A veces la vida te lleva cuesta abajo y sin frenos. Pero cuando llegas al final y te estampas contra la pared sólo te quedan dos opciones: o quedarte ahí o reponerte.
Cada uno elige, es dueño de su vida.
Ella decidió reponerse pese a que, tras hacerse daño contra el muro muchas veces, volvió a bajar la cuesta. Hubo ocasiones en que llegó incluso al mimísimo infierno. Y desde entonces es otra, le ha cambiado la vida a mejor. Da las gracias por haber tenido esa experiencia, porque la ha ayudado a distinguir lo importante de lo que no lo es, a discernir a la gente interesada genuinamente en ella de la que estaba sólo de paso en su vida. Ha expiado sus culpas, ha espantado a sus demonios y ha visto el fuego arder frente a su cara.
Y aquí está, viva, entera y recuperada de sus heridas, de sus recuerdos.
Hasta de sí misma.


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