Al final todo se resume en que hay que saber apreciar los pequeños detalles.
Como por ejemplo, el hecho de poder elegir determinadas cosas porque tienes variedad y libertad para hacerlo.
O salir a la calle y ser capaz de ver la luz del sol.
O cruzarte con una persona que -aunque no lo sepas-, cambiará tu vida radicalmente. Simplemente te encuentras con ella en un determinado momento y en un determinado lugar y se introduce en tu vida casi sin que te des cuenta. Para cuando quieres reaccionar ya forma parte de ti.
Puede ser que modifique tu vida para bien, o que la modifique para mal; pero en todo caso, supone un punto de inflexión.
Muchas veces tampoco sabes si esa persona ha cambiado a partir de ese momento en el que os cruzasteis, y surge la duda de si tú eres importante para ella.
Luego vienen los pensamientos a solas, las noches en vela, la lentitud con la que pasan los segundos, la angustia de no saber lo que pasará… y el alma en vilo hasta que, por alguna casualidad del destino y la suerte, te la vuelves a encontrar.
Llega un momento en que sabes que esa persona es como el aire que respiras, y que necesitas estar cerca de ella a partir de entonces… pero te destroza el hecho de que aún no la tienes. Lo sabes, y quizás ella también lo sepa, pero ninguno de los dos dice o hace nada para demostrarlo.
Quieres que se dé cuenta de lo muchísimo que la necesitas, y pasas tu existencia intentando que sea consciente de ello.
Y en el fondo eso es lo que te hace sentir vivo.


