"Éramos sólo dos niños, mas tan grande nuestro amor,
que los ángeles del cielo nos cogieron envidia. 
Pues no eran tan felices, ni siquiera la mitad,
como todo el mundo sabe, en aquel reino junto al mar."




Cuando se juntan escritura y música salen maravillas como ésta.

Brani

Canciones que inspiran libertad.
Que incitan a soñar despierto.
Que llevan a otros sitios.
Que lo mismo hacen reír a carcajadas o llorar a lágrima viva.

Nunca se sabe. Puede ser que en cuanto las oigas empieces a cantar, o a bailar incluso. Que te hagan abrir la ventana y asomarte a ella al despertar, como en las películas... o que te hagan quedarte en la cama y no salir en todo el día.
Las canciones tienen un poder, una magia especial con la que consiguen esta clase de cosas.

Hay canciones para todas las ocasiones: para cuando estás en lo más alto, o por el contrario, hundido en la mierda más absoluta. Para cuando estás cansado, o para compartir con alguien. Canciones que son un viaje a los recuerdos, a tu nostalgia particular.
Como pasa con la gente, algunas canciones aparecerán en tu vida y no las recordarás con el tiempo. Pero otras... ¡ay, otras! Te marcan de por vida, quieras o no.
Yo podría describir etapas enteras de mi vida con una canción o con un grupo. Como todos, supongo. Cada canción tenía -y tiene hoy día-, un significado especial para mí. Ésta, porque era la que sonaba en la época en la que comencé a salir con amigos. La de más allá, porque era la que escuchaba mientras pensaba en mi amor platónico. Ésta de aquí porque me dio fuerzas mientras estudiaba para un examen dificilísimo. Ésa porque fue la que me puso mi mejor amiga para descubrir un grupo espectacular... o que incluso dio pie a que nos conociésemos. Y cómo no, para momentos tristes: ésta era la que me dio por escuchar cuando un ser querido murió, o tuve problemas con alguien cercano a mí.
Y así mil ejemplos más.

La música supone una gran parte de mi vida. Me levanto y pongo  alguna canción que me guste o me motive; en el coche camino al trabajo, lo mismo. Cuando ya estoy lista para empezar la mañana en mi consulta, lo primero que hago es poner la radio a un volumen bajo, que permita tener hilo musical sin interferir en mi trabajo habitual. Al salir, igual: canciones sin parar hasta llegar de nuevo a casa. Y una vez he llegado a mi destino, me pongo los auriculares, o entro en Youtube. Y raro es que deje de usar cualquiera de las dos cosas. Incluso me vale para dormir.
La música me ha sido útil para cosas que jamás hubiera pensado. Me ha servido para desahogarme, para aprender, para ser la persona más feliz del mundo, para inspirarme cuando lo necesito (la combinación "música + escritura" es de las mejores cosas que he descubierto), para llegar lejos e incluso para mi trabajo. Esto último, algo impensable para mí.
Es una caja de sorpresas, desde luego. Y hago uso de la música y de todas las maravillas que tiene durante casi las veinticuatro horas del día.
Y a pesar de todo, no le dedico tanto tiempo como me gustaría.

Oigo Respiro música porque es algo que me ayuda mucho en cualquier momento. Es la guinda del pastel en los buenos momentos. Es también un soporte que me impulsa a salir de los malos, cuando pensaba que nada podría hacerlo.
Me hace sentir libre en cualquier circunstancia. Con ella canalizo energía, o muestro lo que se me pasa por la cabeza.
Y por más que intente explicarlo, creo que no logro hacerlo como quisiera. Es más, me parece que poca gente se hace una idea de lo importante que es para mí. Porque no tengo palabras suficientes para hacerlo.

Considero que sin ella mi vida hubiera sido radicalmente diferente; me habría tomado las cosas de manera muy distinta, y me hubiera perdido grandes experiencias, gente de la que he aprendido y aprendo constantemente...
Gran parte de lo que me caracteriza y me hace tener este carácter es la música. De hecho una de mis señas de identidad se la debo a ella. Y espero seguir debiéndole muchas cosas, todas buenas.