Casi la una de la mañana y aquí estoy, escribiendo y con Eluveitie a todo trapo.
Mente en blanco.
Dedos sobre las teclas.
No pensar, no sentir.
Sólo escuchar y escribir.
Es como un déjà (vu) vécu, porque esto ya lo hacía antes. Lo dejé aparcado por diversas circunstancias unos meses, pero he vuelto a hacerlo otra vez. Lo echaba en falta, porque una de las cosas básicas en mi vida es ésta: escribir con música de fondo.
Dejo volar mi imaginación y mis dedos deslizarse sobre el teclado. Todo vale.
Todo está en su sitio, vuelvo a otros tiempos.
Escribir me desahoga, aunque sean estupideces como éstas.
Buenas noches, mundo.


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