"Otra
vez el crujido.
Siempre a la misma hora, como si
hubiese un mecanismo automático y perfecto. Cada vez que se oye consigue
despertarme, sin importar lo extremadamente cansada que puedo llegar a estar
algunas noches.
Antes no se oía... quizás es que
simplemente el mueble del recibidor es viejo, se está asentando o tiene
carcoma. Porque eso sí, tengo muy claro que es ese mueble y no otro. Llevo
mucho tiempo viviendo aquí, y conozco el sonido de cada madera que hay en la casa,
sea de un armario, del suelo o de la pata de una mesa.
Quiero pensar que no se debe a
nada extraño. Alguna explicación lógica tendrá, digo yo. Pero realmente podría haber algo más. Algo ancestral,
místico. ¿Por qué se oye siempre a la misma hora, si no? ¿Por qué sólo de
noche?
Mi amigo Samuel me diría muy
serio que el espíritu de alguien fallecido había poseído el mueble. Me
preguntaría si es de algún familiar mío y si tiene una historia muy larga de
desgracias y ese tipo de cosas. Acto seguido yo le preguntaría si se estaba
quedando conmigo; él me replicaría: "¿Acaso tengo cara de estar
bromeando?". Y ahí quedaría la cosa.
No me considero escéptica, la
verdad. No obstante también me parece que no soy la persona idónea para atraer
a entes que antes estuvieron vivos. Lo más probable es que se le aparecieran a
Samuel, que ya contó que tuvo "una experiencia" en casa de su abuela
cuando era un crío. Por supuesto, ninguno del grupo de amigos le creemos, pero
él insiste vehementemente en que vio al hermano de su bisabuelo a los pies de
la cama y que al encender la luz ya no estaba allí.
Otra parte de mí rescata la
creencia popular de que "los
fantasmas se aparecen a gente que no cree en ellos". Yo creo, aunque no
mucho, así que tengo alguna que otra papeleta para ver alguno. Pero
sinceramente, no creo que me hiciera ninguna gracia. Eso mejor para Samuel, o
para Melinda Gordon. No tengo especial interés en ver una forma blanca y poco
definida salida de Dios sabe dónde. No es para mí.
El problema era que el crujido
me ponía histérica porque vivía sola en aquella casa tan grande. Y no estaba dispuesta a que un fantasma viviera conmigo de gorra. No señor.
Así que me incliné por la solución más drástica: tirar el mueble. Además de viejo, era feo, y vaya... era mi casa, podía hacer con ella y con lo que había dentro lo que yo quisiera. Nada más tomar esa decisión lo partí y lo fui llevando al contenedor en veces.
Al acabar me sacudí las manos muy satisfecha, me duché, cené y me puse a ver la televisión hasta que empecé a tener sueño.
Por primera vez en mucho tiempo me fui a la cama muy segura de mí misma.
Por fin podría dormir del tirón sin que me despertara el dichoso crujido... o eso pensaba yo hasta que al despertarme de madrugada sin motivo vi a la señora sentada a los pies de mi cama, mirándome fijamente sin un solo parpadeo y con una siniestra sonrisa."
Feliz #DíaDeLasEscritoras :)


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