Estatismo

Estoy de acuerdo en que todo el mundo desea tener una vida tranquila. A todos nos gusta la triada "casa-coche-trabajo". Pero, queridos míos, no nos engañemos: dejando al margen que eso hoy día es un casi un lujo inalcanzable para muchos, pongámonos en el caso (o en tiempos mejores) de que tenemos los tres elementos.
¿Será nuestra vida tranquila? Pues no. Siempre, siempre habrá algo que desentone. Por ejemplo, la hipoteca, o las facturas desorbitadas. Una avería o imprevisto caro del coche. Burn-out o en el peor de los casos, problemas laborales de cualquier tipo; desde problemas con el jefe hasta la sombra del despido.
El caso es que algo trastocará los esquemas. 
La cosa empeora aún más si hay hijos de por medio. Es algo gratificante, bonito y todo eso... pero no se deben olvidar las noches sin dormir cuando son pequeños (y cuando crecen también; hay que esperar a que vuelvan de fiesta para descansar tranquilo), las preocupaciones que conllevan...

Lo que vengo a decir con esto es que el estatismo es imposible, se quiera o no. No nos podemos ceñir a un esquema inamovible, básicamente porque no es operativo. No sirve para nada. Bueno, sí: para crear frustración. Las cosas no salen como nos gustaría y es algo que no podemos soportar.
Está muy bien tener un pisito, un coche que nos lleve y nos traiga y un trabajo decente y estable, sí. Pues bien, ahora mismo no puede ser, y aunque así fuera, algo pasará.
La recomendación básica para todo esto es ser amplio de miras. Concederse un hueco para lo imprevisto, para improvisar. No hay que tener la mente cuadriculada; la vida no es así.

Y no sólo eso. También defiendo tener ambiciones en cierta medida. Siempre que no haya que pisar a nadie, la ambición en la vida está bien. Esto, siendo justos, no es ambición, sino más bien inquietudes, motivación y ganas de superación. Básicamente es perseguir tus sueños. Siempre sacar lo mejor de ti.
Si una persona está bien en su triada pero puede mejorar, ¿por qué no hacerlo? ¿Por qué conformarse con quedarse tal cual? Si no se le hace daño a nadie avanzando, lo mejor es actuar en consecuencia. No es recomendable estancarse. Avanza, vive y sueña.
Sólo el mero hecho de avanzar implica dinámica, dejando atrás la inmovilidad.

Todo el post se resume en estos puntos: El estatismo es inútil; hay que tener una personalidad abierta, y hay que superarse día a día.

Considero que la persona que no arriesga es por miedo. Y ya se sabe lo que pasa: que el que no arriesga, no gana. Que no se diga que no se ha intentado.

Vivir, soñar y luchar por ser feliz. Ésa es la máxima. Algún día llegará la recompensa, porque lo que es difícil de lograr suele merecer la pena. Y si nos caemos, hay que levantarse. Nada de recrearse en el sufrimiento. Levanta y sigue. Si una persona se queda parada, no conseguirá nunca lo que desea.

Quizá esto es idílico, utópico. Pero las cosas cambian y lo que hoy es inalcanzable en un tiempo puede ser asequible.
Por eso hay que luchar. Cuando lo tengamos, no nos arrepentiremos de todo lo que hemos peleado y vivido para ello.

Città Eterna

Hace poco más de cinco años me fui de viaje de estudios con el instituto.
Aunque al principio no tenía muy claro si ir o no, mis padres me dieron el empujón definitivo cuando los profesores explicaron los lugares que íbamos a visitar.
"Ni se te ocurra quedarte aquí", me dijeron. "Ya verás cómo te quedas con ganas de volver y el viaje se te hace corto".



El destino elegido fue Italia, de norte a sur, una semana. Las ciudades que visitamos fueron Padua, Venecia, Florencia, San Giminiano (un pueblecito medieval), Siena... y Roma.
Si cada ciudad me gustaba más que la anterior, Roma superó todas mis expectativas, que no eran pocas. Me habían hablado muy bien de ella, mis padres los primeros, dado que estuvieron varios días visitándola hace años. Y no sólo ellos, también amigos y familiares que habían estado hacía más o menos tiempo.
Piazza di Trevi, una de las más engañosas de Roma. Parece enorme, pero es muy pequeña
No seré la primera ni la última persona del mundo que ADMIRA con mayúsculas esta ciudad; ni siquiera la primera o la última que lo escribe en un blog. Pero no por ello voy a privarme de hacerlo. De hecho recuerdo el viaje como si lo hubiera hecho ayer.


De vuelta a España me prometí a mí misma regresar a Italia. Me he marcado como objetivo principal visitar Sicilia y volver a Roma... quién sabe si durante un tiempo y no sólo estar de paso. Es más, medio en broma medio en serio he barajado la idea de vivir frente al Vaticano.

Plaza de San Pedro (Ciudad del Vaticano). En una palabra: sobrecogedora
El primer paso ya lo he dado: he empezado a ahorrar para costearme el viaje. El segundo paso, también: voy a hacer mis primeros pinitos aprendiendo italiano el mes que viene.

Italia, tarde o temprano volveré. Roma, tarde o temprano me quedaré contigo.


Ego

Una vez me dijeron que era muy difícil escribir estando bien de ánimo. Yo creo que no.
Considero que escribir siempre es un desahogo, te vaya bien o no. Seguramente pasando una mala racha uno se libera más, pero siempre es efectivo. Y si no, reiterativo. En mi caso no se trata de que las cosas vayan bien o mal. Van, que no es poco. Tampoco me puedo quejar. 


Ahora mis ratos libres son para mí. Antes eran para cosas que creía vitales, o como mínimo, que pensaba que me llenaban. Pero no. Ahora entro, salgo, veo a mis amigos todo lo que puedo, sí. Pero también a veces me encierro a pensar, a reflexionar y a centrarme en mí y sólo en mí, siendo importante y dándome (casi) todo igual... con cierta mesura, sin dañar a nadie. Si se hunde el mundo, no es mi problema. Esto -que puede malinterpretarse y tomarse por egolatría-, para mí tiene cierto sentido. Un doble fondo, por decirlo así, y es muy sencillo. Si yo no estoy bien conmigo misma, ¿cómo van a estarlo los demás conmigo? Es de todo punto casi imposible. Mi bienestar se traduce en cada uno de mis actos. Tengo que estar  gusto con lo que hago, con lo de que pienso, con lo que digo, con cómo me comporto.
Con cómo soy.
En resumen y simplificando muchísimo: soy egoísta para poder ser mejor con el resto de la gente.

Esto se aplica a todo: relaciones sociales, personales, laborales... Intento dar siempre lo mejor de mí, pero para eso antes de salir de casa procuro dejar atrás mis miedos. Esté bien o mal, intento tener buena cara. La gente a la que quiero se lo merece.
Muchas veces pienso que hay cosas que no hago bien aun con toda mi buena intención. Como todo el mundo, supongo, y siempre siento cargo de conciencia. Pero entonces intento aclarar las ideas, reconducir y sopesar. Si lo he hecho, ha sido porque creía que era lo correcto, o lo que más le convenía a todo el mundo. Se toma nota y para la próxima se procura hacerlo mejor. También esto es dedicarme a mí para poder luego ofrecerles mi mejor cara a los demás.

Una buena amiga me dijo hace unos meses que "a veces hay que ser un poquito egoísta". Y yo completo la frase: "... para poder dar lo mejor de ti al mundo".
Es una gran verdad que, como tantas otras que aprendo de mis amigos, trato de poner en práctica siempre, aunque sea difícil.

Sed un poco egoístas, es un consejo. A veces no es malo, y si es por una buena causa, mejor todavía.


"Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo."
Sófocles

I

Ya va quedando menos para poco a poco ir siendo la dueña de mi propia vida. Y parece que es un poco tarde, pero mi personalidad es menos difusa.  Cada vez voy consolidándome un poquito, adquiriendo mis señas de identidad.
No me refiero sólo a lo externo: mis infinitos lazos, flores y pañuelos a lo rockabilly en el pelo; mis sempiternas Converse rojas y mis auriculares blancos; mis libros de terror; mis películas de mafiosos y series-emblema, entre tantas otras cosas.
También hablo de lo que a simple vista no se ve.
Me he dado cuenta de que soy más determinada y tengo la cabeza más asentada -aunque en ocasiones parezca justo lo contrario-. Estoy aprendiendo a valorar con calma los pros y los contras de cada cosa. Y a pesar de que sigo teniendo mis arrebatos y mis prontos, duran menos y se trivializan más.
Es algo que nunca creí que pasaría. Pero el hecho es que estos meses, por unas cosas o por otras, me han servido para rebuscar en lo quiero y en lo que soy, tratando de buscar concordancias. He visto lo que se puede llegar a decir, pensar, hacer e incluso soportar. También lo que se puede llegar a luchar o cómo cambian las preferencias. Cómo todo puede dar la vuelta en un segundo y hay que reestructurar.
Y lo más importante: aunque todavía no lo he logrado del todo, estoy encontrándome en el proceso de estar contenta conmigo misma. A apreciar el esfuerzo que he hecho y hago, porque de todo se saca algo bueno.
Vamos a seguir mejorando, vaya que sí.