Esta noche toca utilizar las sábanas y las mantas para esconderte debajo y desaparecer. Hacerte una bolita diminuta y que nadie te vea, nadie te encuentre. Porque cuando te metes ahí dentro tras un día horrible sientes que es lo único que te mereces.
Te pones música y te aíslas, vas a otro mundo. Desconectas de este, que bastantes quebraderos de cabeza te ha dado hoy ya.
Las sábanas son tu refugio desde que te guardas para ti algunas inquietudes que has ido acumulando con el pasar de la mañana y la tarde.
Sólo quieres necesitas que se acabe la jornada y confías en que mañana será mejor. Pero la verdad es que no lo sabes. Nadie lo sabe. A lo mejor es un día genial, a lo mejor es igual que hoy, o es peor... o quizás no llegues a mañana porque te da un infarto mientras duermes.
Pero sea como sea, tu cuerpo te pide a gritos evadirte y olvidar que -aunque a veces te creas perfecta y en posesión de la verdad absoluta-, no eres infalible. Tienes tus errores y tus defectos, como todos. Sin embargo bajo las sábanas y con la seguridad que te dan esos acordes que nunca te cansas de escuchar, tienes derecho a sentirte bien. Y empieza a obrarse el cambio, a difuminarse tu percepción de la situación; ya no se parece tanto a ese sentimiento de infravaloración que tenías al meterte en la cama y arroparte.
Mañana será otro día, y dejarás el refugio una vez más aunque con la certeza de que cuando vuelvas por la noche funcionará como un oasis. Igual que hoy y que todas las noches precedentes.


0 comentarios: