She

Todo se remonta a junio de 2009, en plena Selectividad.
Siendo de institutos diferentes, había una probabilidad entre un millón de coincidir en el mismo aulario. Pero estaba ahí, sentada en el banco que había a mi derecha al otro lado del pasillo, preguntándome a mí si su calculadora serviría o no para hacer el examen. Y eso que yo tenía aún menos idea que ella. Como estaba tan nerviosa, le respondí casi gritando: "¡No, no lo sé!".
Al acabar el examen no le di más vueltas. Simplemente una chica que hacía la Selectividad en el mismo itinerario que yo me había preguntado una duda. Al final del día ya ni me acordaba de ella.

La sorpresa llegó en septiembre, en los primeros días de clase. Una mañana me asaltó una muchacha de pelo largo, larguísimo y oscuro, y gafas. Se plantó frente a mi sitio y me espetó: "¡Hola! ¿Te acuerdas de mí?". Yo me vi tan bloqueada que contesté inmediatamente que no. Pareció desilusionarse y siguió preguntándome con la esperanza de refrescarme la memoria. "¿De verdad que no te acuerdas? ¿No recuerdas el examen de Química de Selectividad en junio? Una chica te preguntó si su calculadora era programable...".
En ese momento todo cuadró y me acordé de repente. Mi cara debió de reflejar una sorpresa infinita porque me lo dijo.
"Era yo. Encantada, me llamo Ana", se presentó con una sonrisa enorme.



Y desde aquel entonces somos inseparables. Hemos compartido mil y una historias siempre juntas. Hemos vivido cientos de experiencias. Hemos hecho infinidad de cosas y nos hemos contado tantísimos secretos y tenido tantas charlas trascendentales que estamos unidas por un nexo más fuerte que el la simple amistad. Ha llegado un momento en que ella ya sabe lo que me pasa por la cabeza y cómo me siento sólo con mirarme de reojo.

Se alegró muchísimo y sinceramente de que yo fuera a ver en concierto a un grupo que adora, sabiendo como sabía que no tenía permiso para ir a verlos conmigo y era una de las cosas que más queríamos las dos en este mundo. Es más, incluso estuvo preguntándome a pesar de que a mí no me gustaba recordárselo. No me canso de repetirle, más de un año después de aquello, de que al próximo iremos juntas cueste lo que cueste.

Ha estado conmigo todo este tiempo aguantando como una santa lo que he ido corriendo a decirle, contarle o confesarle, ya fuera exultante de felicidad o llorando hasta la desesperación, y siempre ha habido felicitaciones, aprobaciones, palabras de ánimo, un abrazo, una sonrisa o algo que me hiciera olvidar si lo estaba pasando mal. 
Y cuando ha tenido que ponerme en mi sitio y decirme que no tenía razón, lo ha hecho sin problema ninguno y sin medias tintas.


Hemos compartido ratos de película las dos solas, sin poder para de reír durante horas; pero también hemos atravesado momentos dolorosos, muy dolorosos, de incertidumbre y angustia. Y hemos salido victoriosas de todos los trances.

Puede que estemos tan unidas porque hemos pasado por situaciones personales similares. Para el resto del mundo puede resultar una tontería, pero para nosotras es algo vital porque así nos comprendemos mejor y nos unimos más.

Cada una tiene ambiciones y sueños distintos, pero al fin y al cabo, nos ayudamos, nos apoyamos y nos damos ánimos para conseguirlos. De momento no ha habido nada que no hayamos logrado.



Si después de prácticamente cuatro años todavía dudas de lo que te aprecio, de lo importante que eres y de lo muchísimo que vales, es para matarte, Shadows.
Coger aire y respirar, que se te llenen los pulmones sin ningún tipo de dificultad.
Sentirte bien contigo misma y con todo lo que te rodea.
A pesar de que lo que haya alrededor te oprima, tú estás bien. La gente, sus problemas, el mundo. A ti te da igual porque te encuentras bien y esa sensación es indescriptible. Vuelves a coger aire, respiras hondo y disfrutas.

Tienes ganas de seguir respirando y no dejar nunca de permanecer en ese estado; de estar para siempre así. El problema es que es una situación muy efímera... tan pronto respiras y tienes ganas de llorar de pura felicidad, como te hundes. De un momento a otro y por cualquier cosa.
Respiras y sonríes al oír una canción que te gusta, o te trae buenos recuerdos, por ejemplo. Algo tan simple como eso. Desaparece el mundo y te evades unos minutos.
Pero de pronto hay algo que te hace recular, desesperarte y caer.

Por raro que parezca, esa volatilidad es buena señal. Significa que estás vivo, sientes y padeces, y por tanto adquieres experiencia.

Respira. Aprovecha cada bocanada de aire. Da gracias por hacerlo.
Sufre, porque así maduras.
Siéntelo todo con intensidad, lo bueno y lo malo.

En una palabra: Vive.


Routine

Dentro de unos días vuelvo otra vez a mi antigua vida.


A madrugar, a desayunar medio dormida, a viajar durante media hora en autobús para llegar al campus y sentarme en una silla incomodísima durante varias horas, tomando notas que en un principio considero sin sentido de una asignatura que me resultará aburridísima.
Al salir me tocará quedarme a comer arriba como muchas veces estos tres últimos años; estudiaré en los ratos libres entre comida y clases, y por la tarde, más de lo mismo: sentada más horas, con un dolor de cabeza insoportable y atendiendo lo mejor que puedo a una presentación en Power Point que se me hará eterna.
Acabarán las clases cuando ya sea de noche y volveré a mi casa. Ducha, cena y ordenador. Y a una hora prudente me acostaré para que el día siguiente sea igual.


Realmente poco ha cambiado de un curso para otro. Ha sido así desde que empecé la universidad, allá por septiembre de 2009. Pero siempre me han acompañado buenos momentos, desde que crucé el umbral de la facultad.
Y este año, por ser el último de carrera, me lo voy a tomar a lo grande en todos los aspectos. Voy a disfrutar de cada momento, de cada hora de clase (sí, aunque parezca increíble me esforzaré en que así sea), de cada descanso, de cada viaje en autobús, de cada rato de estudio... de cada momento que comparta con mis amigas sin importar hora ni lugar. Nuestras risas, desayunos, comidas y meriendas, chistes, confidencias, viajes en coche, canciones cantadas a voz en grito en nuestros ratos libres, incluso lágrimas, que también ha habido a lo largo de estos años en los pasillos. De todo lo malo se aprende.


Voy a vivir este año plenamente, por ellas y por mí. Las rutinas serán las mismas quizás; lo que no será igual para nada es la actitud con la que las encararé. Es diferente a la de otros tiempos. Me voy a volcar para lograr que este año sea todavía mejor que los tres anteriores juntos.

¿No dicen que los placeres de la vida se encuentran en los pequeños detalles? Es hora de comprobarlo y vivirlo en propia piel.


Quedan muchísimos momentos memorables por vivir; entre ellos, nuestra verdadera salida al mundo real y los nervios propios de un grupo de chicas jóvenes que de repente están capacitadas para trabajar en lo que siempre han soñado y no tienen a nadie diciéndoles cómo desempeñar su profesión. Chicas jóvenes que están empezando a ser dueñas por fin de su propia vida.
Juntas empezamos a construir esa vida y juntas vamos a acabar la primera etapa de la construcción.

Pero para ello primero hay que atravesar durante todo un año una rutina... la última rutina antes de que por fin uno de nuestros mayores sueños se haga realidad.

Stronger

Comprobadísimo que lo que no me mata me hace más fuerte. Ninguna de las cosas que me han pasado a lo largo de la vida ha logrado doblegarme. Siempre he salido reforzada, con mayor o menor esfuerzo.
Más reforzada y segura de mí misma.

Quizás obré correctamente, quizás no. El caso es que no me arrepiento de nada, ni de lo que hice ni de lo que no hice, durante todos los años que he vivido. Y ahora estoy muy bien. He alcanzado una estabilidad aceptable y me encanta.
Atrás han quedado las inseguridades, los miedos y entonar los mea culpa sin necesidad. Las lágrimas por la gente que me hizo daño hace muchísimos años en una etapa convulsa de mi vida y la furia que sentía cuando necesitaba que alguien me escuchara y no había nadie. Ya no recuerdo los nombres de los demonios que me asolaban muchísimas noches oscuras cuando pensaba que no valía nada y que mucha gente estaría mejor sin mí.

Siempre he sido una persona de autoestima baja. Pero un buen día me dije que aquello no era ni justo ni bueno para mí, que no podía seguir menospreciándome porque si yo no me quería, ¿quién iba a hacerlo? Así que me obligué a quererme y a apreciar sin ningún tipo de falsa modestia todo lo bueno que tengo en cualquier aspecto.

Por eso estoy convencida de que no ha habido nada, hasta el momento, que no haya superado. Si no lo hubiera hecho no habría tenido valor para volver a reencontrarme con ciertas cosas y me habría perdido muchísimas más.
Creo que he llegado a un punto en el que me encuentro en sintonía con el mundo. Él suena, y yo también al unísono. Si me quiere poner pruebas, que lo haga; estoy convencida de que las superaré todas y me llevaré algo bueno.
Hay gente que lo ha pasado mucho peor y ha salido a flote. Si ellos pudieron, yo también.

Y si la gente de mi alrededor falla (que lo dudo muchísimo), tengo que tenerme a mí misma para animarme y afrontar nuevos retos.
Me encanta este estado en el que me encuentro ahora mismo. De verdad, me encanta. No preocuparme ni por nada ni por nadie, no agobiarme por lo más mínimo. Sólo despertarme cada día pensando en nuevos planes que no implican nada negativo. Es una agradable rutina.

Este verano me ha venido como anillo al dedo. No he hecho nada fuera de lo normal, pero ha sido diferente. Estos dos meses he redescubierto muchísimas cosas.
He redescubierto que me quiero más que antes tras un tiempo de autoestima baja y que valgo más de lo que pensaba. He redescubierto que soy fuerte y que puedo superar ciertos embates. He redescubierto lo que pueden disfrutarse las pequeñas cosas y los detalles. He redescubierto que hay gente a la que le importo aunque no me lo demuestre abiertamente. He redescubierto que mi capacidad de soñar no tiene límites. He redescubierto un estilo de vida que creía olvidado y que ahora me gusta. He redescubierto que puedo entregarme a ciertas personas sin reservas y sin importarme lo que piense el resto. He redescubierto que puedo vivir perfectamente sin ciertas cosas. He redescubierto a una persona a la que creía lejos de mí y me ha dado muchas alegrías -más de las que ella pueda incluso llegar a imaginar en sus mejores momentos-, y con la que me siento en deuda. Y lo más importante: las he redescubierto a ellas.

Han estado ahí mucho, mucho tiempo, dándomelo todo sin esperar nada; han soportado pacientemente horas enteras hablando conmigo y apoyándome; cuando las he llamado han estado ahí. Y también nos hemos reído muchísimo de muchísimas cosas en esos días en los que creía que nunca más volvería a poder hacerlo con sinceridad y franqueza. 
Es en parte gracias a ellas por lo que este verano he tenido (y tendré) una sonrisa en la cara sin remordimiento alguno. Y también es por ellas por lo que me siento genial y con ganas de comerme el mundo; es por ellas en su mayor parte por quien estoy bien 100%.
Este verano me he unido más a ellas en perfecta simbiosis. Y espero que por mucho que pase el tiempo sigamos igual de unidas.

Sabéis que os quiero muchísimo.

Dùn Èideann

Realmente no tenía pensado ir a la capital escocesa, pero tras hablar con una amiga que la ha visitado y leer cierto libro ambientado en esta ciudad he cambiado de opinión totalmente.

Me llama la atención su estilo en general, su arquitectura, y sobre todo sus leyendas, a cada cual más sorprendente. Nunca creí que pudiera tener tantas.

Habrá que ir a comprobarlo de primera mano, puesto que yo soy una chica enamorada perdidamente y sin remedio de las leyendas y las historias de fantasmas. Y a juzgar por lo que he leído, me han contado y me han enseñado de esta ciudad, no hay un escenario mejor para ello: castillos, ruinas, edificios antiguos...

Y no quiero simplemente viajar y verla en tres días como cualquier turista, sino que el cuerpo me pide disfrutarla. Disfrutar de un sitio en el que sé que puedo sentirme como pez en el agua.

Esto podría extenderse también a Escocia en general; pero realmente lo que despierta mi interés y mi curiosidad fantasmal es Edimburgo.