Cambios

Al final todo se resume en que hay que saber apreciar los pequeños detalles.

Como por ejemplo, el hecho de poder elegir determinadas cosas porque tienes variedad y libertad para hacerlo.
O salir a la calle y ser capaz de ver la luz del sol.
O cruzarte con una persona que -aunque no lo sepas-, cambiará tu vida radicalmente. Simplemente te encuentras con ella en un determinado momento y en un determinado lugar y se introduce en tu vida casi sin que te des cuenta. Para cuando quieres reaccionar ya forma parte de ti.
Puede ser que modifique tu vida para bien, o que la modifique para mal; pero en todo caso, supone un punto de inflexión.
Muchas veces tampoco sabes si esa persona ha cambiado a partir de ese momento en el que os cruzasteis, y surge la duda de si tú eres importante para ella.

Luego vienen los pensamientos a solas, las noches en vela, la lentitud con la que pasan los segundos, la angustia de no saber lo que pasará… y el alma en vilo hasta que, por alguna casualidad del destino y la suerte, te la vuelves a encontrar.
Llega un momento en que sabes que esa persona es como el aire que respiras, y que necesitas estar cerca de ella a partir de entonces… pero te destroza el hecho de que aún no la tienes. Lo sabes, y quizás ella también lo sepa, pero ninguno de los dos dice o hace nada para demostrarlo.
Quieres que se dé cuenta de lo muchísimo que la necesitas, y pasas tu existencia intentando que sea consciente de ello.
Y en el fondo eso es lo que te hace sentir vivo.
To unknown places; places only for dreams
But always with you

Rain

La lluvia caía con fuerza sobre el pavimento de la calle oscura, y las gotas recorrían mi cara sin descanso. Iba de vuelta a casa, hundiendo los pies en los charcos, y además estaba calada hasta los huesos, aunque realmente no me importaba demasiado.
Me importaba mucho más lo que me esperaba a partir de ese momento.

De repente, deseé con todas mis fuerzas algo que no solía, y era que no se parase el tiempo, que avanzara con rapidez. Y que nadie me echara de menos, que no notasen mi ausencia.

Recreaba en mi cabeza lo último que había ocurrido desde que salí de aquel sitio. Su promesa de que todo iría bien y que nunca volvería a pasar nada más. Mis lágrimas de incredulidad, amargura y tristeza conforme le iba escuchando.
-Todo irá bien, te lo prometo…
-Siempre lo dices y nunca es así. Nunca, y lo sabes.
-Esta vez es distinta…
Yo reí triste.
-En fin… sí… puede.
-Créeme.
-¿Por qué debería creerte ahora?
-Porque por muchas cosas que pasen, por muchos problemas que podamos tener, sabes que siempre estoy ahí contigo.

Lo miré fijamente unos segundos, y no tuve más remedio que creerle. Sabía que esta vez no me mentía, era imposible. Lo conocía demasiado bien, y esta vez su firmeza me sorprendió. Su mirada intensa, su expresión y su manera de acercarse a mí. Esta vez era cierto. Real.
-¿Siempre conmigo?
Sonrió.
-Hasta el final.
Le devolví la sonrisa mientras cogía su mano y la apretaba en señal de asentimiento. Me limpió las lágrimas con la mano libre y me volvió a sonreír.
-Siempre contigo, no lo olvides.
-No lo olvido.


Durante todo el trayecto repasé la escena una y mil veces. A la vez, toqueteaba nerviosa el bolsillo donde estaba el regalo que me había dado y que cambió mi vida. Y entonces recordé por qué me había enamorado de él.
Por su sonrisa, su determinación, sus besos, su forma de abrazarme, su cariño, su capacidad de sorprenderme y de quererme.

Cuando llegué a casa, lo primero que hice fue cerciorarme de que me encontraba sola. No había nadie. Acto seguido y con toda la rapidez del mundo, empecé a preparar lo necesario y a arreglarme. Cuando ya estuve lista, abrí el bolsillo de mi abrigo y saqué su regalo.

Un billete de avión con destino a Nueva York. Un billete de avión con destino a nuestra nueva vida. Una nueva vida que íbamos a compartir y pasar juntos hasta el fin de nuestros días.