Actitud general:
Constantes vitales estables. Consciente y orientada en tiempo, espacio y persona. Conductualmente adecuada; discurso espontáneo y coherente.
Colaboradora y abordable. Fácil manejo y buen contacto.
Comparte espacios comunes y deambula, presentando una interacción adecuada con su entorno. Se considera funcional en su sitio de trabajo, definiéndose "curiosa por naturaleza".
Estado de ánimo: eutímico; se muestra sonriente y bromista, aunque con picos de euforia "que son normales en mí, nada de lo que preocuparse". No obstante sabe adaptarse a las situaciones que se le presentan y busca recursos para solucionarlas. Cierta verborrea e impulsividad en momentos puntuales, sin afectación o riesgos ni para ella ni para los demás. Tolerancia a la frustración. Normalmente acepta los límites que se le imponen, aunque reacciona contra algunos que a su juicio no son los correctos: "esto es algo que me perjudica o que obstaculiza mi meta de estar bien, así que me niego a aceptarlo...".
Buen patrón de sueño, refiere que duerme "con la conciencia tranquila". Ingestas adecuadas.
Esto es lo que pondría en un relevo genérico sobre mí. Es la manera técnica de describir cómo soy en mi día a día.
Pero la traducción de todo esto en un lenguaje llano es que normalmente soy una persona tranquila, aunque no pierdo oportunidad de hacer reír a la gente con cualquier cosa: una frase, un chiste, un gesto o una broma. A veces eso lleva a que no me tomen muy en serio. Pero también sé cuándo debo ponerme seria o cuándo estar callada.
Soy muy habladora, y en ocasiones abro la boca y suelto la sentencia lapidaria sin pensar. Creo que en ese sentido debo moderarme, pero ahí queda la cosa. Suelo pararme en el "madre mía, ¿qué burrada he dicho, por Dios?", sin pasar a los hechos. Algo es.
Si hay alguna cosa que no consiga, al principio me ocurre lo que a todo el mundo: que no me sienta bien, me frustro. Luego me repongo y empiezo desde cero, o lo intento otra vez desde donde me quedé. Y por supuesto, si algo no me gusta intento cambiarlo. Esta última actitud ha empezado a tener lugar desde hace pocos años, cuando fui consciente de que tenía voz y voto. La verdad, no está mal haberse dado cuenta ya entrada en la veintena. Lo he aprovechado mejor y con más cabeza que cuando era adolescente, y no tengo la sensación de haberme perdido nada por los límites que me impusieron.
Y por supuesto, duermo por las noches sin ningún problema porque no siento cargas de ningún tipo. No me arrepiento de ninguna decisión tomada, aunque sí de no haberla pensado o valorado mejor en ciertas situaciones que quizás lo hubiesen requerido (ay, mi impulsividad...).
Es mucho más concreto el relevo, ¿verdad? Podéis leer lo que queráis, aunque con el relevo siempre se pierden matices.


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