Ya va quedando menos para poco a poco ir siendo la dueña de mi propia vida. Y parece que es un poco tarde, pero mi personalidad es menos difusa. Cada vez voy consolidándome un poquito, adquiriendo mis señas de identidad.
No me refiero sólo a lo externo: mis infinitos lazos, flores y pañuelos a lo rockabilly en el pelo; mis sempiternas Converse rojas y mis auriculares blancos; mis libros de terror; mis películas de mafiosos y series-emblema, entre tantas otras cosas.
También hablo de lo que a simple vista no se ve.
Me he dado cuenta de que soy más determinada y tengo la cabeza más asentada -aunque en ocasiones parezca justo lo contrario-. Estoy aprendiendo a valorar con calma los pros y los contras de cada cosa. Y a pesar de que sigo teniendo mis arrebatos y mis prontos, duran menos y se trivializan más.
Es algo que nunca creí que pasaría. Pero el hecho es que estos meses, por unas cosas o por otras, me han servido para rebuscar en lo quiero y en lo que soy, tratando de buscar concordancias. He visto lo que se puede llegar a decir, pensar, hacer e incluso soportar. También lo que se puede llegar a luchar o cómo cambian las preferencias. Cómo todo puede dar la vuelta en un segundo y hay que reestructurar.
Y lo más importante: aunque todavía no lo he logrado del todo, estoy encontrándome en el proceso de estar contenta conmigo misma. A apreciar el esfuerzo que he hecho y hago, porque de todo se saca algo bueno.
Vamos a seguir mejorando, vaya que sí.


0 comentarios: