Coral se detuvo frente a él.
-¿En qué piensas?- le preguntó a ella, mientras miraba fijamente un punto en la lejanía.
-No sé... en todo y en nada. En que me gusta la vida que llevo, seguramente; estás tú en ella- y sonrió.
Le devolvió la sonrisa y le alborotó el pelo.
-Coral- le dijo-, ¿sabes lo que eres para mí?
Ella le miró entre divertida, extrañada e inquisitiva.
-Eres como el veneno.
-¿Como el veneno?- contestó ella recelosa y con un matiz de enfado.
-Sí.
-¿Por qué?
-Algunas veces el veneno es necesario para alguien que desea morir; pero en ciertos casos, cuando ese alguien está a punto de probarlo y es consciente de su poder, recobra de nuevo las ganas de seguir viviendo. Tú me has hecho querer volver a vivir cuando ya no le veía sentido a hacerlo.
En aquel momento, todo el malestar de Coral desapareció. Nunca lo había visto de ese punto de vista, y le dio un gran abrazo.
-Gracias por ser mi veneno, por ser el veneno que necesitaba- le dijo él al oído.
-Gracias a ti por permitirme serlo - le contestó la chica besándole.


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