Hace poco más de cinco años me fui de viaje de estudios con el instituto.
Aunque al principio no tenía muy claro si ir o no, mis padres me dieron el empujón definitivo cuando los profesores explicaron los lugares que íbamos a visitar.
"Ni se te ocurra quedarte aquí", me dijeron. "Ya verás cómo te quedas con ganas de volver y el viaje se te hace corto".
El destino elegido fue Italia, de norte a sur, una semana. Las ciudades que visitamos fueron Padua, Venecia, Florencia, San Giminiano (un pueblecito medieval), Siena... y Roma.
Si cada ciudad me gustaba más que la anterior, Roma superó todas mis expectativas, que no eran pocas. Me habían hablado muy bien de ella, mis padres los primeros, dado que estuvieron varios días visitándola hace años. Y no sólo ellos, también amigos y familiares que habían estado hacía más o menos tiempo.
| Piazza di Trevi, una de las más engañosas de Roma. Parece enorme, pero es muy pequeña |
No seré la primera ni la última persona del mundo que ADMIRA con mayúsculas esta ciudad; ni siquiera la primera o la última que lo escribe en un blog. Pero no por ello voy a privarme de hacerlo. De hecho recuerdo el viaje como si lo hubiera hecho ayer.
De vuelta a España me prometí a mí misma regresar a Italia. Me he marcado como objetivo principal visitar Sicilia y volver a Roma... quién sabe si durante un tiempo y no sólo estar de paso. Es más, medio en broma medio en serio he barajado la idea de vivir frente al Vaticano.
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| Plaza de San Pedro (Ciudad del Vaticano). En una palabra: sobrecogedora |
El primer paso ya lo he dado: he empezado a ahorrar para costearme el viaje. El segundo paso, también: voy a hacer mis primeros pinitos aprendiendo italiano el mes que viene.
Italia, tarde o temprano volveré. Roma, tarde o temprano me quedaré contigo.




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