Cuánto podré odiar las noches de lluvia cuando estoy triste.
Sí, esta noche está lloviendo y yo estoy triste, mucho. No sé exactamente por qué, supongo que un poco por todo. No tengo a nadie ahora mismo con quien hablar, mi casa está oscura y silenciosa, las redes sociales desiertas y como única compañía sólo tengo el sonido de la lluvia en mi patio.
Eso y un teclado para poder escribir.

Hoy es de esas noches en las que una se siente jodidamente sola, quiera o no quiera. Sola con sus demonios, con sus malos recuerdos, y con viejos terrores que la miran sonriendo con malicia desde el umbral de la puerta del cuarto y que han aparecido repentinamente de la nada.

"Hace tiempo que no venimos a verte... qué mejor momento que esta noche de lluvia en la que estás sola, triste y te sientes mal".
Y lo peor no es que ahora me miren; es que luego, al acostarme, se me sienten sobre el pecho, a los pies de la cama y que se enganchen al cabecero con intención de no dejarme dormir. Lo harán, pero yo intentaré que no sea así.

Y mientras tanto, la lluvia arrecia y esos antiguos amigos me van cercando hasta meterse en mi cabeza y no dejarme pensar en otra cosa que no sea en ellos.

Mañana será otro día, espero que de sol y sin la presencia de inseguridades, miedos y lágrimas.
Mañana espero que vaya todo a mejor.

I

Yo soy la dueña y señora de mi propia vida. Exacta y certeramente yo, con todo lo que conlleva eso: lo bueno y lo malo, las libertades y los riesgos, los pros y los contras.

Yo decido mi destino, yo rijo mi existencia.