A partir de ahora sus madrugadas son de luna llena y calidez aunque el cielo sea oscuro y no brillen las estrellas.
Se tiene a sí misma y a sus cicatrices. Toda ella es un cúmulo de lo que ha vivido.
Es quien es por sus recuerdos, sus relaciones, sus emociones, sus experiencias y sus actos.
Ahora sabe que es fuerte; las marcas en su alma, su corazón y su piel lo atestiguan. No le importa lo que pueda venir porque ha salido de cosas peores.
Ya no está triste ni por nada ni por nadie. Hace mucho tiempo que no llora porque le hayan hecho daño. Ahora sólo llora cuando cree que no puede ser más feliz. Encara la vida de una manera diferente y se siente libre y viva.
Los malos recuerdos están encerrados bajo llave en un rincón oscuro y olvidado de su memoria y no los piensa sacar de nuevo.
Le queda toda la vida por delante y quiere exprimirla al máximo. Quiere ser libre a cualquier precio.
Todos sus días luce el sol y hace calor, todas sus noches huelen a jazmín y hay luna y estrellas que brillan como nunca antes, con un sentido nuevo.
Se asoma a la ventana de madrugada y sonríe, sonríe porque todo le da igual.
De fondo suena esa canción que la ha ayudado a ser fuerte y simboliza su resurgir de entre las cenizas.
Mañana, a pesar de ser igual a hoy, también será distinto. Distinto a su vida pasada en la que todo era uniforme y gris.
Y cada jornada su ilusión y sus ansias de libertad aumentan.



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