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El rincón de la lluvia


She

28/9/12
Todo se remonta a junio de 2009, en plena Selectividad.
Siendo de institutos diferentes, había una probabilidad entre un millón de coincidir en el mismo aulario. Pero estaba ahí, sentada en el banco que había a mi derecha al otro lado del pasillo, preguntándome a mí si su calculadora serviría o no para hacer el examen. Y eso que yo tenía aún menos idea que ella. Como estaba tan nerviosa, le respondí casi gritando: "¡No, no lo sé!".
Al acabar el examen no le di más vueltas. Simplemente una chica que hacía la Selectividad en el mismo itinerario que yo me había preguntado una duda. Al final del día ya ni me acordaba de ella.

La sorpresa llegó en septiembre, en los primeros días de clase. Una mañana me asaltó una muchacha de pelo largo, larguísimo y oscuro, y gafas. Se plantó frente a mi sitio y me espetó: "¡Hola! ¿Te acuerdas de mí?". Yo me vi tan bloqueada que contesté inmediatamente que no. Pareció desilusionarse y siguió preguntándome con la esperanza de refrescarme la memoria. "¿De verdad que no te acuerdas? ¿No recuerdas el examen de Química de Selectividad en junio? Una chica te preguntó si su calculadora era programable...".
En ese momento todo cuadró y me acordé de repente. Mi cara debió de reflejar una sorpresa infinita porque me lo dijo.
"Era yo. Encantada, me llamo Ana", se presentó con una sonrisa enorme.



Y desde aquel entonces somos inseparables. Hemos compartido mil y una historias siempre juntas. Hemos vivido cientos de experiencias. Hemos hecho infinidad de cosas y nos hemos contado tantísimos secretos y tenido tantas charlas trascendentales que estamos unidas por un nexo más fuerte que el la simple amistad. Ha llegado un momento en que ella ya sabe lo que me pasa por la cabeza y cómo me siento sólo con mirarme de reojo.

Se alegró muchísimo y sinceramente de que yo fuera a ver en concierto a un grupo que adora, sabiendo como sabía que no tenía permiso para ir a verlos conmigo y era una de las cosas que más queríamos las dos en este mundo. Es más, incluso estuvo preguntándome a pesar de que a mí no me gustaba recordárselo. No me canso de repetirle, más de un año después de aquello, de que al próximo iremos juntas cueste lo que cueste.

Ha estado conmigo todo este tiempo aguantando como una santa lo que he ido corriendo a decirle, contarle o confesarle, ya fuera exultante de felicidad o llorando hasta la desesperación, y siempre ha habido felicitaciones, aprobaciones, palabras de ánimo, un abrazo, una sonrisa o algo que me hiciera olvidar si lo estaba pasando mal. 
Y cuando ha tenido que ponerme en mi sitio y decirme que no tenía razón, lo ha hecho sin problema ninguno y sin medias tintas.


Hemos compartido ratos de película las dos solas, sin poder para de reír durante horas; pero también hemos atravesado momentos dolorosos, muy dolorosos, de incertidumbre y angustia. Y hemos salido victoriosas de todos los trances.

Puede que estemos tan unidas porque hemos pasado por situaciones personales similares. Para el resto del mundo puede resultar una tontería, pero para nosotras es algo vital porque así nos comprendemos mejor y nos unimos más.

Cada una tiene ambiciones y sueños distintos, pero al fin y al cabo, nos ayudamos, nos apoyamos y nos damos ánimos para conseguirlos. De momento no ha habido nada que no hayamos logrado.



Si después de prácticamente cuatro años todavía dudas de lo que te aprecio, de lo importante que eres y de lo muchísimo que vales, es para matarte, Shadows.
Publicado por Ulalume en 17:10
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Etiquetas: Little stories, Reflexiones

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Venturas y desventuras de una enfermera que tiene mucho de lectora y un poquito de escritora. Melómana y risueña ante todo.
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