Otro de mis tantos sueños. Y éste es (al menos en teoría), asequible y posible.
Quiero recorrer de punta a punta la legendaria Route 66 a lomos de una Harley-Davidson.
Todo el que me conoce sabe que adoro las Harleys... y sabe también que una de las cosas que quiero hacer en esta vida es ésa.
Quiero recorrer el camino que tantos otros han hecho antes que yo con la misma clase de moto. Quiero parar y bajarme a comer en bares de carretera. Quiero avanzar cuando me lo pida el cuerpo, sea de día o sea de noche. Quiero compartir esa gran experiencia con una persona en concreto -la cual ya me ha dicho que se viene conmigo encantada y sin dudarlo-, y estoy segura de que para las dos será inolvidable; será el viaje de nuestras vidas, vaya que sí. Quiero poder contarle a mis nietos que su abuela un buen día cogió sus Ray-Ban de aviador, carretera y manta, se montó en la vieja Harley que hay en el garaje y en la que tantas veces los ha subido y recorrió América desde Illinois hasta California.
Quiero, en definitiva, que sea algo que marque mi vida y suponga un antes y un después.
Esa carretera es más que eso. Está hecha no sólo de asfalto, sino también de ambiciones, sueños, promesas, encuentros con uno mismo, sentimientos y confesiones. Todo eso está ahí gracias a la gente que la ha recorrido antes que yo.
Como horizonte, kilómetros y kilómteros de carretera. Como fondo, el cielo azul, el sol, la luna y el calor.
Lo haré. Algún día, lo haré.
Y tú vendrás conmigo.


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