Es hora de desplegar las alas.
De volar cada vez más y más alto, de gritarle al mundo que quiero, puedo y sé. Es el momento de cerrar definitivamente la puerta tras la cual está la oscuridad.
Vas descubriendo que si te caes, te puedes volver a levantar. Que hay trabas y personas que las ponen, pero que se pueden sortear.
Te das cuenta de que eres más feliz que antes cuando haces lo que crees correcto y no lo que quieren los demás. Que intentarán manejarte, llevarte a su terreno. Pero no te dejas. Claro que no te dejas. Porque si lo haces una vez, ya no podrás negarte; te lo impedirán, te anularán.
Por eso abro las alas. Para alejarme, para evadirme, para redondear mi estado actual. Para darme fuerzas, retroalimentarme a mí misma cuando creo que no voy a poder más.
Ya no tengo noches en vela. Pero cuando no consigo conciliar el sueño pronto, empiezo a darle vueltas a lo que quería hace unos años, lo que he conseguido y lo que quiero ahora. Y me doy cuenta de que lo que más aprecio es esa sensación de libertad tras conocer la otra cara de la moneda.
Esas noches en las que estoy entre la vigilia y el sueño me siento bien. Me evalúo y soy consciente de que mis sueños y mis actos se entrelazan como las piezas de un puzzle. No hay mejor sensación que esa, salvo quizás la de sentirte querida; ésta última por otro lado disfruto todos los días.
Sé que llegará un momento en que mis alas se abrirán en toda su extensión. Y pese a que espero ese momento con mucha ilusión, voy a ir disfrutando de su despliegue progresivo. Porque no me quiero perder nada. Porque quiero ir viendo cómo avanzo, cómo voy siendo cada vez más independiente. Porque de este tipo de procesos siempre se disfruta, aunque parezca a veces que no, que el camino es duro.
Es increíble ver cómo vas cogiendo altura y empezando a ser lo que realmente quieres, aquello por lo que has peleado, sufrido y llorado tanto. Sabes que eso es lento, pero a la misma vez imparable. Ya no hay quien pueda frenar eso.
Como tampoco puedo modular el torrente de palabras que van de mi mente a los dedos con la finalidad de contar todo esto. Si quieres algo es fácil explicarlo. Y cuando lo has conseguido, más sencillo es todavía describirlo.
Como digo muchas veces en mi trabajo: "Es una sensación muy difícil de explicar, pero muy fácil de vivir".
Como digo muchas veces en mi trabajo: "Es una sensación muy difícil de explicar, pero muy fácil de vivir".
Mientras las alas se abren del todo y compruebo su envergadura, sólo me queda esperar. Esperar y experimentar. Acumular hechos y vivencias que me sirvan cuando definitivamente vuele.


