Me encanta el verano.
No sólo por ser una estación llena de luz, de calor (mucho calor), de días interminables y noches junto al mar. Para mí es una época de amigos que acaban el curso y que vuelven a casa; de (re)encuentros, vaya. Una etapa del año en la que me siento capaz de cualquier cosa, me siento libre.
Planes, planes y más planes. Sola, acompañada, en grupo. En la ciudad, en la playa o en el pueblo, ¿qué más da? Lo importante es hacerlos.
Esos planes son para mí una manera de vivir, de recordarme que tengo toda la vida por delante. Cada año me pasa eso, y cada año me gusta más sentir de nuevo esa sensación. Me carga, me llena de alegría y de energía encontrarme así.
Y además me gusta porque usualmente no hago gran cosa y eso me da tiempo a pensar. Pero no a pensar en cosas negativas, no me pongo a hacer balance ni nada por el estilo. Esas cosas no suelen ir conmigo, no las hago ni en Año Nuevo.
Me pongo a pensar en lo que me gustaría lograr, en lo que quiero conseguir. Reflexiono sobre metas cotidianas, insulsas -¿Qué libros puedo leer este verano? ¿Qué me apetece más: piscina o cena y cerveza luego?-; y sobre objetivos más grandes (¿Cómo puedo mejorar en mi trabajo? ¿En qué cosas me gustaría profundizar? ¿Qué puedo cambiar para bien? ¿Estoy a gusto conmigo misma?).
Sí.
Me gusta lo que pienso, suponer que puedo superarme a mí misma y comprobar luego que no estaba equivocada. Adoro pensar en cómo estoy encarrilando mi vida, me encanta ver que lo que quiero concuerda con lo que hago. Y por supuesto, me supone una liberación el tener todo el tiempo del mundo para decidir cómo me apetece divertirme, en qué invertir mis horas muertas. Eso es un lujo que en invierno no puedo permitirme.
Si bien este verano seguirá la misma línea que los anteriores -pocos planes impresionantes, pero aun así estupendos bajo mi punto de vista-, estoy encantada.
Es más, estoy deseando que llegue julio para poder ponerme manos a la obra y dedicar cien por cien todas las tardes a lo que quiero, a lo que más me gusta del mundo: libros, música, amigos y horas de reflexión. Muchas horas de meditación, tanto sobre mi situación actual como la futura.
Si todo sigue así de bien, de seguro que el treinta y uno de agosto seguiré a tope, y me durará esta alegría todo lo que queda de año.
"All was well."


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