos devanándome los sesos pensando si realmente eran demonios, la voz de mi conciencia o retales lóbregos de ambos.
Pero a pesar de que esas bestias me susurrasen al oído, se riesen de mí y me torturasen, me sintiera perdida, sola y pequeña, un día me encontré y (re)conocí gente que me hizo grande. Enorme. 
Entre ellos y yo he logrado por fin entonar a voz en grito el vade retro.

Se fueron, y ojalá que no vuelvan nunca más.
Y si vuelven, aquí los espero, con nuevas y mejores armas. Con todo un ejército que me ayudará a no dejarles traspasar las puertas de mis sentidos, mi cuerpo y mi razón.