A veces tener un mal día te hace apreciar las pequeñas cosas. Te hace ver que hay momentos que merecen la pena. Momentos y personas.
Hay días que, aun luciendo el sol, son grises y tristes; no se sabe el por qué, pero son así. Hoy es uno de esos en los que si llegas a saber cómo va a transcurrir no te levantas de la cama. Pero tienes que hacer el esfuerzo porque tras las sábanas hay mucha gente por la que merece la pena salir y aprovechar el día... y que no quiere verte triste; que no soporta verte triste, verte así.
Por suerte, todos tenemos a alguien que nos anima a seguir y nos ayuda a levantarnos si caemos. A veces lo conoces, a veces no, pero siempre está ahí, a tu lado en el camino.
Es por ellos por los que hay que levantarse y sonreír.
Otro aspecto son los momentos... mucha gente se ancla en el pasado porque es feliz así. Lo mejor es recordar el pasado, pero no vivir en él. Es parte de tu vida, sí; pero no debe dominar tu presente ni tu futuro; sólo guiarte. En los días grises sólo puede ser malo recordarlo.
Esos momentos que merecen la pena pueden constituirse justo en ese día, por increíble que resulte: una sonrisa, o una palabra de ánimo.
Olvidar el mal pasado y centrarse en la gente que verdaderamente importa. Sólo así cambiará el mal día. Así... y creyendo en uno mismo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios: