"Cada vez que sonríes, ganas una batalla"
La recuerdo y la llevo a la práctica constantemente. Y me he dado cuenta de que si uno ambas ideas en una y las aplico simultáneamente me encuentro mejor. Me siento dueña de mí, y tengo la sensación de que puedo vencer cualquier cosa, sea cual sea.
Así que conforme voy caminando escojo mi propia senda; afronto los resaltos, badenes y curvas peligrosas con buen humor, que es lo que falta muchas veces. No faltarán detractores de esta idea, porque de todo hay en el mundo. Pero es cosa suya y no mía. No le he dicho nunca a nadie cómo debe organizarse la vida; tampoco soy quién para hacerlo.
Cada uno que decida y sonría al mismo tiempo si así lo quiere. Al fin y al cabo, todos llegaremos al final del camino tarde o temprano, y es ahí donde descubriremos quién lo ha recorrido de una manera o de otra. Todas son igual de válidas, y ninguna es reprochable porque quien más, quien menos, habrá errado en alguna ocasión y no debe dar lecciones de vida ejemplar. Hay que ser humilde y admitir las equivocaciones propias.
Así que a llevar estas dos máximas a la práctica como mejor se sepa y se pueda, que en todo caso estará bien. Sólo es cuestión de encontrarse bien con uno mismo.


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