Saltar al vacío.
Quedarte sin aire.
Subidón de adrenalina.
Angustia. Inquietud.
Ves toda tu vida pasar ante tus ojos, como en una película.
Sigues cayendo.
¿Cuánto falta para que termine?
Tu vida continúa pasando. Tus recuerdos, tus relaciones, tus conocimientos, tus vivencias. Todo.
No queda mucho ya.
3 metros, 2 metros, 1 metro...
Te arrepientes en cuanto tu cabeza choca contra una superficie dura. Notas el golpe, notas un dolor intenso.
Pronto no sentirás nada más. O eso esperas.
Pasa un minuto. ¿O quizás es un siglo? No lo sabes.
Lo curioso es que pasado un tiempo, ves que puedes moverte. Puedes abrir y cerrar los ojos, mover los dedos, los brazos, las piernas, la cabeza.
Pruebas a levantarte y lo logras.
Si puedo levantarme, puedo caminar otra vez.
Una vez más, un día más, le has demostrado al mundo que has podido superar otro embate. Que empiezas de cero y todo será diferente.
Hay gente que libra esa batalla no todos los días, sino a todas horas.
Gente anónima y valiente, que aprecia todo lo malo porque la ha hecho ser fuerte y avanzar.
Tú no vas a ser menos. Pudiste una vez, podrás las siguientes.
Y el resto no importa.
La próxima caída te dolerá menos. Y así sucesivamente hasta que llegue un momento en que no sientas nada porque has crecido y lo has superado todo.


