Todos tenemos un lado oscuro. Un secreto que no sabe nadie, que nunca saldrá a la luz. No porque sea algo horrible o inconfesable, sino por el mero hecho de guardarte algo para ti mismo. Para la parte más personal de tu vida, para darle vueltas sin que nadie te dé consejos cuando no los has pedido.
No tengo por qué revelarle a nadie toda mi vida si no quiero. Sean mis secretos de la índole que sean. Y si insisten en saber, se recurre al refranero popular: "Al que quiere saber, mentiras con él".
¿Que si tengo algo que contarte? Que yo quiera que sepas, no.
Todos mis secretos son confesables. Otra cosa es que quiera hacerlo. Y estoy en mi derecho de contarlos o callármelos.
La confianza para los secretos y para su misterio también es importante. Muchísimo.
Confianza ciega tengo en tres personas porque me han demostrado que puedo tenerla. Por ellas soy capaz de tirarme al vacío si me aseguran que no me va a doler. Ellas saben cosas que el resto de gente no... y a pesar de eso yo guardo mi parcela secreta, la cual no conocen. Pero lo entienden y aceptan sin reparos. Y yo hago lo mismo con ellas. En eso se basa la confianza; en callarte lo que consideres oportuno y que no se molesten por ello.
Así que resumiré en que yo tengo mi propia cara oculta de la Luna, que nadie ha visto y que nunca verá. Al que le guste, bien. Al que no, también.
"Tu secreto es tu sangre: si lo dejas escapar, morirás"


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