Sentirte bien contigo misma y con todo lo que te rodea.
A pesar de que lo que haya alrededor te oprima, tú estás bien. La gente, sus problemas, el mundo. A ti te da igual porque te encuentras bien y esa sensación es indescriptible. Vuelves a coger aire, respiras hondo y disfrutas.
Tienes ganas de seguir respirando y no dejar nunca de permanecer en ese estado; de estar para siempre así. El problema es que es una situación muy efímera... tan pronto respiras y tienes ganas de llorar de pura felicidad, como te hundes. De un momento a otro y por cualquier cosa.
Respiras y sonríes al oír una canción que te gusta, o te trae buenos recuerdos, por ejemplo. Algo tan simple como eso. Desaparece el mundo y te evades unos minutos.
Pero de pronto hay algo que te hace recular, desesperarte y caer.
Por raro que parezca, esa volatilidad es buena señal. Significa que estás vivo, sientes y padeces, y por tanto adquieres experiencia.
Respira. Aprovecha cada bocanada de aire. Da gracias por hacerlo.
Sufre, porque así maduras.
Siéntelo todo con intensidad, lo bueno y lo malo.
En una palabra: Vive.


0 comentarios: