Salvación.

Son incontables las veces que la música me ha salvado del abismo y me ha ayudado a purgarme sin necesidad de hablar con nadie. 


"I'll go it alone, that's how it must be, I can't be right for somebody else if I'm not right for me."




"And this old world is a new world and a bold world for me"






Defectos

Hay cosas que no me dejan vivir, que no me dejan estar tranquila porque no sé si hice lo correcto o no. Y a eso se le suma esa sensación tan horrible que tengo a veces de que hago las cosas con buena intención pero no sientan bien; en definitiva, la sensación de que me he equivocado pese a que actué de buena fe. ¿Debí callarme? ¿Debí decirlo?
Es entonces cuando me enfado conmigo misma y sale a relucir lo que voy a explicar ahora.

Al hilo de esto va que tres de mis mayores defectos son mi impulsividad, mi mal genio y mi orgullo. Soy consciente de que ninguna de las tres cosas me beneficia, pese a que he intentado evitarlas por todos los medios.
Tampoco sé si es bueno del todo o no que tanto mis arrebatos como mi carácter son fugaces. Una vez que el daño está hecho me doy cuenta al instante. La alarma que tiene el resto del mundo y que les avisa de que van a meter la pata hasta el fondo yo no la tengo. O no me funciona, una de dos. Sí, está muy bien darse cuenta, pero no está bien tampoco cuando le haces daño a otra persona. Por mucho que le pidas perdón, el mal ya está hecho.
Y qué decir, de mi orgullo, que ya es legendario. Otra cosa que tampoco está bien, claramente. A veces hago daño y por ese mismo orgullo estúpido me niego a disculparme de primeras. Estoy en ello, intentando por todos los medios eliminarlo.
Estas tres cosas son como un dardo que apunta en la diana. El problema es que la diana no siempre es la correcta. Y cuando el dardo se clava en uno de esos blancos incorrectos el sentimiento de culpa es horrible. Tremendamente horrible. Puede estar rondándome durante días enteros, quitarme el sueño y hacerme sentir como una verdadera basura.

La gente siempre te dice que no saques a relucir tus defectos. Pues oye, digo yo que nadie es perfecto, que todo el mundo tiene alguna pega como mínimo. No es vergonzoso ni humillante que se vean tus fallos.
Forman parte de ti, son parte de tu naturaleza y de hecho está genial saber cuáles son, para poder hacer algo.

Trabajaremos en ello.
"Otra vez el crujido.
Siempre a la misma hora, como si hubiese un mecanismo automático y perfecto. Cada vez que se oye consigue despertarme, sin importar lo extremadamente cansada que puedo llegar a estar algunas noches.
Antes no se oía... quizás es que simplemente el mueble del recibidor es viejo, se está asentando o tiene carcoma. Porque eso sí, tengo muy claro que es ese mueble y no otro. Llevo mucho tiempo viviendo aquí, y conozco el sonido de cada madera que hay en la casa, sea de un armario, del suelo o de la pata de una mesa.
Quiero pensar que no se debe a nada extraño. Alguna explicación lógica tendrá, digo yo. Pero realmente podría haber algo más. Algo ancestral, místico. ¿Por qué se oye siempre a la misma hora, si no? ¿Por qué sólo de noche?

Mi amigo Samuel me diría muy serio que el espíritu de alguien fallecido había poseído el mueble. Me preguntaría si es de algún familiar mío y si tiene una historia muy larga de desgracias y ese tipo de cosas. Acto seguido yo le preguntaría si se estaba quedando conmigo; él me replicaría: "¿Acaso tengo cara de estar bromeando?". Y ahí quedaría la cosa.
No me considero escéptica, la verdad. No obstante también me parece que no soy la persona idónea para atraer a entes que antes estuvieron vivos. Lo más probable es que se le aparecieran a Samuel, que ya contó que tuvo "una experiencia" en casa de su abuela cuando era un crío. Por supuesto, ninguno del grupo de amigos le creemos, pero él insiste vehementemente en que vio al hermano de su bisabuelo a los pies de la cama y que al encender la luz ya no estaba allí.
 Otra parte de mí rescata la creencia popular de que "los fantasmas se aparecen a gente que no cree en ellos". Yo creo, aunque no mucho, así que tengo alguna que otra papeleta para ver alguno. Pero sinceramente, no creo que me hiciera ninguna gracia. Eso mejor para Samuel, o para Melinda Gordon. No tengo especial interés en ver una forma blanca y poco definida salida de Dios sabe dónde. No es para mí.

El problema era que el crujido me ponía histérica porque vivía sola en aquella casa tan grande. Y no estaba dispuesta a que un fantasma viviera conmigo de gorra. No señor.
Así que me incliné por la solución más drástica: tirar el mueble. Además de viejo, era feo, y vaya... era mi casa, podía hacer con ella y con lo que había dentro lo que yo quisiera. Nada más tomar esa decisión lo partí y lo fui llevando al contenedor en veces.
Al acabar me sacudí las manos muy satisfecha, me duché, cené y me puse a ver la televisión hasta que empecé a tener sueño.
Por primera vez en mucho tiempo me fui a la cama muy segura de mí misma.

Por fin podría dormir del tirón sin que me despertara el dichoso crujido... o eso pensaba yo hasta que al despertarme de madrugada sin motivo vi a la señora sentada a los pies de mi cama, mirándome fijamente sin un solo parpadeo y con una siniestra sonrisa."


Ahogo.

"Y dame un poco de sed, ¡ay!
que me estoy muriendo de agua."