Silence

No hay más.
Vacío, silencio, soledad. Los mismos que le rompen los huesos y le parten el alma. Viento y sangre. No le queda nada más. Pero da igual. Ha estado viviendo en el silencio y el vacío todos los días de su gris, homogénea y monótona existencia. Si alguna vez se hizo daño fue por ella misma. Si en algún momento lloró lágrimas reales no fue por causa de otros, sino por su propio martirio.
El silencio irá con ella hasta el fin de los días, intangible pero constante. Como un peso invisible del que no se podrá deshacer jamás. Porque por mucho que se acompañe de ruido, de música, de sonidos discordantes producidos por la gente que la rodea cuando van a verla, siempre ha estado sola. No podía engañarse a sí misma. Estuvo, está y estará sola siempre.
Ese silencio era la prueba.
Silencio sepulcral, propio del lugar en el que la habían enterrado hacía apenas una semana.
"adv. neg. U. para negar, principalmente respondiendo a una pregunta"

Esto, tan fácil de leer, de entender y de vocalizar, es algo que cuesta mucho decir. Aunque te estés muriendo de ganas de decirlo, aunque para ti sea una necesidad negar algo a alguien y te vaya la vida en ello, cuesta muchísimo. ¿Por qué?
Supongo que porque tenemos miedo a lo que pueda pensar o decir la otra persona. Nos da miedo, mucho miedo, hacerle daño o a que piense mal de nosotros si nos negamos. Y es probable que eso ocurra, porque no podemos caerle bien a todo el mundo. Es imposible. Pero ¿qué le vamos a hacer? ¿Cómo no vamos a negarnos a hacer algo que no nos gusta sólo para que el otro nos tenga en alta estima?
Pues muchas veces pasa. Decimos "sí" cuando queremos decir "no". "Sí, quiero que sigas haciéndome daño", "sí, quiero seguir engañándote y engañándome porque me das pena", "sí, traiciono mis ideales sólo para que tú no tengas un mal concepto de mí", "sí, estoy de acuerdo contigo en todo de momento porque me conviene". Es un error, pero errar es humano.

A decir "no" se aprende a lo largo de la vida. Yo de momento me he dado cuenta de que para poder negarme me tiene que importar un carajo lo que piense la gente de mí si pongo el pie en la pared. Tengo que defender mis decisiones. Y no ha sido fácil, nada fácil, percatarme de eso. Siempre te saltan con la misma maldita pregunta, y con tono desafiante: "¿Y por qué?".

Éste es otro de los motivos por los que asentimos siempre, acongojados. Porque no queremos responder a esa pregunta. Bien porque no nos apetece dar explicaciones, bien porque sospechamos que para la otra persona el argumento es ridículo. El caso es que nunca decimos "no". 
Bien... es totalmente respetable, pero también hay que ser a veces un poco egoísta; sólo un poquito. Lo justo para estar a gusto con uno mismo y que lo tomen en serio.

El segundo paso para poder decir "no" es tener valor, no sólo las cosas claras. Hace falta valor para abrir la boca y vocalizar alto y claro, por muy decidido que estés. Hace falta valor porque en ese momento te das cuenta de dos cosas: la primera, de que no vas a poder volver atrás; y la segunda, de que esa negativa puede afectar tu vida e incluso puede redefinirte a partir de ese instante.

El tercer y último peldaño es sin duda el más complicado de los tres; más incluso que el primero, con el que comienzas a subir la escalera. Hablo del "¿y cómo se siente el otro después de haberle dicho que no?". Pues mal, ¿cómo se va a sentir? Tú lo sabes, el otro lo sabe; los dos lo sabéis, pero actuáis como si no tuvierais ni idea. Como si fuera un mecanismo de defensa que habéis tejido los dos.
Ya nada será igual, pero ambos os esforzáis para que parezca que no ha pasado nada. "No importa; me ha dicho que no, me ha hecho polvo, pero no pasa nada". Sí pasa, vaya que si pasa.
Pero me remito a lo que siempre digo, y es que "todo pasa y todo llega". Que la herida se cierra, que no te duele pasado el tiempo, pero que las cicatrices te lo recuerdan a cada momento. Las miras sólo con  los ojos de la experiencia porque vuelves a estar bien; ya no hay dolor ni tristeza. Sólo veteranía.
Y como todo, la veteranía es un grado que se adquiere con el tiempo: teniendo las ideas claras, siendo un punto egoísta, sabiendo cuándo y cómo decir "NO".

Para eso no hay que tener prisa. Se aprende despacio y mediante el método "ensayo-error". Aunque hay errores que pueden salirte caros, sí. Sólo es cuestión de fijarse, meditar, decidir bien y tener valor.


Aunque vengan días grises, se volverán claros porque has actuado según tu criterio.

Lo demás da igual.

Sensaciones

Nunca aprendes a controlarlas del todo. Nunca. Pero sí aprendes en parte a ocultarlas. A veces es imposible y tu cara, tus gestos, te traicionan, por simples que sean. Un mohín con los labios, un parpadeo, el balanceo de las piernas.
Con la experiencia y el tiempo aprendes a permanecer impasible. Los labios apenas se curvan, parpadeas lo estrictamente necesario, tu peso no oscila. Sólo estás ahí, escuchando y asintiendo con la cabeza.
O haciendo como que escuchas porque por dentro eres un tornado de sentimientos. Buenos o malos. El corazón late más rápido, empiezas a notar cosquilleos en el vientre, emanas calor desde las mejillas, se te seca la boca. Y si te delatas la otra persona se da cuenta, dando lugar a veces a un momento incómodo. Luego te despides, te alejas, y exteriorizas todo lo asimilado.
En esta ocasión sólo me refiero a las buenas noticias. Ésas que hacen que sonrías por dentro, que el corazón se te acelere hasta límites insospechados, que te tienen contenta durante días. Ésas son las que últimamente me dominan y por las que siempre estoy acorde con lo que me rodea. Como debe ser.

Dentro de esas "buenas noticias", nunca, nunca jamás, está la categoría "sufrimiento ajeno". En años pasados sí; ahora he descubierto dos cosas: la primera, que el regodearte de las desgracias ajenas, por muy en privado que lo hagas, puede revolverse y atacarte cuando menos se espera. La segunda, que aunque no pasara nada por reírte del sufrimiento de otros, no merece la pena. Y además denota que eres una persona despreciable.

Pero volviendo a las buenas noticias y a las sensaciones: deben serlo para ti y para el otro. Para los dos. No cuesta nada y las alegrías compartidas siempre son el doble de buenas.

En mi caso, toda la práctica que perdí a la hora de esconder mis emociones ha sido recuperada rápida y ventajosamente. Antes lloraba, reía o gesticulaba sin preocuparme de lo que pensase la gente. Ahora soy capaz de controlarme la mayoría de las veces, para bien o para mal. No siempre, pero muchas veces consigo disimular tanto mi enorme alegría si no conviene exteriorizarla en ese momento, como la mayor decepción o rabia que haya sentido jamás. Y eso que siempre, siempre he sido un libro abierto para todo. He logrado moderarme al fin.
En ello estoy, en un continuo aprendizaje de exhibición y ocultamiento de todo lo que pasa por mi cabeza.

"Nunca dejes que los demás sepan lo que estás pensando realmente"

Cold

El frío queda bajo llave, en el cajón más oculto de la cómoda junto con el miedo. He sellado la cerradura y lanzado las llaves al mar, donde nadie las pueda encontrar. No queda nada. No queda nadie.

Creo que incluso voy a tirar la cómoda al completo. 
Odio el frío.

H

Si algo he aprendido en estos meses es que mi felicidad no puede depender de nadie que no sea yo. Como necesite a alguien para ser feliz, mal voy. Ahora sólo me limito a estar bien por y conmigo misma. Todo lo que hago es por mí. Y si lo hago, es con el pleno convencimiento de que me va a venir bien.
Quizás todo el mundo funciona así tarde o temprano, en cuanto se dan cuenta del error que supone depositar su bienestar en alguien.
¿Y cómo se aprende eso? Fácil: dándote el batacazo. Por mucho que te lo expliquen, hasta que no te pasa no lo comprendes. Lógico y normal por otra parte.
Desde que entendí esta norma esencial me va mucho mejor en todo. De golpe y porrazo algo en mi cabeza hizo "clic" y lo vi todo mucho más claro. Dejé de preocuparme por chorradas, dejé de darle vueltas a cosas con (un posible y remotísimo) doble sentido, dejé incluso de escuchar canciones deprimentes. Ahora todo eso ha sido sustituido por un "si esto es una tontería, ¿qué más da?", y por infinidad de canciones que me levantan el ánimo, por muy alto que se encontrara en ese instante.
Por más que busco no encuentro motivos para llorar por nada. Me veo más relajada, e incluso más contenta, desde que he visto que me las basto yo sola para estar bien. No necesito nada más que a gente que me aprecie tal cual, y tengo personas que me lo han demostrado de sobra con palabras y hechos muchas veces. Por lo demás todo me va bien, muy bien.
No aspiro a más.
Sueños que se cumplen. Que se hacen realidad. 
Ésos son los mejores sueños que pueden existir. 
Los que anhelas desde que tienes uso de razón, los que rozas con la punta de los dedos. Los que, cada vez que piensas en ellos, logran provocarte un escalofrío de placer.
Yo acabo de finalizar uno de mis dos grandes sueños; por lo menos su primera parte. Me queda la segunda, la más difícil, pero la más satisfactoria. Cuando finalice esa segunda parte, seré más feliz que actualmente, que ya es difícil. Habré conseguido una de mis metas en la vida.

No veo el momento de retomar ese sueño, siendo como soy una soñadora total y absoluta. Sueño no sólo al echarme en la cama, sino también despierta, continuamente, a todas horas. Lo único que me impide conseguir ese sueño no es mi falta de ganas, sino la sobra de tiempo. Si pudiera, lo llevaba a cabo ya.
Mientras no llega, sueño con otras cosas. Hago tiempo. Como he hecho siempre.

Gente

Siempre está bien conocer gente nueva... "Hay que tener amigos hasta en el infierno", dicen. No sé si será cierto o útil, pero he de reconocer que a mí me encanta.
Y gusta todavía más si son personas afines a ti.
A lo largo de la vida puedes encontrar cualquier cosa. Gente con la que compartes mil experiencias, deseos o sueños; gente totalmente opuesta a ti y con la que sin embargo te llevas bien; gente a la que no soportas; gente con la que varía tu concepción de su ser a lo largo del tiempo, gente de la que hay ciertas cosas que no te esperabas... hay de todo.
De toda esa gente que desfila por tu vida y alrededores te llevas un recuerdo. Bueno o malo, pero te lo llevas.
En mi particular hilera de gente ha habido más sorpresas buenas que malas. De hecho, ahora que mi vida se ha centrado de nuevo y hago balance, creo que personas verdaderamente retorcidas, de las que van a hacer daño a posta, no he conocido a ninguna.
Otra cosa son las que han hecho daño, pero no intencionadamente. No pasa nada, aquí de todo se aprende. Tengo toda la vida para hacerlo. Para saber a quién acercarme y a quién no. Para notar a la legua quién quiere hacerme daño y quién no. Para saber con quién estar y con quién no.

Seguramente haya personas que no estén de acuerdo conmigo, pero me es indiferente. Se trata de mi vida, de mis opiniones y de mis valores, y he comprendido que no los debo cambiar porque no se atengan a las convenciones sociales.

Que siga desfilando gente por mi vida, pero que a la vez se queden siempre los que merecen la pena. Que sigan aumentando y conservándose mis recuerdos y mis relaciones, que será buena señal. Que siga valorando a quién debo mandar al carajo y a quién le permito quedarse conmigo.
Será signo de que observo, razono y valoro. De que sigo funcionando según mi criterio. De que sigo viviendo y no estoy muerta en vida.