Ya he expiado mis culpas, ya no pido perdón sin motivo. Ya no me paralizo ante un desastre.
Mis demonios han desaparecido, respiro tranquila. Fue duro, fue difícil, fue largo. Pero ha merecido la pena.
Voy a mi bola y el resto no me importa. Que mis planes quizás sean los más aburridos del mundo, pero a mí me entretienen y tampoco necesito grandes opulencias para ser feliz. Antes de este exorcismo era justo al revés: no sabía apreciar las pequeñas cosas y sufría mucho por lo que los demás dijeran o pensaran de mí.
Esta purga me ha dejado vacía en ese sentido. Me he desligado de toda la mierda que arrastraba, de todas las lágrimas, las frustraciones y los miedos que tenía con relación al resto de la gente. Me he vaciado de las apariencias, que eran mi más pesada carga. De ella derivaban todas las demás y no me dejaban ser yo misma.
"Tienes que ser así, asá, de esta manera y de esta otra. Debes hacer esto, aquello y lo de más allá porque es lo acordado según las normas sociales. Si no, no vas bien."
No sé realmente cuándo empezó mi exorcismo particular, pero tampoco cuándo acepté (o me echaron a la espalda), llevar la cruz de la que me he deshecho. Lo que sí es cierto y verdad es que, a pesar de que me ha costado tiempo librarme de todo lo que me impedía crecer y avanzar, estoy mejor. Mucho mejor.
Los diablos me han estado azuzando meses y meses; durante años y años; lustros enteros. Pero saqué fuerzas de donde nunca creí que tuviera y a pleno pulmón les insté a marcharse. A la primera no se fueron, ni tampoco a la segunda. Hicieron falta unos cuantos intentos más, en los cuales pensé que no se iban a ir jamás. Y paulatinamente, poco a poco y en rigurosa fila india se fueron alejando de mi cuerpo y mi mente. Me llevó tiempo, mucho tiempo, y mucha inseguridad. Muchos ratos devanándome los sesos pensando si realmente eran demonios, la voz de mi conciencia o retales lóbregos de ambos.
Pero a pesar de que esas bestias me susurrasen al oído, se riesen de mí y me torturasen, me sintiera perdida, sola y pequeña, un día me encontré y (re)conocí gente que me hizo grande. Enorme.
Entre ellos y yo he logrado por fin entonar a voz en grito el vade retro.
Se fueron, y ojalá que no vuelvan nunca más.
Y si vuelven, aquí los espero, con nuevas y mejores armas. Con todo un ejército que me ayudará a no dejarles traspasar las puertas de mis sentidos, mi cuerpo y mi razón.
Y si vuelven, aquí los espero, con nuevas y mejores armas. Con todo un ejército que me ayudará a no dejarles traspasar las puertas de mis sentidos, mi cuerpo y mi razón.


Lys dijo...
3 de enero de 2013 a las 11:52
Tienes que hacer lo que quieras en cada momento, sin miedo a arrepentirte después y sin miedo a cambiar de idea. Porque cuando cambies de idea y hagas otra cosa, lo harás porque te has convencido de que es lo mejor para ti en un determinado momento. Y todo eso será lo que te construya, para bien o para mal, pero siempre tú misma.
Con el tiempo te irá importando cada vez menos ser distinta. O a lo mejor decides ser como los demás, y estará bien, porque lo habrás elegido tú. Lo que importa es que, hagas lo que hagas, sea lo mejor para ti y no para otra persona. Con esto no te estoy diciendo que seas egoísta, sino que no te dejes condicionar. Aprenderás que cuando le haces un favor a alguien todos los días, el día que dejas de hacérselo la mala eres tú. Por eso, da de ti a los demás, quiérelos, ayúdalos, escúchalos y valora sus opiniones, pero nunca te olvides de ti misma nunca. Jamás te respetarán si lo haces.
Ulalume dijo...
3 de enero de 2013 a las 14:01
Lo de ser yo la mala después de estar haciendo favores ya lo he vivido en propia piel. Y me he prometido a mí misma que no me va a pasar más si puedo evitarlo.
Sé que no se trata de egoísmo, sino de aunar ambas ópticas -la de la otra persona y la mía-, y buscar un equilibrio para que ninguno de los dos (o los tres, o los cien, o los dos mil), salga perdiendo.
Realmente ya sabes cómo estoy encarando las cosas y no me está yendo mal :)
Lys dijo...
3 de enero de 2013 a las 19:18
Lo jodido muchas veces es aunar ópticas, hija mía. En caso de que no sea posible, yo te aconsejo que intentes mirar por tu culo, porque nadie más lo hará. Por lo demás, toda la razón del mundo. Un besazo.