La foule

Canción que adoro hasta morir.
Como la gran mayoría de las que aparecen en mi vida por casualidad, sin esperarlas. Agradables sorpresas que me hacen sonreír y bailar como si no hubiera mañana. O que me tocan el corazón al escucharlas por distintas causas.





"Et la foule vient me jeter entre ses bras...
Nos deux corps enlacés s'envolent et retombent tous deux"
Me empujan y me meto de lleno en una vorágine de sensaciones. No me importa porque realmente quiero entrar.
Una vez estoy dentro sólo es cuestión de dejarme llevar por lo que haya ahí. Sea lo que sea. Gente, risas, momentos que perdurarán. No existe el miedo, ni el sufrimiento ni el dolor. Allí dentro no. Me olvido de todo y listo. 
En esa vorágine no percibes el paso del tiempo. Estás tan distraído que no te das cuenta. Te sientes distinto, como nunca antes. Tienes a gente que quiere lo mejor para ti alrededor y por eso todo da igual. Gente y alicientes suficientes para quedarte. Descubrimientos hasta en las pequeñas cosas.
Los días brillan con fuerza y los rayos del Sol cosquillean, mientras que las noches son nítidas. Y siempre es así. Ahí sí.

Llevo allí dentro muchos meses. Y por el momento no entra en mis planes salir o que me echen. No hay ningún motivo de peso para ello; y si lo hubiera, prefiero que se venga conmigo a ese vórtice que se ha creado por y para mí. Lo pondré patas arriba, pero siempre en beneficio propio. Ahí no entrarán maldades ni mentiras. En caso de que alguna pasara el filtro, se la echará de nuestro torbellino sin contemplaciones. Y a seguir viviendo bien.

Parece una locura, pero esa agitación, ese huracán en el que estoy sumida, es mi oasis. Mi remanso de paz. Y nunca creí que en un remolino encontrara la calma que no admitía precisar. Al principio tenía mis reticencias con respecto al tornado. Pero me convencí(eron) de que era lo mejor para mí, y he comprobado que es cierto. 
Ese vórtice es una mezcolanza de cosas que me hacen sentir viva. Y no son precisamente pocas. Son todo un cúmulo que me saca una carcajada al mirarlo en conjunto y me toca el alma cuando me detengo a observar sus componentes con minuciosidad.
He encontrado y formado un sitio que es seguro y en el que sé que me volverán a acoger con los brazos abiertos cuando me vaya a explorar otros. Si esas vorágines ajenas me atraen intentaré sumarlas a la mía para hacerla crecer y darle puntos de vista nuevos. Si no me gusta ninguna, volveré a la original. A la que empezó a gestarse cuando comenzó a titilar la luz de la habitación y nació cuando yo consideré oportuno.

Noches claras. Cariño. Música y vida. Compañía y calor.
No me falta nada en ese vórtice. Y cuando falte, será porque lo he encontrado en otro.


Mundo

Me visto con ropa bonita, me maquillo un poco  y salgo a comerme el mundo como si fuera el último día de mi vida.
Realmente es un plan sencillo, pero lo disfruto como si fuera la primera vez que lo llevo a cabo.
Río y hablo sin parar, me va la vida en ello. Me escuchan, me corresponden, siguen la conversación, ríen conmigo. Eso me da alas para seguir  estando bien, acorde con el mundo.
Pasan las horas en un suspiro, yo no me doy cuenta. Cuando todo termina, me despido y regreso a casa, lo hago con una sensación de bienestar increíble y una sonrisa en la cara. Como debe ser.

Al leer esto, quizás da la impresión de que vivo de una manera muy despreocupada, muy feliz, muy... pánfila, por decirlo así. En absoluto. Realmente me doy perfecta cuenta de las cosas, pero procuro que no me afecten las chorradas. No vivo en una felicidad continua porque el mundo sea un sitio lleno de mariposas, flores, piruletas y gente bondadosa -como piensan muchas personas nada más verme aparecer o conocerme un poco-, sino en una indiferencia perpetua para con los despojos.
¿Y por qué prefiero vivir en ese estado de desinterés y pasotismo que hace que parezca que no me entero de lo que sucede a mi alrededor?
Porque sigo opinando que el mundo es una mierda, una puta mierda y que no merece la pena prácticamente nada de él. No lo opino por experiencias personales -ésas me han hecho crecer y me han ayudado sobremanera-, lo opino porque se ve a diario en cualquier momento y lugar. (Casi) nadie lo percibe como un lugar idílico, sino como un sitio lleno de dolor, lágrimas, sufrimiento, gente mezquina que sólo mira por sí misma, palabras y hechos que hieren, duelen y sangran. Lo ve como lo que realmente es. No les culpo por ello porque es sumamente evidente que rebosa veneno, pus y podredumbre por todas partes. Rebosa tanto que es prácticamente imposible verlo de otra forma. 
Lo que a mí personalmente sí me duele y no me deja vivir tranquila es ver a la gente a la que quiero pasándolo mal. 
Es a ellos a los que intento aportarles un poco de luz, un poco de vida y sol, para que se olviden por un rato de la porquería y la gangrena existentes a nuestro alrededor. Por ellos procuro reír siempre y no darles motivos para preocuparse por mí; no debo. Ese grupito de personas es por el que me desvivo me cueste lo que me cueste. Y una cosa lleva a la otra de manera circular: yo soy feliz al verles a ellos bien, ellos son felices al verme bien a mí, y por eso mi felicidad no me supone un esfuerzo extra, un sacrificio o una fachada de puertas para afuera. No.
Mi felicidad es cien por cien real siempre; nunca la he fingido, no lo he necesitado. Y es por ellos.
Soy feliz porque son mi motor. Sé que no voy a cambiar el mundo y seguiré viéndolo igual de asqueroso y vomitivo año tras año; pero no será así por mi culpa. Por mí, que no quede.

En cuanto a la indiferencia, ya lo dice el refrán: "El mayor desprecio es no hacer aprecio". Ahora funciono así. Cuando algo no me interesa, veo que me hace daño o simplemente no es para mí, saco mi particular escudo: me da igual. Sencillamente no me importa, me doy media vuelta o me lo tomo a risa. Si no es importante, no me voy a amargar, no tiene sentido; y si lo es, me daré cuenta a tiempo de la gravedad del problema. De hecho, hubo una persona muy cercana a mí que en su momento me dijo: "Los problemas no existen. Si se pueden arreglar, no son problemas. Y si no se pueden arreglar, son condicionantes que te vienen dados y que muchas veces puedes manipular en beneficio propio". Me lo he tomado siempre al pie de la letra y me he dado cuenta de que es totalmente cierto.

Muchos saben que mi esquema de vida se basa en estos dos puntos: en la felicidad de gente importante para mí, y en mi indiferencia personal a todo lo negativo que hay cerca. Saben además que de momento la idea me funciona bien. No la pienso cambiar por tanto.

Que te jodan, mundo. A ti, a tu veneno, a tu maldad y a tu puta madre.
A mí no me vas a doblegar ni me vas a hacer caer. Ni a mí ni a los míos. Tú no.

Vida

He tenido suerte a lo largo de la vida.
He vivido grandes experiencias, sola o acompañada. También he conocido a muchísimas personas y no me arrepiento de haberlo hecho, porque de todas he aprendido algo. Todas las decisiones que he tomado han salido medianamente bien y nunca me he dado un grandísimo batacazo con ninguna. Algún tropiezo he tenido, como todo el mundo; pero como siempre, he salido adelante.
Me considero afortunada de tener la vida que tengo. Vale, no es precisamente la vida más emocionante del mundo, pero para mí es ideal porque la estoy diseñando a mi manera y forma. Estoy empezando a decidir lo que quiero que forme parte de mí y lo que no, lo que haré el resto de mi existencia, cómo quiero ser feliz... Me estoy definiendo a mí misma. Y para mí no hay nada más emocionante que eso, crear mi propia vida. Desde cosas tan simples como encontrar definitivamente el estilo que me gusta hasta grandes cuestiones como dónde quiero desempeñar mi trabajo o mi sueño de (dentro de unos años), ser madre.
Hay gente que ni siquiera puede plantearse eso porque no se lo puede permitir. Por eso me remito a la suerte.
No dudo de que tendré muchas manos amigas dispuestas ayudarme; también habrá muchas zancadillas, porque muy pocas personas son buenas por naturaleza. La gran mayoría entiende la bondad como un medio que les permite conseguir un fin. La usan a ella, te usan a ti y cuando obtienen lo que querían se olvidan de todo. Asumo el riesgo porque no me quedan más cojones: es algo implícito en vivir y me guste o no, ahí está y estará siempre.
Eso también es una suerte aunque no lo parezca. El que no arriesga, no gana. Lo peor que puede ocurrir es que arriesgues y te quedes igual que antes. No pasa nada, buscas una alternativa y lo intentas otra vez. Eso es algo que me han enseñado el tiempo y las experiencias y que ahora aplico siempre. 
En cuanto a esa gente que te hace trastabillar y darte de bruces contra el suelo, lo mejor es dejarla pasar. A veces es difícil, pero se puede. Te manipularán, te harán sentir mal y culpable de todo, te anularán. Nadie debe permitir que eso ocurra.
Uno se tiene a sí mismo y el resto da igual. Es cuestión de valor e incluso un poco de suerte.

Eliges tu propia vida, eliges tu propia senda, eliges de quién te quieres rodear y cómo quieres ser. Al final del camino echarás la vista atrás y si has vivido conforme a tus valores e ideales te sentirás satisfecho.


"Aquellos que no aprecian su vida, no merecen tenerla"

Ella

Odiaba la lluvia pero adoraba las tormentas. Desde que era pequeña había sido así.
Podía pasarse horas con la cabeza pegada en el cristal, viendo los relámpagos y oyendo los truenos sin importarle el paso del tiempo.

También le gustaba coger el coche y conducir en plena madrugada hasta las afueras. 
Llegaba a su destino y se tumbaba boca arriba en el suelo a ver la luna y las estrellas. Su cuerpo estaba allí, pero su mente estaba lejos, muy lejos.

Era capaz de maquillarse de una forma espectacular, como si fuera a disfrutar de la mejor fiesta de toda su vida.
Realmente se quedaba en casa y se tumbaba en el sofá a ver la televisión hasta que el mando a distancia se le resbalaba de las manos al dormirse.

Estaba totalmente obsesionada por la moda de los años viente.
Para ella no había habido otra época mejor. Los vestidos, los complementos, el maquillaje, el estilo de toda una década de lujo y misterio. Buscaba desesperadamente algo inspirado en esos años, para llevarlo puesto y sentirse parte de esa etapa de la Historia, aun viviendo ochenta años más tarde.

Adoraba poner la música a todo volumen en casa.
Bailaba y cantaba hasta que se encontraba al borde de la extenuación, y aun así sacaba fuerzas de donde ya no le quedaban para continuar.

Siempre reía, por cualquier razón. 
Era de las que defendía que nadie puede quitarle la sonrisa a otra persona.

Le encantaban los animales, en especial los gatos.
Si por ella fuera, tendría por lo menos dos en casa. De angora, para ser más exactos. Cuando finalmente se pudiera comprar el apartamento con el que siempre había fantaseado pensaba adoptarlos; no le gustaba comprarlos en una tienda de animales. Tenía incluso los nombres de ambos ya pensados.

A pesar de que su vida era rutinaria, le parecía entretenida.
Le gustaba remolonear. Luego levantarse, desayunar y salir corriendo a trabajar. Siempre se le hacía tarde. Regresaba para comer y cada tarde, de manera inexcusable, salía de paseo, de compras o quedaba con alguna amiga para tomar café. Al llegar a casa, se duchaba, cenaba y en ocasiones leía alguna novela policíaca, veía la televisión o encendía su portátil. Finalmente el cansancio podía con ella y se quedaba dormida en el cualquier rincón de la casa.

Soñaba con el amor de su vida siempre que podía. 
Quería lo mismo que cualquier otra chica de su edad: un chico alto, guapo, con unos ojos bonitos y que escuchase buena música. Con el que compartir experiencias, escapadas y formar una familia. Que la protegiera y la cuidase siempre, y que estuviera con ella hasta el fin de los días.
Estaba segura de que llegaría, lo que no sabía era cuándo.


Un buen día, todo acabó. Se terminaron de golpe las tormentas, los cielos en los que brillaba la luna, el maquillaje. Los años veinte, la música, las risas, los gatos, su cómoda rutina. Ya no ansiaba encontrar al amor de su vida porque nunca jamás lo iba a tener.
Poca gente lloró su pérdida. Sólo los que de verdad la querían; una o dos personas.

Todo lo que la conformaba se terminó aquí. Pero estuviera donde estuviera, seguía soñando con todas esas cosas. Ya intangibles, incorpóreas, pero para ella vívidas y reales.
Por fin era ella, y se sentía completa.

.

Y a mí qué me importa que se acabe el mundo, si tengo bastiones. Qué más me da que todo termine, si sé que tengo gente en la que me puedo apoyar. Qué tendrá que ver que algún día moriré si tengo la plena certeza de que habré vivido como se me antojó.

¿Que algo no sale como yo quería? No importa, se buscan alternativas.
¿Renunciar a mis sueños? JAMÁS.
¿Vivir? Por supuesto.

Me da exactamente igual. Tengo dos sueños principales, esenciales para mí en esta vida, y para ambos no preciso a nadie más que a mí. Quien quiera acompañarme, que lo haga, pero primeramente YO. El resto de sueños son secundarios, pero no menos importantes.

Que le den al mundo, que yo no necesito nada para ser feliz.




"Toma fuerzas, que el camino es muy largo"
... palmadita en la espalda y ya estoy más seguro.

Ojos de luna llena; tu mirada es de fuego y mi cuerpo de cera.
Tú eres mi verso; pluma, papel y sentimiento. La noche yo, y tú la luna; tú la cerveza, y yo la espuma.



Que así sea por muchos años.

Ilusiones

Eso de ilusionarse creía que no iba a ser para mí. Pero resulta que sí, que sí lo es. Sigo emocionándome con los pequeños gestos, con detalles y sonrisas. Así veo que puede haber épocas y mundos mejores. Que todo pasa y todo llega.
Cada cosa tiene su opuesto, y siempre se atraviesan las dos fases. Tras pasarlas, todo es distinto. Aprendes de ambas y acumulas saber. Hasta eso es capaz de tocarme la fibra sensible cuando ya las he cruzado. Y me ilusiono, claro que me ilusiono.
Según y qué cosas, será en mayor o menor cantidad, y lo exteriorizaré o no. Pero siempre hay algo que me deja huella y cambia mi forma de ver el mundo.

Un suceso, una canción, una frase o una mirada. Un momento que ojalá fuera eterno. Una experiencia nueva que tengo. Una persona nueva que conozco. Cuando la novedad del primer momento pasa yo no lo condeno al olvido, sino que retumba en mi mente y lo recreo. A veces, cuando ya ha pasado el tiempo, va a parar a los rincones más oscuros de mi ser, pero no lo olvido nunca.
Así transcurre mi vida. Quizá suene muy idealista, incluso muy estúpido, pero eso de sentirme bien y viva por detalles nimios hace que todos los días tenga la fuerza suficiente para seguir y encarar con ganas todo lo que pueda ocurrir.

Eso hace que me encuentre en constante cambio. Se van acumulando mis experiencias y mis vivencias, aunándose y haciendo que me transforme poco a poco. Dentro de unos años, en perspectiva, seguramente notaré el cambio. Pensaré en lo tonta que fui a una determinada edad, pero no me arrepentiré porque mi antigua yo se comportara así. Emociones incluidas.
Así que estoy dispuesta a recibir con los brazos abiertos cualquier cosa positiva que me quieran dar. Intercambiar experiencias, risas, fiestas y buenos ratos con mis amigas. Abrazos y besos con la gente que quiero. Que una mirada me haga vibrar, que una canción me haga reflexionar, sentir o simplemente bailar. Que una muestra de cariño o una broma hagan que me brillen los ojos o que rompa a reír. Un libro ajado por el tiempo y los recuerdos que me haga pensar en lo que sentiría la gente que lo ha disfrutado antes que yo. Que una foto chorra haga que me sonroje de la vergüenza y piense "Dios mío, ¿cómo pude acceder a hacérmela?". Que alguien nuevo me cambie otra vez la vida, poniéndola patas arriba en una locura sana en la que se intercalen los silencios cómplices y los gritos de alegría absoluta.

Todo eso determina lo que soy ahora y lo que seré en un futuro.
Pero sin prisa.
Saborearé cada momento y viviré reposada, tiempo al tiempo. Disfrutándolo todo hasta donde pueda, sacándole el jugo. Porque me lo merezco.

Moments

Cada momento, por pequeño y rutinario que sea, tiene su encanto y su magia.
Sólo hay que saber buscarlos.

Abismo


A veces se abre ante ti. Te sientes perdido y envuelto en oscuridad. No hay ruidos, no hay señales, no hay nada. Sólo negrura y silencio.
Va ensanchándose, y tú decides asomarte con la esperanza de poder ver el fondo. Te acercas y atisbas, pero no hay nada. Realmente te esperabas algo menos complejo, algo que pudieras superar; un bache, incluso un océano. Al fin y al cabo, uno se esquiva saltando y el otro nadando. Pero esto es imposible. Como toparte contra una pared.
Sabes que no puedes tolerar quedarte de brazos cruzados, pero si el motivo por el cual ha surgido no sois ni tus motivos ni tú, ¿qué? Eso es algo que se plantea y a veces no hay respuesta. En esa tesitura no vale la teoría, ni los algoritmos, ni los testimonios, ni todos los libros que hayas leído. Sólo te vale la experiencia que tengas, sea mucha o poca.
Mientras eso no ocurra te seguirás viendo desorientado y entre tinieblas. Tú solo porque nadie puede arreglar esa profundidad insondable por ti. No serán pocas las ocasiones en las que maldecirás el día que apareció, ni lamentarás no haber muerto antes de arreglarlo.



Finalmente habrá algo que te haga reaccionar, te dé el impulso suficiente y saltes. Cogerás carrerilla y sin mirar atrás te prepararás. Sólo pueden pasar dos cosas: que lo superes limpiamente o que te caigas en mitad del salto y te engulla.
En la primera no pasará nada; todo irá bien y habrás experimentado el valor que se necesita para saltarlo y lo gratificante que es superarlo. En el caso de la segunda sólo hay que pensar en que igual que caíste, puedes trepar por él y llegar al otro lado. Tarde o temprano llegarás, porque no te conviene ser vencido. Dejarías muchas cosas atrás.


Muchas veces he sentido que las fuerzas me flaqueaban sólo para plantearme el sortearlo. Quise morirme, deseé que nunca hubiera pasado, que ojalá todo hubiese seguido igual. 
Pero como todo reto, me hizo mella y me espoleó. O evolucionaba o me condenaba. Y preferí evolucionar, seguir adelante y echando la vista atrás, reírme de todo lo que me inspiraban esa oscura grieta y el lado en el que ahora me encontraba. Reírme de mis cadenas, de la gente que me echaba en cara que no podría saltarlo.
Así me plantearé los siguientes, porque la vida no es tan fácil, habrá muchos a lo largo del camino -tanto creados por mí como provocados por otros-, a veces sentiré más miedo aún... Pero puedo.

Sé que puedo.

Cry me a river


Por esa gente que le ha llorado ríos durante mucho tiempo a alguien que no los merecía y se ha dado cuenta de ello.
Gente que ahora llora sólo de felicidad.

Weakness

You won’t go far with the life that you’re living . Every day in every way you are getting weaker.

Instintos

- ¿Sabes? Lo mejor es dejarse llevar. Hacer lo que diga tu instinto.
- ¡Pero eso a veces es una locura!
- Tú mejor que nadie sabes que la vida es una locura constante.
-Sí, pero no sé si estoy dispuesta a fiarme de mi instinto siempre. Debo tratar de racionalizar esa parte de la vida en algunas ocasiones.
-No, no deberías hacerlo. Si haces lo que te dicte el instinto, puede que no sea lo adecuado para el resto del mundo, pero sí para ti. Y eso es lo único que importa. Que estés a gusto contigo misma.
-¿Y si le hago daño a alguien que me importa por mis impulsos, por mi egoísmo?
No tuve más remedio que callar y pararme a pensar en una respuesta que la convenciera.
-Bueno... quizá tendrías plantearte otra pregunta.
-¿Cuál?
-Esa persona me importa, pero... ¿le importo yo? Si le importo puede que le moleste mi decisión, pero la respetará y la comprenderá, y con el tiempo, la aceptará. Y si no le importo, ¿para qué molestarme en ser cuidadosa, si ella no lo es conmigo?
-Me va a resultar difícil.
-Nadie ha dicho lo contrario.
-¿Vas a estar ayudándome tú?
-Hasta el final.

Hay tres cosas que me han ayudado a ser lo que soy ahora mismo: la música, la escritura y mi gente. Todas han sido una terapia y un alivio para mí cuando más lo necesitaba. Y no sé vivir sin ellas.

No concibo la vida sin música. Siempre, siempre me ha gustado. Por lo que me contaban mis padres, me relajaba en cuanto oía la primera frase de cualquier nana que me cantasen. Después llegaron las canciones infantiles en el radiocassette de casa o en el equipo de música del salón. Conforme fui creciendo, descubrí lo gratificante que es podértela llevar a cualquier parte. Pasaban los años y eso iba evolucionando: discman -sí, aunque parezca increíble tuve uno-, mp3, iPod y móvil. Muchas noches me quedo dormida con los auriculares puestos y al despertarme al día siguiente la música suena aún. Y me sigue pareciendo un lujo increíble tener la oportunidad de conocer bandas nuevas.
La música me ha acompañado en momentos buenísimos, buenos, normales, regulares, malos y malísimos. Por suerte, ha habido más de los tres primeros que de los tres últimos y la mayoría de las canciones las recuerdo acompañadas de mi voz y de una sonrisa porque estaba feliz.


La escritura... tanto como la música. En cuanto aprendí a leer y escribir conocí un nuevo mundo que no tenía límites. Y un buen día se me ocurrió escribir lo que se me pasaba por la cabeza y todo lo que tenía imaginado desde hacía años. Hasta hoy no he parado de hacerlo. 
Todo el que me conoce sabe que escribir es una parte fundamental de mi vida, que no he abandonado la idea de ser escritora y que por mucho que pase el tiempo siempre que tenga algo que decir y me parezca mínimamente interesante, lo dejaré plasmado. Puede estar mejor escrito, o tener o no valor para alguien, pero con que lo tenga para mí, me es suficiente.
Escribiendo me he desahogado muchísimo de miles de sentimientos. Tanto de los que si no los expresas explotas de pura alegría, como de los que te atenazan la garganta y el alma y no te dejan vivir. Estos últimos en mi caso se han contado siempre por decenas, pero ahora han cambiado las tornas.
Tengo tantos escritos guardados, tanto en el ordenador como en los cajones, que seguramente he olvidado ya el número exacto de todo lo que he ido haciendo desde que me propuse escribir.


Mi gente. Lo último, pero sin duda no menos importante. Familiares, amigos y gente que he conocido (y re-conocido), a lo largo de mi vida. Nos hemos reído y hecho el payaso juntos, me han ayudado a levantarme, me han secado las lágrimas, me han dicho las cosas claras cuando ha sido preciso... a toda esa gente le debo mi manera de ser, le debo mi forma de desenvolverme en la vida.
Todos, a su manera y modo, me han mostrado diversos valores y me han enseñado a aprender sola, algo muy importante. Me han hecho sentirme pequeña cuando he tenido que reconocer que he hecho las cosas mal, y me han engrandecido en todos los triunfos y buenos momentos.
Algunas se han ido, otras se han quedado y aún tengo pendientes de conocer a otras muchas. Y todas me marcarán de algún modo.



Ésos son mis tres pilares básicos. A ellos les debo ser a día de hoy una chica con determinados sueños, manera de ser, sentimientos y capacidades. A ellos les debo ser la persona que soy y en lo que me he convertido.

Radiante

Ayer me comentaron que me ven como nunca antes. "Radiante" según palabras textuales.
No es la primera persona que me lo hace notar. Ya hay varias a lo largo de estos meses que me han dicho que me brillan los ojos de una manera distinta, que me ven de mejor humor, que me río más, me preocupo menos y no lloro absolutamente nada.

¿Tanto se nota el cambio? Rotundamente sí, porque lo he notado hasta yo. Ahora vivo con las preocupaciones normales de una chica de mi edad: ver a mis amigos todas la veces que pueda, hacer mil y un planes, conocer gente, descubrir cosas nuevas, acabar la carrera en verano del año que viene, qué haré a partir de entonces... Y vivo tranquila. Vivo en mi normalidad y estoy muy a gusto.

Agradezco muchísimo que la gente me vea bien, mucho más que cuando me lo dicen. Eso significa que he superado todas las cosas que me han ido pasando y que ya me dan igual. Seguramente he hallado mi particular fórmula de la felicidad, mi propia filosofía de vida.
No tengo por tanto ningún problema en afirmar que ahora estoy mejor que antes. Si fuese así, negaría la evidencia.

También me encuentro mejor porque he vuelto a mis raíces. En todos los sentidos. He cambiado en bastantes cosas, pero también permanece mi antigua yo en otras muchas que dejé aparcadas durante estos últimos cuatro años. No sé por qué las abandoné, pero ahora tiendo la vista atrás para recuperarlas porque las echaba de menos.


Vuelvo a ser la misma a la que miran con sorpresa y le confiesan "no te pega nada todo eso..." cuando dice abierta y orgullosamente que adora el death metal y las películas y series de terror al mismo tiempo que el jazz, el tango y el cine clásico.
Vuelvo a sentir cuando empiezo una entrada nueva en este blog cómo la sensación y el recuerdo de que de pequeña quería dedicarme a ser escritora me recorre las venas.
Vuelvo a ser aquella chiquilla que siempre ha soñado con ser enfermera también y que intenta mejorar cada vez que empieza un nuevo turno en el hospital.
Vuelvo otra vez a ser una chica que siempre que sale lleva la cámara de fotos en el bolso y acaba gastando la batería.
Vuelvo de nuevo a reírme por todo, hasta por mis errores, y a ser risueña las veinticuatro horas del día.
Vuelvo a ser aquella que se ilusiona y emociona cuando tienen algún detalle con ella, aunque sea un simple e inesperado "¿cómo te va?" tras mucho tiempo.
Vuelvo de nuevo a ponerme delante del espejo con un peine, gomas y horquillas, mi mejor pintalabios, mi sombra de ojos, mi eyeliner y mi rímel a experimentar con el peinado y el maquillaje durante horas.
Vuelvo a cantar a pleno pulmón mientras estoy sola en mi casa importándome una mierda si desafino o si llego a los tonos más agudos de la canción.
Vuelvo a ser esa chica despistada de más que perdería la cabeza si no fuera porque la lleva pegada al cuerpo.
Otra vez vuelve a apasionarme pasear sola por Murcia, tranquila y sin prisa, mientras oigo música.
De nuevo vuelvo a intentar hacer reír a la gente de mi alrededor con frases lapidarias y con actos que me darían vergüenza ajena si se los viera hacer a otra persona.

Vuelvo a ser yo tras varios años siendo otra distinta. 

Me gusto así y es por eso por lo que la gente me ve bien. Porque soy otra vez la de antes, sólo que con más experiencia en todos los ámbitos y con ciertos cambios en mi forma de ser, de sentir y de relacionarme con los demás. Pero no he perdido mi esencia.
Ahora sólo me queda mantenerme igual de bien o mejor cada día que pasa y procurar que la gente que me importa esté igual de contenta.

La felicidad está en las pequeñas cosas y por eso me dedico a ellas en cuerpo y alma. Me dedico a estar bien por mí y por los demás sin importarme lo que piense el resto.

Someone

Aun en las noches más oscuras, si está cerca hay un atisbo de luz. Sólo con su sonrisa ilumina toda la estancia en penumbra. Y yo automáticamente me siento bien; sé que está ahí, y que siempre va a estar.

No importan ni el momento ni el lugar, me reconforta que se encuentre cerca. Suele ser sobre todo por las noches, y no se relaja hasta que no me ve dormir. Lo sé porque a la mañana siguiente, cuando abro los ojos, lo primero que veo son sus labios curvados en una sonrisa y sus ojos clavados en mí, vigilándome cual guardián. 
Esa sonrisa permanente es algo que no cambio por nada del mundo. Me alegra el resto del día, y no tiene precio cuando hay un mal despertar.

"Ojalá no me abandone nunca" es un pensamiento que predomina sobre los demás con mucha frecuencia.  Confío en que sea eterno, en que nunca se marche, en que me ayude a levantarme cuando caigo. Rezo por que tenga esa fragilidad y a la vez fuerza que tienen las promesas, ésas que se hacen entre susurros cuando no hay nadie más presente. Esa esperanza es la que alimenta mis días y la que junto a su sonrisa engrandece mis noches.

¿Cómo se puede tener tanta adicción a algo tan simple como una sonrisa? Algo tan efímero y puntual en el tiempo que tiene la capacidad de cambiarlo todo en un segundo. Siempre me lo he preguntado y nunca he obtenido respuesta. Creo que voy a dejar de buscarla porque perdería parte de su magia.

Mientras tanto, que siga habiendo una luz que me ilumine, sea de noche o de día, y que esa luz provenga de alguien que me hace feliz y que es mi mitad. Alguien que me alegra y me hace sentir especial sin importar que esté a miles de kilómetros o rozándome con los dedos.

Fearless

Le he perdido el miedo a muchas cosas.

Al mundo exterior, por ejemplo. A ciertas personas. A que la situación me supere. A no tomar la decisión correcta. A no tener la palabra adecuada en el momento adecuado.
Ya no tengo miedo de mis demonios y mis malos recuerdos. Ya no me tengo miedo a mí misma, y eso es muy importante.

No voy a negar que hay cosas a las que les sigo teniendo pavor y que me hacen rozar la parálisis, pero no dependen de mí en absoluto por suerte. Me da pánico lo que no puedo controlar.


Esta valentía repentina era algo que yo no sabía que podía llegar a tener y que había permanecido escondida todos estos años. Me he puesto a prueba innumerables veces y no lo había valorado en su justa medida jamás. Y hay gente que tampoco lo ha valorado, pero eso es lo de menos.
Es lo de menos porque es algo que me incumbe sólo a mí.

De repente un buen día me levanté de la cama y tomé la determinación de que no me iba a acobardar. No por alguien o algo que estuviera, como mínimo, al mismo nivel que yo.
Ahora he aprendido que nadie me levanta la voz. Nadie que no haya logrado el derecho a hacerlo. Pero la voz alta gratuitamente ni por asomo. Hace un tiempo sí porque no tenía toda la experiencia que tengo ahora -que tampoco es mucha-, pero ya no.

Me queda mucho camino por recorrer y no me avergüenza admitirlo. Pero ese camino ahora lo ando teniendo claro que no me voy a achantar y que no le tengo terror a cosas que antes me parecían escollos insalvables y con el tiempo se han convertido en gilipolleces.


No me considero más valiente que el resto de la gente, pero sí con respecto a mi yo anterior. Ahora las ocasiones en las que me siento perdida, pequeña y sola son muchísimas menos que hace un tiempo. De hecho, creo que no he vuelto a sentirme así desde hace casi seis meses.

Ya no me da reparo decir las cosas como son , y hacerlas como yo quiero y no como los demás esperan que las haga. Así me quedo tranquila conmigo misma, que es lo que cuenta al fin y al cabo.



"A nada en la vida se le debe temer. Sólo se le debe comprender." Marie Curie

Luces de ciudad

Esta ciudad ha cambiado muchísimo para mí.

Antes se me quedaba pequeña, más de lo que ya es; me ahogaba en su rutina, en sus cuatro calles interesantes, en los parques, nunca demasiado llenos para mí, y en la orilla del río.
Ahora, no obstante, siempre descubro algún rincón nuevo que tiene su encanto. Hasta la avenida más luminosa y que he recorrido infinitas veces de mil maneras distintas ha cobrado otro sentido. Incluso la callejuela tortuosa más estrecha y pequeña es diferente y está impregnada de emociones nuevas y agradables.

Ahora que las cosas han cambiado y que mi vida se encuentra en otra etapa, he vuelto a reencontrarme conmigo misma. Y una de las ideas que me rondan la mente es que esta urbe, con calles que he recorrido muchas veces, lloviera, tronara, hiciera sol, calor o frío, hubiera viento o una sequedad infernal, vuelve por fin a ser mía.

Vuelve a ser mía y eso me hace sentir a gusto con ella, conmigo y en general con su ambiente.

Mía y sólo mía. Sin nada ni nadie de por medio.

Vuelvo a caminar sin vacilar por todos y cada uno de sus recovecos, oyendo música como siempre, y absorta en mis pensamientos como de costumbre. Sin tristeza de ningún tipo; eso ha dado paso a una extraña y dulce serenidad que no conocía.
A pesar de que vivo en mi normalidad, la ciudad ha cambiado y yo con ella. Ambas hemos dado un giro para bien.

Es una sensación indescriptible pasear sola y sin que me asalte ningún recuerdo que me haga sufrir. Volver a rondar por lugares que en su momento fueron especiales por diferentes causas y personas, y ahora son sólo eso: lugares. Paso por delante y simplemente me adueño de ellos, cambio su percepción a mi antojo y los veo distintos, desvinculándome de todo lo que me supusieron en su momento. Me acerco, los miro, no siento nada y me voy alejando.
Creía que eso no iba a pasar jamás, pero sí, ha pasado y mucho antes de lo que imaginaba. Mejor.

Es entonces cuando me doy cuenta de que la ciudad ha adquirido otra nueva perspectiva, otra nueva luz que me gusta. Aún cuando hay tormenta y oscuridad, sigue brillando, y yo sonrío pensando en lo mucho que me gusta ese nuevo cariz que ha tomado. Da igual que sea de día o de noche, haya sol y luna o no.

Me gusta cómo la estoy adaptando a mí. Me gusta saber que tengo capacidad de reinvención.

Tengo en mi mano la opción de verlo todo distinto para bien en todos los aspectos, y eso incluye este lugar que ya no me asfixia, sino que me da libertad para explorarlo y sacar lo mejor de él, sola o acompañada de alguien especial.

Realmente no sé si éste es mi sitio o no, eso lo dirá el tiempo; lo que sí sé es que de nuevo estoy bien en esta ciudad, que me envuelve entre su gente y su sol, entre su alegría y sus luces, brillando de noche como un faro en mitad de la mar cuando hay tempestad.

Si no eres capaz de controlar tu vida, ¿quién lo hará? Nadie, nadie podrá hacerlo. Podrán intentarlo, pero un día te rebelarás contra eso. Estallarás, y dirás "no".
De eso mismo se trata, de ser tú y sólo tú la persona que rige tu destino.

Tú decides si quieres seguir anclado en el pasado o seguir adelante.
Tú decides si prefieres hundirte viviendo de recuerdos (bonitos, pero recuerdos al fin y al cabo), o ser capaz de seguir adelante con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva.
Tú decides si quieres ser libre o atarte, echarte cadenas invisibles e intangibles que pueden asfixiarte hasta lo impensable.
Tú decides si dejas que las personas te cambien y te moldeen a su antojo, o seguir siendo como siempre, con tus virtudes y tus defectos.
Tú eres la persona que debe ponerse metas y hacer lo imposible por alcanzarlas, por comerte el mundo y tocar el cielo.
Tú eliges si hacer tus sueños realidad o apartarlos de tu mente.

Tú decides si quieres ser feliz o no.
Cerrar los ojos.
Saltar al vacío.
Quedarte sin aire.
Subidón de adrenalina.
Angustia. Inquietud.

Ves toda tu vida pasar ante tus ojos, como en una película.

Sigues cayendo.
¿Cuánto falta para que termine?

Tu vida continúa pasando. Tus recuerdos, tus relaciones, tus conocimientos, tus vivencias. Todo.

No queda mucho ya.

3 metros, 2 metros, 1 metro...

Te arrepientes en cuanto tu cabeza choca contra una superficie dura. Notas el golpe, notas un dolor intenso.
Pronto no sentirás nada más. O eso esperas.

Pasa un minuto. ¿O quizás es un siglo? No lo sabes.

Lo curioso es que pasado un tiempo, ves que puedes moverte. Puedes abrir y cerrar los ojos, mover los dedos, los brazos, las piernas, la cabeza. 

Pruebas a levantarte y lo logras.


Si puedo levantarme, puedo caminar otra vez.


Una vez más, un día más, le has demostrado al mundo que has podido superar otro embate. Que empiezas de cero y todo será diferente.

Hay gente que libra esa batalla no todos los días, sino a todas horas.

Gente anónima y valiente, que aprecia todo lo malo porque la ha hecho ser fuerte y avanzar.

Tú no vas a ser menos. Pudiste una vez, podrás las siguientes.

Y el resto no importa.



La próxima caída te dolerá menos. Y así sucesivamente hasta que llegue un momento en que no sientas nada porque has crecido y lo has superado todo.

Days

Lo he intentado, lo he intentado con todas mis fuerzas y lo he conseguido. Cada día que me levanto lo hago con el convencimiento de que, si esto es bueno, lo mejor está aún por llegar. Salgo de la cama con la creencia de que depende de mí y sólo de mí que el día de hoy sea mejor que el anterior.

Hope

"Sé que tras la oscuridad el cielo es más azul"

Siames

Por mucho que pasen el tiempo y los acontecimientos, los buenos amigos siguen ahí. Aunque creas que no por motivos de distanciamiento, lo que supone casi siempre una agradable sorpresa.

Ésa es una de las mil afirmaciones que puedo hacer de mis dos siamesotas. Que pese a todo lo vivido por ellas y por mí este verano, no se ha perdido el contacto. Espero que a partir de aquí no sólo no se pierda sino que se refuerce; porque se lo merecen ellas y porque me lo merezco yo. Porque da gusto tener a tu alrededor a personas así.
Somos fuertes y se lo hemos demostrado al mundo. Tanto a ellas como a mí nos da exactamente igual lo que ocurra, seguimos enfrentándonos a todo lo malo que pueda venir con ánimo.

Realmente me ha sentado muy bien volver a estar con ellas, aunque sólo hayan sido un par de horas. Pero de esos 120 minutos que hemos compartido, me han sobrado 115 para saber que están bien como están, se encuentran genial y que van a estar ahí siempre que se las necesite.


Puede que no las conozca tan bien como otras personas, pero sé que se han apoyado muchísimo mutuamente cuando se han necesitado y que están dispuestas a echar una mano siempre. Y que van a apoyarme a mí en caso de que lo necesite en alguna ocasión.
A partir de ahora espero infinidad de planes con ellas: helados, cenas, cine, salidas nocturnas... lo que ellas quieran. Yo estoy dispuesta a todo.

Noches

Hoy es una de esas noches en las que río sin motivo.
Hoy es una de esas noches en las me acostaré contenta porque el día me ha ido bien y la vida me sonríe.
Hoy es una de esas noches en las que confío en seguir con esta buena racha para siempre.

Freedom

Se han acabado las noches frías. Se han acabado la incertidumbre y la oscuridad.
A partir de ahora sus madrugadas son de luna llena y calidez aunque el cielo sea oscuro y no brillen las estrellas.

Se tiene a sí misma y a sus cicatrices. Toda ella es un cúmulo de lo que ha vivido.

Es quien es por sus recuerdos, sus relaciones, sus emociones, sus experiencias y sus actos.
Ahora sabe que es fuerte; las marcas en su alma, su corazón y su piel lo atestiguan. No le importa lo que pueda venir porque ha salido de cosas peores.

Ya no está triste ni por nada ni por nadie. Hace mucho tiempo que no llora porque le hayan hecho daño. Ahora sólo llora cuando cree que no puede ser más feliz. Encara la vida de una manera diferente y se siente libre y viva.
Los malos recuerdos están encerrados bajo llave en un rincón oscuro y olvidado de su memoria y no los piensa sacar de nuevo.

Le queda toda la vida por delante y quiere exprimirla al máximo. Quiere ser libre a cualquier precio.



Todos sus días luce el sol y hace calor, todas sus noches huelen a jazmín y hay luna y estrellas que brillan como nunca antes, con un sentido nuevo.

Se asoma a la ventana de madrugada y sonríe, sonríe porque todo le da igual.

De fondo suena esa canción que la ha ayudado a ser fuerte y simboliza su resurgir de entre las cenizas.

Mañana, a pesar de ser igual a hoy, también será distinto. Distinto a su vida pasada en la que todo era uniforme y gris.

Y cada jornada su ilusión y sus ansias de libertad aumentan.

Acorazada

Normalmente suelo sonreír por todo, desde siempre.
Hasta cuando las cosas me van mal le pongo al tiempo buena cara.

La gente cuando quiere puede llegar a hacerte un daño tremendo, pero a mí siempre me ha funcionado bien pasar del tema y responder con una franca carcajada a todo lo malo que me digan. Puedo pasar por una persona que es tonta porque se ríe cuando la critican, o incluso creen que no me entero de que se burlan de mí; pero es justo lo contrario. 
Me río de lo que me dicen porque es la única manera de sobrellevar la vida y de demostrarles que no me importa que se rían de mí, porque ya lo hago yo a diario.


Me da igual que me machaquen, por bastantes cosas he pasado ya como para dejarme dominar por gente que no me conoce ni sabe nada de mí; que opine si quiere, que lo hace sin conocimiento de causa. No pueden hacerme daño de ninguna manera, ni aunque lo intenten.

Yo he elegido que mi coraza sea ésa: pasar de lo que me digan sin amargarme por ello. No soy insensible para todo; sólo para las gilipolleces o los ataques mordaces que dice la gente sobre mí.

¿Para qué estar triste de más si la vida ya lo es de por sí?


Una amiga me dijo hace unos días que no me dejara pisotear nunca por nadie, ni por amigos ni por desconocidos. Era algo que yo ya sabía, pero que me ha venido bien recordar y volver a aplicar. Estos días hablando con ella me han servido para afianzarme en la opinión de que siempre hay un motivo para vivir, y lo más importante: para sonreír.


Por muy mal que vaya todo, siempre hay algo que te sacará una sonrisa: una canción, un momento, una frase, una persona.

Siempre sonriendo y con buen pie.

She

Todo se remonta a junio de 2009, en plena Selectividad.
Siendo de institutos diferentes, había una probabilidad entre un millón de coincidir en el mismo aulario. Pero estaba ahí, sentada en el banco que había a mi derecha al otro lado del pasillo, preguntándome a mí si su calculadora serviría o no para hacer el examen. Y eso que yo tenía aún menos idea que ella. Como estaba tan nerviosa, le respondí casi gritando: "¡No, no lo sé!".
Al acabar el examen no le di más vueltas. Simplemente una chica que hacía la Selectividad en el mismo itinerario que yo me había preguntado una duda. Al final del día ya ni me acordaba de ella.

La sorpresa llegó en septiembre, en los primeros días de clase. Una mañana me asaltó una muchacha de pelo largo, larguísimo y oscuro, y gafas. Se plantó frente a mi sitio y me espetó: "¡Hola! ¿Te acuerdas de mí?". Yo me vi tan bloqueada que contesté inmediatamente que no. Pareció desilusionarse y siguió preguntándome con la esperanza de refrescarme la memoria. "¿De verdad que no te acuerdas? ¿No recuerdas el examen de Química de Selectividad en junio? Una chica te preguntó si su calculadora era programable...".
En ese momento todo cuadró y me acordé de repente. Mi cara debió de reflejar una sorpresa infinita porque me lo dijo.
"Era yo. Encantada, me llamo Ana", se presentó con una sonrisa enorme.



Y desde aquel entonces somos inseparables. Hemos compartido mil y una historias siempre juntas. Hemos vivido cientos de experiencias. Hemos hecho infinidad de cosas y nos hemos contado tantísimos secretos y tenido tantas charlas trascendentales que estamos unidas por un nexo más fuerte que el la simple amistad. Ha llegado un momento en que ella ya sabe lo que me pasa por la cabeza y cómo me siento sólo con mirarme de reojo.

Se alegró muchísimo y sinceramente de que yo fuera a ver en concierto a un grupo que adora, sabiendo como sabía que no tenía permiso para ir a verlos conmigo y era una de las cosas que más queríamos las dos en este mundo. Es más, incluso estuvo preguntándome a pesar de que a mí no me gustaba recordárselo. No me canso de repetirle, más de un año después de aquello, de que al próximo iremos juntas cueste lo que cueste.

Ha estado conmigo todo este tiempo aguantando como una santa lo que he ido corriendo a decirle, contarle o confesarle, ya fuera exultante de felicidad o llorando hasta la desesperación, y siempre ha habido felicitaciones, aprobaciones, palabras de ánimo, un abrazo, una sonrisa o algo que me hiciera olvidar si lo estaba pasando mal. 
Y cuando ha tenido que ponerme en mi sitio y decirme que no tenía razón, lo ha hecho sin problema ninguno y sin medias tintas.


Hemos compartido ratos de película las dos solas, sin poder para de reír durante horas; pero también hemos atravesado momentos dolorosos, muy dolorosos, de incertidumbre y angustia. Y hemos salido victoriosas de todos los trances.

Puede que estemos tan unidas porque hemos pasado por situaciones personales similares. Para el resto del mundo puede resultar una tontería, pero para nosotras es algo vital porque así nos comprendemos mejor y nos unimos más.

Cada una tiene ambiciones y sueños distintos, pero al fin y al cabo, nos ayudamos, nos apoyamos y nos damos ánimos para conseguirlos. De momento no ha habido nada que no hayamos logrado.



Si después de prácticamente cuatro años todavía dudas de lo que te aprecio, de lo importante que eres y de lo muchísimo que vales, es para matarte, Shadows.
Coger aire y respirar, que se te llenen los pulmones sin ningún tipo de dificultad.
Sentirte bien contigo misma y con todo lo que te rodea.
A pesar de que lo que haya alrededor te oprima, tú estás bien. La gente, sus problemas, el mundo. A ti te da igual porque te encuentras bien y esa sensación es indescriptible. Vuelves a coger aire, respiras hondo y disfrutas.

Tienes ganas de seguir respirando y no dejar nunca de permanecer en ese estado; de estar para siempre así. El problema es que es una situación muy efímera... tan pronto respiras y tienes ganas de llorar de pura felicidad, como te hundes. De un momento a otro y por cualquier cosa.
Respiras y sonríes al oír una canción que te gusta, o te trae buenos recuerdos, por ejemplo. Algo tan simple como eso. Desaparece el mundo y te evades unos minutos.
Pero de pronto hay algo que te hace recular, desesperarte y caer.

Por raro que parezca, esa volatilidad es buena señal. Significa que estás vivo, sientes y padeces, y por tanto adquieres experiencia.

Respira. Aprovecha cada bocanada de aire. Da gracias por hacerlo.
Sufre, porque así maduras.
Siéntelo todo con intensidad, lo bueno y lo malo.

En una palabra: Vive.


Routine

Dentro de unos días vuelvo otra vez a mi antigua vida.


A madrugar, a desayunar medio dormida, a viajar durante media hora en autobús para llegar al campus y sentarme en una silla incomodísima durante varias horas, tomando notas que en un principio considero sin sentido de una asignatura que me resultará aburridísima.
Al salir me tocará quedarme a comer arriba como muchas veces estos tres últimos años; estudiaré en los ratos libres entre comida y clases, y por la tarde, más de lo mismo: sentada más horas, con un dolor de cabeza insoportable y atendiendo lo mejor que puedo a una presentación en Power Point que se me hará eterna.
Acabarán las clases cuando ya sea de noche y volveré a mi casa. Ducha, cena y ordenador. Y a una hora prudente me acostaré para que el día siguiente sea igual.


Realmente poco ha cambiado de un curso para otro. Ha sido así desde que empecé la universidad, allá por septiembre de 2009. Pero siempre me han acompañado buenos momentos, desde que crucé el umbral de la facultad.
Y este año, por ser el último de carrera, me lo voy a tomar a lo grande en todos los aspectos. Voy a disfrutar de cada momento, de cada hora de clase (sí, aunque parezca increíble me esforzaré en que así sea), de cada descanso, de cada viaje en autobús, de cada rato de estudio... de cada momento que comparta con mis amigas sin importar hora ni lugar. Nuestras risas, desayunos, comidas y meriendas, chistes, confidencias, viajes en coche, canciones cantadas a voz en grito en nuestros ratos libres, incluso lágrimas, que también ha habido a lo largo de estos años en los pasillos. De todo lo malo se aprende.


Voy a vivir este año plenamente, por ellas y por mí. Las rutinas serán las mismas quizás; lo que no será igual para nada es la actitud con la que las encararé. Es diferente a la de otros tiempos. Me voy a volcar para lograr que este año sea todavía mejor que los tres anteriores juntos.

¿No dicen que los placeres de la vida se encuentran en los pequeños detalles? Es hora de comprobarlo y vivirlo en propia piel.


Quedan muchísimos momentos memorables por vivir; entre ellos, nuestra verdadera salida al mundo real y los nervios propios de un grupo de chicas jóvenes que de repente están capacitadas para trabajar en lo que siempre han soñado y no tienen a nadie diciéndoles cómo desempeñar su profesión. Chicas jóvenes que están empezando a ser dueñas por fin de su propia vida.
Juntas empezamos a construir esa vida y juntas vamos a acabar la primera etapa de la construcción.

Pero para ello primero hay que atravesar durante todo un año una rutina... la última rutina antes de que por fin uno de nuestros mayores sueños se haga realidad.

Stronger

Comprobadísimo que lo que no me mata me hace más fuerte. Ninguna de las cosas que me han pasado a lo largo de la vida ha logrado doblegarme. Siempre he salido reforzada, con mayor o menor esfuerzo.
Más reforzada y segura de mí misma.

Quizás obré correctamente, quizás no. El caso es que no me arrepiento de nada, ni de lo que hice ni de lo que no hice, durante todos los años que he vivido. Y ahora estoy muy bien. He alcanzado una estabilidad aceptable y me encanta.
Atrás han quedado las inseguridades, los miedos y entonar los mea culpa sin necesidad. Las lágrimas por la gente que me hizo daño hace muchísimos años en una etapa convulsa de mi vida y la furia que sentía cuando necesitaba que alguien me escuchara y no había nadie. Ya no recuerdo los nombres de los demonios que me asolaban muchísimas noches oscuras cuando pensaba que no valía nada y que mucha gente estaría mejor sin mí.

Siempre he sido una persona de autoestima baja. Pero un buen día me dije que aquello no era ni justo ni bueno para mí, que no podía seguir menospreciándome porque si yo no me quería, ¿quién iba a hacerlo? Así que me obligué a quererme y a apreciar sin ningún tipo de falsa modestia todo lo bueno que tengo en cualquier aspecto.

Por eso estoy convencida de que no ha habido nada, hasta el momento, que no haya superado. Si no lo hubiera hecho no habría tenido valor para volver a reencontrarme con ciertas cosas y me habría perdido muchísimas más.
Creo que he llegado a un punto en el que me encuentro en sintonía con el mundo. Él suena, y yo también al unísono. Si me quiere poner pruebas, que lo haga; estoy convencida de que las superaré todas y me llevaré algo bueno.
Hay gente que lo ha pasado mucho peor y ha salido a flote. Si ellos pudieron, yo también.

Y si la gente de mi alrededor falla (que lo dudo muchísimo), tengo que tenerme a mí misma para animarme y afrontar nuevos retos.
Me encanta este estado en el que me encuentro ahora mismo. De verdad, me encanta. No preocuparme ni por nada ni por nadie, no agobiarme por lo más mínimo. Sólo despertarme cada día pensando en nuevos planes que no implican nada negativo. Es una agradable rutina.

Este verano me ha venido como anillo al dedo. No he hecho nada fuera de lo normal, pero ha sido diferente. Estos dos meses he redescubierto muchísimas cosas.
He redescubierto que me quiero más que antes tras un tiempo de autoestima baja y que valgo más de lo que pensaba. He redescubierto que soy fuerte y que puedo superar ciertos embates. He redescubierto lo que pueden disfrutarse las pequeñas cosas y los detalles. He redescubierto que hay gente a la que le importo aunque no me lo demuestre abiertamente. He redescubierto que mi capacidad de soñar no tiene límites. He redescubierto un estilo de vida que creía olvidado y que ahora me gusta. He redescubierto que puedo entregarme a ciertas personas sin reservas y sin importarme lo que piense el resto. He redescubierto que puedo vivir perfectamente sin ciertas cosas. He redescubierto a una persona a la que creía lejos de mí y me ha dado muchas alegrías -más de las que ella pueda incluso llegar a imaginar en sus mejores momentos-, y con la que me siento en deuda. Y lo más importante: las he redescubierto a ellas.

Han estado ahí mucho, mucho tiempo, dándomelo todo sin esperar nada; han soportado pacientemente horas enteras hablando conmigo y apoyándome; cuando las he llamado han estado ahí. Y también nos hemos reído muchísimo de muchísimas cosas en esos días en los que creía que nunca más volvería a poder hacerlo con sinceridad y franqueza. 
Es en parte gracias a ellas por lo que este verano he tenido (y tendré) una sonrisa en la cara sin remordimiento alguno. Y también es por ellas por lo que me siento genial y con ganas de comerme el mundo; es por ellas en su mayor parte por quien estoy bien 100%.
Este verano me he unido más a ellas en perfecta simbiosis. Y espero que por mucho que pase el tiempo sigamos igual de unidas.

Sabéis que os quiero muchísimo.

Dùn Èideann

Realmente no tenía pensado ir a la capital escocesa, pero tras hablar con una amiga que la ha visitado y leer cierto libro ambientado en esta ciudad he cambiado de opinión totalmente.

Me llama la atención su estilo en general, su arquitectura, y sobre todo sus leyendas, a cada cual más sorprendente. Nunca creí que pudiera tener tantas.

Habrá que ir a comprobarlo de primera mano, puesto que yo soy una chica enamorada perdidamente y sin remedio de las leyendas y las historias de fantasmas. Y a juzgar por lo que he leído, me han contado y me han enseñado de esta ciudad, no hay un escenario mejor para ello: castillos, ruinas, edificios antiguos...

Y no quiero simplemente viajar y verla en tres días como cualquier turista, sino que el cuerpo me pide disfrutarla. Disfrutar de un sitio en el que sé que puedo sentirme como pez en el agua.

Esto podría extenderse también a Escocia en general; pero realmente lo que despierta mi interés y mi curiosidad fantasmal es Edimburgo.




Fall

A veces los tropiezos te pillan de improviso; otras los ves venir y estás preparado para caer.
Pero no por esa previsión la caída será más leve. Puede dolerte incluso más porque quizás no sabes cómo evitarla aun viéndola de lejos.
Siempre que me caiga o alguien me tire, me volveré a levantar. Si pude hacerlo la primera vez volveré a hacerlo las siguientes, con ayuda o sin ella.
Me levantaré porque al mundo le importa una mierda que yo esté en el suelo. O me pongo en pie, me arreglo y giro con él al mismo compás o me quedo atrás con todo lo malo que eso conlleva.

Y si en vez de caerme resulta que me han tirado, no le voy a dar a la persona que lo haya hecho el gusto de que me vea en tierra. Ni a ella ni a los que se rían. Por la cuenta que me trae.

Llevo mucho tiempo sin caer al suelo y espero seguir así bastante más. No quiero caer aunque es inevitable a lo largo de la vida; pero puestos a pedir, prefiero ir al suelo por mí misma a que alguien me empuje. Siempre arriba con la cabeza bien alta y dándome todo igual.

A veces me valgo sola; otras, necesito una mano amiga.
Por suerte tengo una personita que me ayuda siempre, estemos ambas donde estemos y sin necesidad de pedirlo. Pueden separarnos cientos de kilómetros, pero si una se cae, la otra lo deja todo y va corriendo a darle la mano y levantarla. Este verano me ha servido para darme verdadera cuenta de lo importante que es esa personilla para mí. Ya lo era de antes, pero a partir de julio de este año, todavía lo es más. Nos conocimos por casualidad hace unos años, en un momento crucial para nuestro futuro, y hasta el día de hoy aquí seguimos; riendo y llorando juntas.
Le debo muchas cosas y no sé cómo devolverle todo el apoyo que me ha dado.

La gente te puede decepcionar y hacer que tropieces. Sí, tropiezas y caes porque no te esperabas una cosa así después de todo. Pero con las mismas te recompones, te pones en pie y sigues adelante. A veces cuesta,  los primeros pasos son vacilantes, pero al tiempo se vuelven firmes y seguros.
Si te decepcionan, media vuelta y a seguir.

Stand up and fight. Always.

Anhelos

Dos meses enteros dan para reflexionar, y mucho.
Mis prioridades, ciertos puntos de vista, mis actitudes... yo misma en conjunto he cambiado. 

De todas maneras, algo que seguro no ha cambiado en mí son mis anhelos. Sigo teniendo miles y miles de sueños, planes de futuro, aspiraciones que me veo obligada a cumplir. Y muchos de esos sueños, planes y aspiraciones se han sumado a los antiguos.
Porque me lo merezco. Me lo he ganado.

Hay cientos de lugares por visitar, muchísimas personas a las que conocer, muchas conversaciones por mantener, miles de canciones nuevas por escuchar y experiencias nuevas que sentir. Y la verdad, me apetece.

He insistido muchas veces en que anclarse en el pasado no es bueno, pero te da una base sobre la que apoyarte y nunca está de más tenerlo presente. Partiendo de ese pasado sabes lo que quieres y lo que no.

Yo ya tengo claro lo que quiero. Quiero vivir al máximo y ser todo lo feliz que pueda. Quiero descubrir cientos de cosas. Quiero materializar todo lo que he pensado, todo lo que he soñado a lo largo de los años y he olvidado en un rincón de mi memoria por considerarlo inútil o estúpido.

Cuando me apetezca reír, reiré. Cuando me apetezca bailar, bailaré. Cuando me apetezca viajar, viajaré.
No me voy a privar.

Éste es mi momento y a por él que voy.
Me siento viva.

:)

Sonríe, sonríe sin parar y sin que nada te importe.

Ya lo decía Nina Simone: "I've got my smile".
Y eso nadie te lo podrá quitar jamás.
Soy de la opinión de que el que no es feliz es porque no quiere. Suena estúpido, pero yo lo veo así. Yo quiero ser feliz y desde luego creo que voy por el buen camino.

Así que ahora toca sonreír por todo.
:)

Nordic hazel

Sí, otro sitio al que sueño ir es al norte de Europa; más concretamente a Suecia y a Finlandia. Hace por lo menos seis años que es algo que tengo en mente.

















Debe ser impresionante que aún sea de día las doce de la noche en verano. Y también debe ser bonita una tierra salpicada de lagos y en la cual pueden verse auroras boreales.


Escandinavia está en los primeros lugares de mi lista particular.





Magia

"[...] o
simplemente mirar aquellos preciosos y brillantes ojos rasgados color avellana llenos de magia que
me hechizaban de una manera inexplicable e irresistible y que necesitaba para vivir hasta límites
que yo nunca creí alcanzables."
Continuamente estamos conociendo a gente. Conociéndola y despidiéndonos, y muchas veces es duro ir dejando a ciertas personas por el camino.
Muchas de esas personas han marcado tu vida de alguna manera y no importa la relación que las una a ti. A ellas les debes en gran medida lo que eres. Son parte de tu historia, tus emociones, tus experiencias, tus recuerdos. Y esos recuerdos pueden ser felices hasta  lo inimaginable o dolorosos hasta el punto de tener que olvidarlos o por lo menos intentarlo.


Las personas que conoces e irrumpen en tu existencia son imprevisibles, aunque la gran mayoría pasará de puntillas por tu vida y ni te darás cuenta de ello. Y a decir verdad, muy poca gente que conoces tiene el poder, la magia de hacerte reír y llorar a la vez, o de olvidarte por un momento de todo y dejarte caer desde la nube. 
Pueden dejarte una señal indeleble que te haga sonreír cada vez que la ves o la recuerdas, o que ojalá pudieras eliminar,  pero es imposible.

En cuanto a las personas que se van... qué decir. A veces son conscientes del daño que te hacen marchándose. En ocasiones se alejan temporalmente, o por el contrario no vuelven nunca más por diferentes motivos. Si las conoces de toda la vida puede ser que te duela que se marchen, aunque no lo sepas en ese momento. Te darás cuenta después. Si realmente te importaban lo sufrirás. 
Y será aún peor si tú también les importabas a ellas y lo sabías porque te lo demostraron con hechos. 
Creerás que se te parte el alma y no ves más allá de ese vacío que han dejado. Pero el tiempo ayuda a curar.


Toda la vida es un ciclo de relaciones, de llegadas y de salidas buenas o malas. De relaciones intensas o pasajeras. 
De compañeros que sólo están para lo bueno y de personas que niegan ser tus mejores amigas a pesar de que las evidencias muestran justo lo contrario.
De parejas que son para toda la vida y de simples chicos con los que pasar una noche y nada más.
De familiares que sólo quieren verte sufrir y conseguir lo máximo posible de ti y otros que te quieren con toda su alma y te ayudan desinteresadamente.

Cualquiera de estas personas influirá en ti, te dejará marcas o cicatrices; puede incluso que las dos cosas a la vez. 
Marcas que te recuerdan los buenos momentos y cicatrices que no soportas ver porque se reabren haciendo de nuevo heridas. 







Sea como sea, procura proteger a las personas a las que más quieres. No las dejes marcharse porque te devolverán todo el interés y el cariño que has depositado en ellas.

Sueños

"Nada os pertenece en propiedad más que vuestros sueños".
Friedrich Nietzsche


"Estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra pequeña vida termina durmiendo"
William Shakespeare


"Se puede matar al soñador, pero no al sueño"
Ralph Abernathy


"Ten cuidado con tus sueños; son la sirena de las almas. Ellas cantan, nos llaman, las seguimos y jamás retornamos"
Gustave Flaubert


"Quienes piden lógica a la vida se olvidan de que es un sueño. Los sueños no tienen lógica"
Amado Nervo


"Verdad son los sueños mientras duran, pero, ¿qué es vivir sino soñar?"
Alfred Tennyson


"[...] que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son."
Segismundo, "La vida es sueño" (Pedro Calderón de la Barca)

Life

Dalia estaba contenta. Mucho. Había conseguido lo que quería: ser plenamente feliz junto a la persona a la que más quería en este mundo.
Por fin estaban juntos tras mucho pelear y enfrentarse al resto de la gente.
Realmente no le iba mal a ninguno de los dos: ambos tenían su propia vida, sus propios sueños y no dependían económicamente uno del otro. Dependían emocionalmente, pero habían aprendido a no obsesionarse por eso.

Ante ellos se abría un universo de posibilidades, de planes de futuro juntos, de viajes, de noches enteras sin dormir, de besos inesperados y de desayunos en la cama. De conciertos a los que ir, de regalos que hacerse, de amigos a los que conocer y con los que estar a gusto. De vuelos que coger y hoteles en los que alojarse. De carreteras desiertas que recorrer de noche o de día, de maletas que hacer y deshacer. De puestas de sol en el muelle de cualquier puerto o en la arena de cualquier playa.
En fin, de disfrutarse mutuamente toda la vida y en todos los aspectos sin tapujos. En cualquier momento y en cualquier lugar: en la calle, con los amigos, un domingo de lluvia o en la cama una noche de verano a media luz.



Al principio nadie apostaba por su relación. "Sois muy distintos", "Será pasajero"... pero tras ser amigos de niños, odiarse en la adolescencia y empezar a salir en el primer año de universidad, habían pasado muchos años. Tantos, que ella no concebía su vida sin él. Siempre había estado ahí, presente o en la sombra. Juntos habían reído, habían llorado, e incluso se habían peleado e insultado en el instituto.

Eso sólo significaba para Dalia que él nunca le iba a fallar. Jamás. Había visto su lado bueno y su lado malo. Y lo adoraba como él la adoraba a ella. Ahora que habían acabado la universidad y ambos habían logrado tras mucho tiempo y penurias conseguir un trabajo que les ayudaba mínimamente a sobrevivir, querían comerse el mundo y no les importaba que nadie les entendiera. Se tenían el uno al otro y con eso bastaba.

Les iba a ir bien, muy bien. Dalia lo sabía. Si habían podido superar el desprecio de la gente por considerarles "inmaduros", podrían superar el resto de su vida juntos.

R*


No sé si lo leerás o no, pero ojalá que sí. Procuraré conseguir que entres aquí, leas esto, sepas que hablo de ti -te habrás dado cuenta incluso antes de empezar a leer-, y tengas en cuenta que eres importante y que vales muchísimo.

Simplemente decirte que a pesar de todo lo malo que haya sucedido últimamente, hay gente que espera verte feliz, que espera ver que te levantas y dejas lo malo atrás.
Aunque no te lo creas, entre esa gente me encuentro yo. Seguramente no te esperabas ver que esta entrada es para ti. Pero sí, es en tu honor. ¿No viste uno de mis (tantos) tweets hace pocas tardes? ¿No te dejé caer cuando nos vimos que esperaba actualizaciones nuevas?

Ya estás viendo que no pierdo detalle de todo lo que muestras, y que, aunque no lo supieras a ciencia cierta hasta hoy, ahí estoy, escondida tras la pantalla siguiendo tus pasos.

Por lo que estoy viendo, de momento vas bien. Seguramente tendrás tus más y tus menos, tus momentos buenos y tus momentos malos, no lo dudo; tus momentos de tristeza y tus momentos de normalidad; tus “dos minutos”, cuya existencia conocí hace unos días de forma indirecta. Olvídate de ellos y redúcelos a cero. Mirar atrás no es signo de debilidad, pero no lo hagas ahora. Ahora no.

Por desgracia no nos vemos mucho, pero te habrás dado cuenta de que, explícita o implícitamente, me preocupas y quiero verte bien. Lo que pasa es que me da un poco de miedo expresarlo por si meto la pata o digo algo que no debería o te sienta mal. Hay cierta persona que te conoce mejor que yo a la que le he comentado esto, y me ha animado a que te lo haga saber. Como para estas situaciones soy un poco patosa, prefiero dejártelo escrito. Además, las palabras se las lleva el viento; aquí no se irán.

Tampoco sé qué más decirte… que estoy aquí para lo que sea, como ya te dije en privado hace unas cuantas noches. Y que hay alguien fuera que está esperándote con infinita paciencia, aunque aún no lo sepáis ni él ni tú.

Sé fuerte y no le des a nadie nunca el gusto de que te vean hecha polvo.

Ánimo peque. Como tú bien dijiste… “que hoy vas a poder”.

A partir de ahora siempre hará Sol.