La foule

Canción que adoro hasta morir.
Como la gran mayoría de las que aparecen en mi vida por casualidad, sin esperarlas. Agradables sorpresas que me hacen sonreír y bailar como si no hubiera mañana. O que me tocan el corazón al escucharlas por distintas causas.





"Et la foule vient me jeter entre ses bras...
Nos deux corps enlacés s'envolent et retombent tous deux"
Me empujan y me meto de lleno en una vorágine de sensaciones. No me importa porque realmente quiero entrar.
Una vez estoy dentro sólo es cuestión de dejarme llevar por lo que haya ahí. Sea lo que sea. Gente, risas, momentos que perdurarán. No existe el miedo, ni el sufrimiento ni el dolor. Allí dentro no. Me olvido de todo y listo. 
En esa vorágine no percibes el paso del tiempo. Estás tan distraído que no te das cuenta. Te sientes distinto, como nunca antes. Tienes a gente que quiere lo mejor para ti alrededor y por eso todo da igual. Gente y alicientes suficientes para quedarte. Descubrimientos hasta en las pequeñas cosas.
Los días brillan con fuerza y los rayos del Sol cosquillean, mientras que las noches son nítidas. Y siempre es así. Ahí sí.

Llevo allí dentro muchos meses. Y por el momento no entra en mis planes salir o que me echen. No hay ningún motivo de peso para ello; y si lo hubiera, prefiero que se venga conmigo a ese vórtice que se ha creado por y para mí. Lo pondré patas arriba, pero siempre en beneficio propio. Ahí no entrarán maldades ni mentiras. En caso de que alguna pasara el filtro, se la echará de nuestro torbellino sin contemplaciones. Y a seguir viviendo bien.

Parece una locura, pero esa agitación, ese huracán en el que estoy sumida, es mi oasis. Mi remanso de paz. Y nunca creí que en un remolino encontrara la calma que no admitía precisar. Al principio tenía mis reticencias con respecto al tornado. Pero me convencí(eron) de que era lo mejor para mí, y he comprobado que es cierto. 
Ese vórtice es una mezcolanza de cosas que me hacen sentir viva. Y no son precisamente pocas. Son todo un cúmulo que me saca una carcajada al mirarlo en conjunto y me toca el alma cuando me detengo a observar sus componentes con minuciosidad.
He encontrado y formado un sitio que es seguro y en el que sé que me volverán a acoger con los brazos abiertos cuando me vaya a explorar otros. Si esas vorágines ajenas me atraen intentaré sumarlas a la mía para hacerla crecer y darle puntos de vista nuevos. Si no me gusta ninguna, volveré a la original. A la que empezó a gestarse cuando comenzó a titilar la luz de la habitación y nació cuando yo consideré oportuno.

Noches claras. Cariño. Música y vida. Compañía y calor.
No me falta nada en ese vórtice. Y cuando falte, será porque lo he encontrado en otro.


Mundo

Me visto con ropa bonita, me maquillo un poco  y salgo a comerme el mundo como si fuera el último día de mi vida.
Realmente es un plan sencillo, pero lo disfruto como si fuera la primera vez que lo llevo a cabo.
Río y hablo sin parar, me va la vida en ello. Me escuchan, me corresponden, siguen la conversación, ríen conmigo. Eso me da alas para seguir  estando bien, acorde con el mundo.
Pasan las horas en un suspiro, yo no me doy cuenta. Cuando todo termina, me despido y regreso a casa, lo hago con una sensación de bienestar increíble y una sonrisa en la cara. Como debe ser.

Al leer esto, quizás da la impresión de que vivo de una manera muy despreocupada, muy feliz, muy... pánfila, por decirlo así. En absoluto. Realmente me doy perfecta cuenta de las cosas, pero procuro que no me afecten las chorradas. No vivo en una felicidad continua porque el mundo sea un sitio lleno de mariposas, flores, piruletas y gente bondadosa -como piensan muchas personas nada más verme aparecer o conocerme un poco-, sino en una indiferencia perpetua para con los despojos.
¿Y por qué prefiero vivir en ese estado de desinterés y pasotismo que hace que parezca que no me entero de lo que sucede a mi alrededor?
Porque sigo opinando que el mundo es una mierda, una puta mierda y que no merece la pena prácticamente nada de él. No lo opino por experiencias personales -ésas me han hecho crecer y me han ayudado sobremanera-, lo opino porque se ve a diario en cualquier momento y lugar. (Casi) nadie lo percibe como un lugar idílico, sino como un sitio lleno de dolor, lágrimas, sufrimiento, gente mezquina que sólo mira por sí misma, palabras y hechos que hieren, duelen y sangran. Lo ve como lo que realmente es. No les culpo por ello porque es sumamente evidente que rebosa veneno, pus y podredumbre por todas partes. Rebosa tanto que es prácticamente imposible verlo de otra forma. 
Lo que a mí personalmente sí me duele y no me deja vivir tranquila es ver a la gente a la que quiero pasándolo mal. 
Es a ellos a los que intento aportarles un poco de luz, un poco de vida y sol, para que se olviden por un rato de la porquería y la gangrena existentes a nuestro alrededor. Por ellos procuro reír siempre y no darles motivos para preocuparse por mí; no debo. Ese grupito de personas es por el que me desvivo me cueste lo que me cueste. Y una cosa lleva a la otra de manera circular: yo soy feliz al verles a ellos bien, ellos son felices al verme bien a mí, y por eso mi felicidad no me supone un esfuerzo extra, un sacrificio o una fachada de puertas para afuera. No.
Mi felicidad es cien por cien real siempre; nunca la he fingido, no lo he necesitado. Y es por ellos.
Soy feliz porque son mi motor. Sé que no voy a cambiar el mundo y seguiré viéndolo igual de asqueroso y vomitivo año tras año; pero no será así por mi culpa. Por mí, que no quede.

En cuanto a la indiferencia, ya lo dice el refrán: "El mayor desprecio es no hacer aprecio". Ahora funciono así. Cuando algo no me interesa, veo que me hace daño o simplemente no es para mí, saco mi particular escudo: me da igual. Sencillamente no me importa, me doy media vuelta o me lo tomo a risa. Si no es importante, no me voy a amargar, no tiene sentido; y si lo es, me daré cuenta a tiempo de la gravedad del problema. De hecho, hubo una persona muy cercana a mí que en su momento me dijo: "Los problemas no existen. Si se pueden arreglar, no son problemas. Y si no se pueden arreglar, son condicionantes que te vienen dados y que muchas veces puedes manipular en beneficio propio". Me lo he tomado siempre al pie de la letra y me he dado cuenta de que es totalmente cierto.

Muchos saben que mi esquema de vida se basa en estos dos puntos: en la felicidad de gente importante para mí, y en mi indiferencia personal a todo lo negativo que hay cerca. Saben además que de momento la idea me funciona bien. No la pienso cambiar por tanto.

Que te jodan, mundo. A ti, a tu veneno, a tu maldad y a tu puta madre.
A mí no me vas a doblegar ni me vas a hacer caer. Ni a mí ni a los míos. Tú no.

Vida

He tenido suerte a lo largo de la vida.
He vivido grandes experiencias, sola o acompañada. También he conocido a muchísimas personas y no me arrepiento de haberlo hecho, porque de todas he aprendido algo. Todas las decisiones que he tomado han salido medianamente bien y nunca me he dado un grandísimo batacazo con ninguna. Algún tropiezo he tenido, como todo el mundo; pero como siempre, he salido adelante.
Me considero afortunada de tener la vida que tengo. Vale, no es precisamente la vida más emocionante del mundo, pero para mí es ideal porque la estoy diseñando a mi manera y forma. Estoy empezando a decidir lo que quiero que forme parte de mí y lo que no, lo que haré el resto de mi existencia, cómo quiero ser feliz... Me estoy definiendo a mí misma. Y para mí no hay nada más emocionante que eso, crear mi propia vida. Desde cosas tan simples como encontrar definitivamente el estilo que me gusta hasta grandes cuestiones como dónde quiero desempeñar mi trabajo o mi sueño de (dentro de unos años), ser madre.
Hay gente que ni siquiera puede plantearse eso porque no se lo puede permitir. Por eso me remito a la suerte.
No dudo de que tendré muchas manos amigas dispuestas ayudarme; también habrá muchas zancadillas, porque muy pocas personas son buenas por naturaleza. La gran mayoría entiende la bondad como un medio que les permite conseguir un fin. La usan a ella, te usan a ti y cuando obtienen lo que querían se olvidan de todo. Asumo el riesgo porque no me quedan más cojones: es algo implícito en vivir y me guste o no, ahí está y estará siempre.
Eso también es una suerte aunque no lo parezca. El que no arriesga, no gana. Lo peor que puede ocurrir es que arriesgues y te quedes igual que antes. No pasa nada, buscas una alternativa y lo intentas otra vez. Eso es algo que me han enseñado el tiempo y las experiencias y que ahora aplico siempre. 
En cuanto a esa gente que te hace trastabillar y darte de bruces contra el suelo, lo mejor es dejarla pasar. A veces es difícil, pero se puede. Te manipularán, te harán sentir mal y culpable de todo, te anularán. Nadie debe permitir que eso ocurra.
Uno se tiene a sí mismo y el resto da igual. Es cuestión de valor e incluso un poco de suerte.

Eliges tu propia vida, eliges tu propia senda, eliges de quién te quieres rodear y cómo quieres ser. Al final del camino echarás la vista atrás y si has vivido conforme a tus valores e ideales te sentirás satisfecho.


"Aquellos que no aprecian su vida, no merecen tenerla"

Ella

Odiaba la lluvia pero adoraba las tormentas. Desde que era pequeña había sido así.
Podía pasarse horas con la cabeza pegada en el cristal, viendo los relámpagos y oyendo los truenos sin importarle el paso del tiempo.

También le gustaba coger el coche y conducir en plena madrugada hasta las afueras. 
Llegaba a su destino y se tumbaba boca arriba en el suelo a ver la luna y las estrellas. Su cuerpo estaba allí, pero su mente estaba lejos, muy lejos.

Era capaz de maquillarse de una forma espectacular, como si fuera a disfrutar de la mejor fiesta de toda su vida.
Realmente se quedaba en casa y se tumbaba en el sofá a ver la televisión hasta que el mando a distancia se le resbalaba de las manos al dormirse.

Estaba totalmente obsesionada por la moda de los años viente.
Para ella no había habido otra época mejor. Los vestidos, los complementos, el maquillaje, el estilo de toda una década de lujo y misterio. Buscaba desesperadamente algo inspirado en esos años, para llevarlo puesto y sentirse parte de esa etapa de la Historia, aun viviendo ochenta años más tarde.

Adoraba poner la música a todo volumen en casa.
Bailaba y cantaba hasta que se encontraba al borde de la extenuación, y aun así sacaba fuerzas de donde ya no le quedaban para continuar.

Siempre reía, por cualquier razón. 
Era de las que defendía que nadie puede quitarle la sonrisa a otra persona.

Le encantaban los animales, en especial los gatos.
Si por ella fuera, tendría por lo menos dos en casa. De angora, para ser más exactos. Cuando finalmente se pudiera comprar el apartamento con el que siempre había fantaseado pensaba adoptarlos; no le gustaba comprarlos en una tienda de animales. Tenía incluso los nombres de ambos ya pensados.

A pesar de que su vida era rutinaria, le parecía entretenida.
Le gustaba remolonear. Luego levantarse, desayunar y salir corriendo a trabajar. Siempre se le hacía tarde. Regresaba para comer y cada tarde, de manera inexcusable, salía de paseo, de compras o quedaba con alguna amiga para tomar café. Al llegar a casa, se duchaba, cenaba y en ocasiones leía alguna novela policíaca, veía la televisión o encendía su portátil. Finalmente el cansancio podía con ella y se quedaba dormida en el cualquier rincón de la casa.

Soñaba con el amor de su vida siempre que podía. 
Quería lo mismo que cualquier otra chica de su edad: un chico alto, guapo, con unos ojos bonitos y que escuchase buena música. Con el que compartir experiencias, escapadas y formar una familia. Que la protegiera y la cuidase siempre, y que estuviera con ella hasta el fin de los días.
Estaba segura de que llegaría, lo que no sabía era cuándo.


Un buen día, todo acabó. Se terminaron de golpe las tormentas, los cielos en los que brillaba la luna, el maquillaje. Los años veinte, la música, las risas, los gatos, su cómoda rutina. Ya no ansiaba encontrar al amor de su vida porque nunca jamás lo iba a tener.
Poca gente lloró su pérdida. Sólo los que de verdad la querían; una o dos personas.

Todo lo que la conformaba se terminó aquí. Pero estuviera donde estuviera, seguía soñando con todas esas cosas. Ya intangibles, incorpóreas, pero para ella vívidas y reales.
Por fin era ella, y se sentía completa.

.

Y a mí qué me importa que se acabe el mundo, si tengo bastiones. Qué más me da que todo termine, si sé que tengo gente en la que me puedo apoyar. Qué tendrá que ver que algún día moriré si tengo la plena certeza de que habré vivido como se me antojó.

¿Que algo no sale como yo quería? No importa, se buscan alternativas.
¿Renunciar a mis sueños? JAMÁS.
¿Vivir? Por supuesto.

Me da exactamente igual. Tengo dos sueños principales, esenciales para mí en esta vida, y para ambos no preciso a nadie más que a mí. Quien quiera acompañarme, que lo haga, pero primeramente YO. El resto de sueños son secundarios, pero no menos importantes.

Que le den al mundo, que yo no necesito nada para ser feliz.




"Toma fuerzas, que el camino es muy largo"
... palmadita en la espalda y ya estoy más seguro.

Ojos de luna llena; tu mirada es de fuego y mi cuerpo de cera.
Tú eres mi verso; pluma, papel y sentimiento. La noche yo, y tú la luna; tú la cerveza, y yo la espuma.



Que así sea por muchos años.

Ilusiones

Eso de ilusionarse creía que no iba a ser para mí. Pero resulta que sí, que sí lo es. Sigo emocionándome con los pequeños gestos, con detalles y sonrisas. Así veo que puede haber épocas y mundos mejores. Que todo pasa y todo llega.
Cada cosa tiene su opuesto, y siempre se atraviesan las dos fases. Tras pasarlas, todo es distinto. Aprendes de ambas y acumulas saber. Hasta eso es capaz de tocarme la fibra sensible cuando ya las he cruzado. Y me ilusiono, claro que me ilusiono.
Según y qué cosas, será en mayor o menor cantidad, y lo exteriorizaré o no. Pero siempre hay algo que me deja huella y cambia mi forma de ver el mundo.

Un suceso, una canción, una frase o una mirada. Un momento que ojalá fuera eterno. Una experiencia nueva que tengo. Una persona nueva que conozco. Cuando la novedad del primer momento pasa yo no lo condeno al olvido, sino que retumba en mi mente y lo recreo. A veces, cuando ya ha pasado el tiempo, va a parar a los rincones más oscuros de mi ser, pero no lo olvido nunca.
Así transcurre mi vida. Quizá suene muy idealista, incluso muy estúpido, pero eso de sentirme bien y viva por detalles nimios hace que todos los días tenga la fuerza suficiente para seguir y encarar con ganas todo lo que pueda ocurrir.

Eso hace que me encuentre en constante cambio. Se van acumulando mis experiencias y mis vivencias, aunándose y haciendo que me transforme poco a poco. Dentro de unos años, en perspectiva, seguramente notaré el cambio. Pensaré en lo tonta que fui a una determinada edad, pero no me arrepentiré porque mi antigua yo se comportara así. Emociones incluidas.
Así que estoy dispuesta a recibir con los brazos abiertos cualquier cosa positiva que me quieran dar. Intercambiar experiencias, risas, fiestas y buenos ratos con mis amigas. Abrazos y besos con la gente que quiero. Que una mirada me haga vibrar, que una canción me haga reflexionar, sentir o simplemente bailar. Que una muestra de cariño o una broma hagan que me brillen los ojos o que rompa a reír. Un libro ajado por el tiempo y los recuerdos que me haga pensar en lo que sentiría la gente que lo ha disfrutado antes que yo. Que una foto chorra haga que me sonroje de la vergüenza y piense "Dios mío, ¿cómo pude acceder a hacérmela?". Que alguien nuevo me cambie otra vez la vida, poniéndola patas arriba en una locura sana en la que se intercalen los silencios cómplices y los gritos de alegría absoluta.

Todo eso determina lo que soy ahora y lo que seré en un futuro.
Pero sin prisa.
Saborearé cada momento y viviré reposada, tiempo al tiempo. Disfrutándolo todo hasta donde pueda, sacándole el jugo. Porque me lo merezco.

Moments

Cada momento, por pequeño y rutinario que sea, tiene su encanto y su magia.
Sólo hay que saber buscarlos.

Abismo


A veces se abre ante ti. Te sientes perdido y envuelto en oscuridad. No hay ruidos, no hay señales, no hay nada. Sólo negrura y silencio.
Va ensanchándose, y tú decides asomarte con la esperanza de poder ver el fondo. Te acercas y atisbas, pero no hay nada. Realmente te esperabas algo menos complejo, algo que pudieras superar; un bache, incluso un océano. Al fin y al cabo, uno se esquiva saltando y el otro nadando. Pero esto es imposible. Como toparte contra una pared.
Sabes que no puedes tolerar quedarte de brazos cruzados, pero si el motivo por el cual ha surgido no sois ni tus motivos ni tú, ¿qué? Eso es algo que se plantea y a veces no hay respuesta. En esa tesitura no vale la teoría, ni los algoritmos, ni los testimonios, ni todos los libros que hayas leído. Sólo te vale la experiencia que tengas, sea mucha o poca.
Mientras eso no ocurra te seguirás viendo desorientado y entre tinieblas. Tú solo porque nadie puede arreglar esa profundidad insondable por ti. No serán pocas las ocasiones en las que maldecirás el día que apareció, ni lamentarás no haber muerto antes de arreglarlo.



Finalmente habrá algo que te haga reaccionar, te dé el impulso suficiente y saltes. Cogerás carrerilla y sin mirar atrás te prepararás. Sólo pueden pasar dos cosas: que lo superes limpiamente o que te caigas en mitad del salto y te engulla.
En la primera no pasará nada; todo irá bien y habrás experimentado el valor que se necesita para saltarlo y lo gratificante que es superarlo. En el caso de la segunda sólo hay que pensar en que igual que caíste, puedes trepar por él y llegar al otro lado. Tarde o temprano llegarás, porque no te conviene ser vencido. Dejarías muchas cosas atrás.


Muchas veces he sentido que las fuerzas me flaqueaban sólo para plantearme el sortearlo. Quise morirme, deseé que nunca hubiera pasado, que ojalá todo hubiese seguido igual. 
Pero como todo reto, me hizo mella y me espoleó. O evolucionaba o me condenaba. Y preferí evolucionar, seguir adelante y echando la vista atrás, reírme de todo lo que me inspiraban esa oscura grieta y el lado en el que ahora me encontraba. Reírme de mis cadenas, de la gente que me echaba en cara que no podría saltarlo.
Así me plantearé los siguientes, porque la vida no es tan fácil, habrá muchos a lo largo del camino -tanto creados por mí como provocados por otros-, a veces sentiré más miedo aún... Pero puedo.

Sé que puedo.

Cry me a river


Por esa gente que le ha llorado ríos durante mucho tiempo a alguien que no los merecía y se ha dado cuenta de ello.
Gente que ahora llora sólo de felicidad.

Weakness

You won’t go far with the life that you’re living . Every day in every way you are getting weaker.