Sólo me ha hecho falta un viaje de treinta minutos en coche para volver a reflexionar sobre lo que se espera de mí.
No tengo por qué dejarme llevar por los convencionalismos, en absoluto. No tengo por qué negar lo que soy, ni lo que quiero ser. Pero, ahora que lo pienso, tampoco tengo necesidad de ocultarlo. Por más que lo intentase, se seguiría notando qué tipo de hobbies tengo, qué clase de música oigo, mi manera de pensar y lo que siento al ejercer mi profesión. Nada más verme se distingue perfectamente lo que hay bajo mi apariencia.
Este tipo de cosas son características menores, pero no menos importantes. Forman parte de mí, y ahí se van a quedar hasta que lo decida yo.
Mis gustos, mi carácter, mis ideas. Son míos y me diferencian del resto, para bien o para mal. Al que no le guste, ¡qué le voy a hacer yo!
Todo esto ha sido un flash y me ha resultado muy útil el hecho de que haya venido a mi mente. Todo eso estaba enterrado y medio olvidado, y ha resurgido. En un muy buen momento, me atrevería a decir.
Sólo me queda seguir recordándolo: estaría muy bien seguir siendo yo.


0 comentarios: